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miércoles, 21 de noviembre de 2018

Reflexión Bíblica para la 26.ª Semana después de Pentecostés (2018)

Esta semana para la Reflexión Bíblica comparto la homilía que escribí en el sitio 《Sermones que iluminan》.

[RCL]: 1 Samuel 1:4-20; 1 Samuel 2:1-10; Hebreos 10:11-14, (15-18),19-25; San Marcos 13:1-8

“Mantengámonos firmes, sin dudar, en la esperanza de la fe que profesamos, porque Dios cumplirá la promesa que nos ha hecho”.

Las lecturas y las oraciones de hoy nos invitan a avivar nuestra esperanza en Dios y a nutrir nuestra fe con el mensaje de las Sagradas Escrituras. En ellas aprendemos de Dios quien siempre cumple su palabra y vela por el bienestar de cada persona que confía en Él.

La epístola que escuchamos hoy es un extracto de la Carta a los Hebreos, que así se llama porque hace muchas referencias a los detalles del Antiguo Testamento y a su sistema de culto con sacerdotes, levitas, ritos de purificación y varias clases de sacrificios....Más aquí .


jueves, 20 de septiembre de 2018

Cuestiones litúrgicas: Confirmación y Primera Comunión (Parte1)

Cuestiones litúrgicas: Confirmación y Primera Comunión, “Introducción”

Hace poco participé en una discusión sobre la primera comunión en un foro electrónico. Aparte de compartir las experiencias pastorales y las costumbres de sus diócesis y congregaciones locales, algunos participantes discutieron si la práctica de ofrecer clases preparatorias y celebrar un acto de primera comunión durante la liturgia es anglicana o no. En esta serie trataré de poner esta discusión en su contexto histórico y teológico.

Muchos clérigos se encuentran con cierto dilema referente al tema de cuándo admirtir los niños a la Santa Comunión. ¿Cuándo y bajo qué circunstancias deben comulgar los pequeños? En la práctica, las respuestas varían muchísimo, pero realmente tres repuestas encapsulan las posibilidades:

  1. Los niños deben comulgar después de recibir una debida preparación catequética y el sacramento de confirmación.
  2. Los niños deben comulgar después de recibir una debida preparación catequética y de ser admitidos a la Comunión por su clérigo local en vista de su futura confirmación.
  3. Los niños deben comulgar desde el día de su bautismo sin relación con el rito de la confirmación.

Cada parte de esta serie explorará una de estas tres respuestas haciendo referencia a las ediciones clásicas del Libro de Oración Común y a los documentos teológicos e históricos de la Iglesia de Inglaterra, la Iglesia Episcopal y la Comunión Anglicana. 

Si no vio la Reflexión Bíblica de la Semana, se encuentra aquí. 

martes, 18 de septiembre de 2018

Reflexión Bíblica para la 17a Semana después de Pentecostés (2018)

La Reflexión Bíblica de la Semana es cortesía Sermones que Iluminan:

RCL: Proverbios 1:20-33; Salmo 19; Santiago 3:1-12; San Marcos 8:27-38
Si nos detenemos para reflexionar sobre las lecturas de este domingo podemos escuchar la respuesta de la sabiduría divina a las circunstancias actuales del mundo y podemos aprender dos lecciones para nuestras vidas.
Frente a situaciones tales como gobiernos que reprimen a sus ciudadanos en nombre de sus pueblos, discursos que nos dividen en lugar de unirnos y la corrupción que va en aumento a pesar de los reclamos constantes por la justicia y los valores, podemos escuchar la voz de Dios preguntándonos y también invitándonos: “¿Hasta cuándo amarán la inexperiencia y hallarán placer en sus burlas y despreciarán el saber?” y “Presten atención a mis correcciones, y yo los colmaré de mi espíritu; les daré a conocer mis pensamientos”.
Ya conocemos el fenómeno que el libro de Proverbios nos plantea hoy. En algún momento hemos conocido la frustración: Buscamos respuestas a nuestras preguntas y soluciones a nuestros problemas, pero no las encontramos. Decimos que queremos una cosa, pero logramos otra. Por ejemplo, decimos que queremos paz, pero entramos en más conflictos innecesarios. Decimos que queremos una sociedad más justa y una vida mejor, pero no queremos esforzarnos para lograr estos deseos. La verdad es que el ser humano parece vivir la insensatez. En el vocabulario de la lectura del Antiguo Testamento, a menudo somos “inexpertos, burlones y necios”... La reflexión continúa aquí.

viernes, 27 de julio de 2018

¿Qué cambia al cambiar las palabras? Una reflexión inicial

¿Qué cambia al cambiar las palabras? Una reflexión inicial.

Nota: La reflexión que sigue es parte de una serie de artículos que estoy ideando sobre el tema de posibles revisiones al Libro de Oración Común. 

Uno de los temas que vemos cada vez más en la Iglesia Episcopal (y otras secciones de la Comunión Anglicana) es la revisión y composición de sus textos litúrgicos y teológicos, algo que afecta a cada comunidad de la iglesia, incluyendo a las de habla hispana.

Vocabolario degli accademici della Crusca, 1612
Foto cortesía de Sailko
Como suele pasar con tantas cosas en la vida, el tema de las traducciones de textos para el uso de la iglesia rápidamente se vuelve complicado. Algunas propuestas no afectarían los textos en español en lo más mínimo, mientras algunas de manera sutil cambiarían la enseñanza bíblica.   La iniciativa de revisar El Libro de Oración Común y de producir textos alternativos puede servir de ejemplo:

Los que abogan por cambios profundos en los textos litúrgicos desean sustituir el vocabulario tradicional por un lenguaje “más expansivo e inclusivo,” pero toda la discusión se maneja en inglés. Insisten en que kingdom les suena demasiado masculino y en que debemos usar reign. (El equivalente en español sería usar “dominio” o quizá “reinado” en lugar de “reino”.) Realmente es un cambio sin sentido, pues son dos palabras que expresan lo que hace un rey, solo que la primera viene de una antigua raíz anglosajona y la segunda viene del latín. Mucho de lo que se plantea en los debates carece de correspondencia en el español.

No obstante, sí, hay planteamientos que afectarían los textos litúrgicos en español. Algunas personas proponen que los textos nuevos (o revisados) excluyan ciertos vocablos como Padre, Señor, Hijo, Rey y las palabras relacionadas como paternal, señorío, filial, reino, poderío y el uso del pronombre “él” para hablar de Dios. El argumento para esto es que el lenguaje masculino para referirse a Dios es ofensivo para muchas personas que han sufrido algún daño a manos de los hombres. Es un argumento que se entiende y que se respeta. No queremos ofender a nadie sin necesidad.

El problema con emascular nuestro lenguaje así es que el vocabulario tradicional es el lenguaje de la Biblia, de la Palabra de Dios escrita, y las palabras más criticadas son las que recibimos directamente de Jesucristo. Éstas forman una parte esencial de su mensaje. La paternidad de Dios fue igual de chocante en aquel entonces como lo es hoy. Que Dios es el Rey y Señor eterno, encima de todos los demás poderes del universo fue una declaración tan desconcertante y desafiante en aquel entonces como lo es hoy. Al eliminar o modificar estos conceptos para hacerlos más aceptables a nuestros oídos, corremos el riesgo de neutralizar el mensaje de aquel que nos dijo: —El que me ama, hace caso de mi palabra; y mi Padre lo amará, y mi Padre y yo vendremos a vivir con él. El que no me ama, no hace caso de mis palabras. Las palabras que ustedes están escuchando no son mías, sino del Padre, que me ha enviado. (S. Juan 14:23,24)

martes, 24 de julio de 2018

Reflexión Bíblica para la Novena Semana después de Pentecostés


Imagen de la Sagrada Familia
 cortesía de C. Messier
Las lecturas para el Noveno Domingo después de Pentecostés nos llaman a reflexionar sobre una imagen bíblica muy interesante. Esta imagen es la figura del templo escatológico que Dios promete construir por el descendiente (“hijo”) del rey David (2 Samuel 7:13). En la época del ministerio terrenal de Jesús, éste fue un pasaje interpretado como una profecía mesiánica: Dios enviaría el rey verdadero, un descendiente de David, que construiría un templo permanente lleno de la presencia de Dios y que gobernaría para siempre. Para una nación abatida durante siglos fue un mensaje esperanzador.

Los primeros cristianos no se quedaron atrás con sus expectativas y esperanzas, pues vieron en Jesús al que las cumpliría. Se nota en Juan 2:20-22, por ejemplo, que Jesús desafiaba la existencia del templo de Jerusalén, proponiendo su cuerpo como sustituto, y eso parece ser el sentido del mensaje de San Pablo a los efesios (Efesios 2:22): Dios está construyendo el templo escatológico del cuerpo de Cristo, del cual los creyentes somos miembros. Dios tiene manos a la obra para prepararnos para que seamos las piedras pulidas con que él edificará el lugar de su habitación espiritual permanente. Dios quiere vivir en medio de nosotros, su pueblo redimido, y por medio del Espíritu Santo está trabajando en nuestras vidas para lograr ese propósito.  

Las lecturas para el Noveno Domingo después de Pentecostés son 2 Samuel 7:1-14a; Salmo 89:20-37; Efesios 2:11-22; San Marcos 6:30-34,53-56.

miércoles, 4 de julio de 2018

La Iglesia Episcopal y el Cuatro de Julio

La Sociedad para Misiones Domésticas y Extrajeras de Iglesia Protestante Episcopal de los Estados Unidos de América—nombre oficial de la Iglesia Episcopal— tiene una historia extraña de celebrar (o no) la Independencia de su nación de origen.  


Las iglesias anglicanas de Norteamérica gozaban de oficialidad en las colonias inglesas, siendo la iglesia estatal en casi todas ellas. El gobernador representaba la corona en los asuntos eclesiásticos y supervisaba su administración, incluso de modo más cercano que en la propia Inglaterra porque en las colonias nunca hubo la presencia de obispos.  Los oficiales coloniales tenían que ser anglicanos. El gobierno cobraba impuestos para sostener  el ministerio de la iglesia.  Los curas también servían como jueces y magistrados locales.

El ejemplo de Williamsburg, la capital colonial de Virginia, ilustra la situación muy bien:  En el centro de la ciudad están el templo de la parroquia Bruton, el palacio del gobernador colonial y los primeros edificios de la Universidad de William y Mary—las tres instituciones más importantes de su tiempo, en ese tiempo tres instituciones anglicanas.  Por tanto no sorprende que cuando surgió el movimiento independista casi todo el clero apoyó la causa de la corona y después muchos clérigos huyeron a Canadá.  (La parroquia en que sirvo es de las muy pocas donde el ministro se quedó en funciones durante la Revolución.)

Los que quedaron o fueron revolucionarios antes o se conformaron al cambio de gobierno y la independencia de la iglesia. Muchos líderes laicos, miembros de las juntas parroquiales, habían luchado  a favor de la independencia americana.  De hecho la mayoría de los “Padres Fundadores” de la nación eran episcopales.  Es interesante que la Iglesia Episcopal no incluyera la conmemoración  de la Independencia en su revisión del Libro de Oración Común. No querían meter tantos asuntos politicos en la vida de la iglesia, lo que revela un tono conciliatorio poco común en nuestros días.   Fue hasta el año 1928 que Iglesia Episcopal incluyó la conmemoración del Día de Independencia junta a la del Día de Acción de Gracias en su edición del Libro de Oración Común, hasta entonces reconociendo la importancia religiosa de los días naciones.  


ETERNO Dios, por cuyo eficaz poder ganaron antiguamente nuestros padres sus libertades; Concede, te suplicamos, que nosotros y todo el pueblo de esta tierra podamos hallar gracia para mantener estas libertades en paz y en justicia; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén. (Libro de Oración Común 1928, Día de Independencia)

Adaptado de un post previo en "El Cura de Dos Mundos"

martes, 26 de junio de 2018

Reflexión Bíblica para la Quinta Semana después de Pentecostés (2018)

Cuando el filisteo miró a David, y vio que era joven, de piel sonrosada y bien parecido, no lo tomó en serio. (1 Samuel 17:33)


"David y Goliat" por Miguel Ángel, la Capilla Sixtina
Las apariencias engañan. David era un muchacho cuando peleó con Goliat. Era pequeño y realmente no tenía por qué entrar en la batalla, pues solamente llegó al campamento del ejército para llevar provisiones a sus hermanos. Por la apariencia nadie habrá pensado que era el hombre más valiente de Israel. Cuando por fin convenció al rey a permitirle lidiar con el filisteo, ni siquiera pudo revestirse con la armadura de combate y el enemigo se rio por ver tal pequeñez delante de él. Sin embargo, David ganó la batalla. Venció al filisteo y liberó su pueblo de la opresión de sus enemigos.

¿Cómo David, siendo tan pequeño, pudo ganar la batalla? Ganó porque su pequeñez lo hizo ágil, ganó porque las experiencias difíciles le enseñaron a usar las herramientas que estaban a su alcance, ganó porque su enemigo lo subestimó, pero sobre todo ganó porque confió en el poder supremo de Dios. El Dios en que David confió era, y es, más grande que cualquier problema o gigantón.

David se veía pequeño pero contaba con el poder de Dios. Lo mismo suele pasar con nosotros. Los problemas se ven muy grandes y nos sentimos muy pequeños delante de ellos. Cualquiera diría que estos problemas acabarán con nosotros, pero las apariencias engañan. Si confiamos en el Dios que ayudó a David, si confiamos en el mismo Dios que levantó a Cristo de entre los muertos, podemos vencer los problemas como David venció a Goliat porque Dios es quien pelea por nosotros.

Las lecturas para el Quinto Domingo después de Pentecostés (2018) son 1 Samuel 17:(1a, 4-11, 19-23), 32-49; Salmo 9:9-20; 2 Corintios 6:1-13; San Marcos 4:35-41. 

miércoles, 14 de febrero de 2018

Reflexión Bíblica para el Miércoles de Ceniza

En el Calendario de la Iglesia Episcopal sólo dos días son asignados como días solemnes de ayuno y abstinencia: el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. Son los días en que pedimos que los fieles de la Iglesia se priven se comida y de placeres para dedicarse a la oración y a la disciplina espiritual. Ambos días se acompañan de actos litúrgicos especiales.

Hoy la liturgia penitencial nos ofrece la opción de marcar el rostro con las cenizas que por tradición se hacen de las palmas del Domingo de Ramos. Es un acto simbólico de arrepentimiento y humildad arraigado en el Antiguo Testamento y en las culturas antiquísimas del Medio Oriente (por ejemplo Ester 4:3). La intención que sea la exteriorización de la espiritualidad interior del alma que responde al llamado de la conversión. Se supone que siempre debe estar conectada a una confesión extendida de nuestros pecados. Pero con tanta atención al acto exterior corremos el riesgo de perder el valor del mismo y de convertirlo en algo que nos hace sentir bien y así convencernos que somos buena gente sin la necesidad de la conversión verdadera y del arrepentimiento constante. 

El profeta Isaías también conoció el riesgo de la religiosidad exterior sin la conversión y lo criticó severamente. Dice que el ayuno que el Señor requiere es la conversión de nuestras vidas. Exige que abandonemos nuestra maldad y nuestro pecado, pues nada nos servirá privarnos de comida o imponernos cenizas si rehusamos la privación de las injusticias o rechazamos ayudar al pobre y al hambriento:

El ayuno que yo escogí, ¿no es más bien desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión,  dejar ir libres a los quebrantados y romper todo yugo?
  ¿No es que compartas tu pan con el hambriento, que a los pobres errantes albergues en casa,    que cuando veas al desnudo lo cubras y que no te escondas de tu hermano? (Isaías 58:6,7)


Éste es el mismo mensaje que proclamó nuestro Señor Jesucristo:

¡Arrepiéntanse y crean el evangelio! (S. Marcos 1:15)


Las lecturas para el Miércoles de Cenizas son Joel 2:1-2,12-17 o Isaías 58:1-12; Salmo 103; 2 Corintios 5:20b-6:10; San Mateo 6:1-6, 16-21. 

jueves, 18 de enero de 2018

Semana de Oración por la Unidad Cristiana

Hoy comienza la Semana de Oración por la Unidad Cristiana para el 2018. Siempre inicia con la festividad de la Confesión de San Pedro y termina con la fiesta de la Conversión de San Pablo.  Cristianos en todas partes se dedican a interceder por la Iglesia universal y por sus hermanos en Cristo sin importar sus términos de distinción o denominación. 
Tenemos la obligación de pedirle a Dios para que todos los seguidores de Jesucristo seamos uno porque esto es la voluntad de nuestro Señor como él nos enseña (Juan 17:20-23).  Pero éste es un caso en que creo que no basta orar solamente. Debemos actuar hacia la unidad del  Cuerpo de Cristo. Si queremos la unidad verdadera, debemos despojarnos de actitudes que nos separan de nuestros hermanos en la fe y hemos de considerar cómo nuestras acciones afectan a los demás miembros de la Iglesia Cristiana. Muchas veces proclamamos nuestra libertad en Cristo sin acordarnos que también el autodominio y la abnegación son frutos del Espíritu Santo (Gálatas 5:22-23).  La libertad existe para promover la caridad y la unidad, no para establecer nuevos legalismos y divisiones que son más heridas al Cuerpo del Señor Crucificado. El Espíritu de Dios que nos otorga la libertad es mismo que proveerá la unidad de su Iglesia (Efesios 4:1-6). 
Juntos vivamos la unidad cristiana y oremos para que el reino de Cristo venga en su plenitud.   

Por la Iglesia.
OH Padre Bondadoso, humildemente te suplicamos por tu Santa Iglesia Católica; que te dignes llenarla de toda verdad, en perfecta paz. Donde haya mancha, purifícala; donde esté en error, dirígela; y en todo extravío, refórmala. En lo que sea justa, establécela; de cuanto carezca, provéela; y cuando esté dividida, únela; por amor de Aquel que murió y resucitó, y vive siempre para interceder por nosotros, Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor. Amén.


Por la Unidad del Pueblo de Dios. OH Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, nuestro único Salvador, el Príncipe de Paz; Danos gracia para que de corazón consideremos seriamente los grandes peligros en que nos hallamos por nuestras desdichadas divisiones. Aparta de nosotros todo odio y malos juicios, y cuanto pudiere impedir una santa unión y concordia: para que así como no hay más que un Cuerpo y un Espíritu, y una Esperanza de nuestra vocación, un Señor, una Fe, un Bautismo, un Dios y Padre de todos nosotros, así seamos todos de un corazón y una alma, unidos en vínculo sagrado de verdad y paz, de fe y caridad, y con un corazón y una voz te glorifiquemos; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
(Adaptado de mensajes anteriores, 2016, 2017)

jueves, 26 de octubre de 2017

Conmemorando los 500 años de la Reforma Protestante


Sobre el fin de semana participaré en una serie de eventos para conmemorar los 500 años de la Reforma Protestante. Para mí será un honor  representar la tradición anglicana entre un panel de líderes e historiadores de varias confesiones cristianas.
En preparación estoy leyendo una biografía sobre el Arzobispo Cranmer de feliz memoria, y además he tratado de reflexionar un poco sobre la relación entre los reformadores continentales y los de Inglaterra. Es un tema con mucha controversia innecesaria, pero vale la pena tocarlo en el contexto ecuménico de los eventos. No podemos ignorar la comunicación profunda entre los reformadores ingleses y los del resto de Europa. Tampoco debemos olvidarnos de sus anhelos comunes.
Pensando en el legado de Cranmer que incluye la primera versión de los Artículos Religión, quiero compartir con los lectores algunas notas anteriores sobre los Artículos:


viernes, 13 de octubre de 2017

Cuestiones Litúrgicas: ¿En qué lugar debe el celebrante iniciar la Santa Eucaristía?


Esta semana alguien notó que al inicio de la Santa Eucaristía siempre oficio desde el altar y me preguntó por qué. Me alegró la pregunta porque quiso decir que todavía hay personas que se fijan en los detalles del ars celebrandi. 
Procesión en la Iglesia de  San Ignacio, Nueva York
circa 1888
 
En mi respuesta expliqué que mi práctica sólo refleja la tradicional usanza litúrgica de la Comunión Anglicana. En todas las ediciones del Libro de Oración Común anteriores a la versión del 1979 las rúbricas (las instrucciones que gobiernan cómo dirigir los oficios) instruyen al celebrante a ofrecer todas las oraciones previas a las lecturas delante del altar y con eso dan cierta continuidad a la práctica litúrgica de los siglos anteriores. Entre las novedades de la edición del 1979 vemos que ésta no indica el lugar para la primera parte de la celebración. Dada la historia del nuestra liturgia es una omisión curiosa. Según mi criterio, cuando no hay instrucción explícita en las rúbricas seguir los precedentes de la tradición es totalmente razonable, más aún cuando el diseño del templo sigue la forma tradicional. Y por eso, es lo que hago.

Gracias a los lectores que enviaron sus saludos desde Ecuador. ¡Que Dios bendiga su ministerio!

jueves, 7 de septiembre de 2017

¡Feliz Cumpleaños a la Virgen María!

¡Feliz Cumpleaños a la Virgen María!
Natividad de la Virgen, Pietro Lorenzetti 
Siena, Italia,  ca. 1340


El 08 de septiembre observamos la Natividad de la Virgen María. Es una fecha bien establecida en las varias ediciones del Libro de Oración Común de la Iglesia de Inglaterra y en los textos respectivos de las iglesias de la Comunión Anglicana.  Para felicitar a la  Madre del Señor ofrezco una traducción de los propios usados en la celebración de la Santa Comunión de la Iglesia de Irlanda:
 
Colecta del Día:
Dios Omnipotente, que miraste a la humildad de la Bienaventurada Virgen María y la elegiste para ser la madre de tu Hijo unigénito: Concede que los que hemos sido redimidos por su sangre compartamos con ella la gloria de tu reino eterno, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.


Lecturas: Isaías 61:10-11; Salmo 45:10-17; Gálatas 4:4-7; San Lucas 1:46-55

Oración Pos-Comunión:
Omnipotente y sempiterno Dios, que te dignaste elevar a la humanidad caída a través de la maternidad de la Bendita Virgen María: Concede que los que hemos visto tu gloria revelada en nuestra naturaleza humana y tu amor hecho perfecto en nuestra debilidad seamos renovados diariamente en tu imagen y conformados al modelo de tu Hijo, Jesucristo nuestro Señor. Amén.

(Adaptado de un post previamente publicado por "El Cura de Dos Mundos")

jueves, 27 de julio de 2017

Cuestión litúrgica: Sobre el uso de la estola con la casulla


Casulla bordada
estilo gótico-moderno
Hoy voy a comentar sobre el uso de la estola con la casulla en las celebraciones eucarísticas.

Primero debo aclarar que soy partidario de usar el juego completo de las vestiduras eucarísticas. Este juego consiste del alba, amito, cíngulo, estola y manípulo con la casulla encima, pero hoy día son  pocos los clérigos que se visten todo el conjunto debido a las modas eclesiásticas tan variantes durante los últimos cuarenta o cincuenta años.  Más vemos que los presbíteros usan el alba con estola solamente y de vez en cuando uno encuentra algún clérigo que administra la Santa Comunión con la capa pluvial o en sobrepelliz con estola o bufanda negra. 
Esta variedad de usos está bien. Es muy anglicana.   
Lo que veo muy extraño es el uso de la casulla con una estola encima. Este acto pone mucho énfasis en la estola, algo que resulta curioso, pues las ediciones clásicas del Libro de Oración Común nunca hacen mención de la estola directamente. (Sólo refieren al alba, y la “vestimenta” que es la casulla y la capa pluvial con respecto a la Santa Comunión.) Eso quiere decir que tal usanza es para nada tradicional. La verdad es que se debe más a los productores de vestimentas modernas que quieren vender estolas que a la tradición de la Iglesia.
Además de no ser tradicional, llevar la estola sobre la casulla se ve raro porque la mayoría de las casullas fueron diseñadas con bordados intricados para verse bien sin nada más encima. Al colocar algo sobre la casulla se distorsiona la elegancia de esta prenda milenaria.
Vestimentas eucarísticas tradicionales



jueves, 29 de junio de 2017

Los Santos Apóstoles Pedro y Pablo


Hoy celebramos la Fiesta de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y con ellos la apostolicidad de la Iglesia, pues al leer los Hechos de los Apóstoles cualquiera descubre que estos dos apóstoles eran—y por sus contribuciones al Nuevo Testamento todavía son—los pilares principales de la naciente Iglesia cristiana. Poco a poco, el libro de Hechos va enfocándose más y más en las obras de Pedro y Pablo, dejando a un lado los otros apóstoles y culminado con la llegada de Pablo a Roma.  Aunque Hechos no cuenta de sus martirios, las tradiciones más antiguas y confiables vinculan la muerte de los dos a la ciudad imperial durante el reinado de Nerón (circa 64-67 d.C.) y desde el primer siglo la tradición eclesiástica siempre los ha conmemorado juntos.    
Dios omnipotente, cuyos benditos apóstoles Pedro y Pablo te glorificaron con su martirio: Concede que tu Iglesia,instruida por su enseñanza y ejemplo, y entrelazada enunidad por tu Espíritu, permanezca siempre firme sobre el único cimiento, que es Jesucristo nuestro Señor; que vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y por siempre. Amén. (LOC 158)




Las Lecturas para San Pedro y San Pablo son Ezequiel 34:11-16; Salmo 87; 2 Timoteo 4:1-8; San Juan 21:15-19.

jueves, 8 de diciembre de 2016

La Concepción de María


Siendo hoy la Concepción de la Bienaventurada Virgen María, quiero compartir de nuevo con el lectorado la breve serie de posts que hice para estas fechas el año pasado.  Se trata de un estudio sobre Virgen que dirigí y el lugar de María en la tradición de la Iglesia Episcopal.

Primera parte: “Hablando de María”



Agradezco a todos los lectores de "El Cura de Dos Mundos".
¡Ya alcanzamos 10,000 visitas!

martes, 6 de diciembre de 2016

Reflexión Bíblica para la Segunda Semana de Adviento


Reflexión Bíblica para la Segunda Semana de Adviento (04-12-16)

San Juan Bautista
En la Carta a los Romanos San Pablo dice que las Escrituras no sólo fueron escritas para el beneficio de los antiguos judíos, sino para nosotros también. Por eso, los cristianos debemos fijar nuestra atención en el mensaje de los profetas que escuchamos durante el Adviento. Esta semana la lectura de Isaías nos ofrece la promesa que Dios hace de renovar el universo con la justicia y la paz a través del Mesías, el “retoño de Isaí,” y en el Evangelio Juan Bautista nos llama al arrepentimiento por nuestra falta de justicia personal y colectiva. El mensaje principal es que no podemos recibir la justicia y la paz de Dios en el día postrero si no estamos dispuestos a actuar con justicia en nuestro vivir diario; por tanto, todos debemos sincerarnos con Dios y con nosotros mismos mientras esperamos el regreso de Cristo el Señor.

Las lecturas fueron Isaías 11:1-10, Salmo 71:1-7,18-19; Romanos 15:4-13; San Mateo 3:1-12.  

jueves, 24 de noviembre de 2016

¡Demos Gracias al Señor!

Hoy en los Estados Unidos celebramos el Día de Acción de Gracias, la fiesta mayor de la religión cívica del país. Aunque el país no sea de ninguna iglesia o religión oficial, profesamos nuestra fe y nuestro agradecimiento al Dios del universo, pues nuestro lema oficial es "En Dios confiamos".  Y en varios momentos los líderes nacionales han llamado el pueblo a la oración y al agradecimiento al Creador.

La Iglesia Episcopal desde sus inicios en el país ha respondido al llamado a dar gracias de Dios por su bondad y su misericordia en nombre de sus co-ciudadanos. Lo hace con la siguiente oración:

Padre omnipotente y bondadoso, te damos gracias por los frutos de la tierra en su tiempo, y por la labor de quienes los cosechan: Haznos fieles mayordomos de tus dádivas abundantes, que recibimos para la satisfacción de nuestras necesidades y el alivio de los menesterosos, para gloria de tu Nombre; por Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y por siempre. Amén.   

Happy Thanksgiving! ¡Feliz Día de Acción de Gracias!

martes, 1 de noviembre de 2016

El Ciclo de Todos los Santos


El ciclo de Todos los Santos nos puede enseñar mucho sobre nuestra unión con Cristo y nuestros hermanos en la fe, pero se necesita entender todas las partes para entender el ciclo entero.

Veámoslo parte por parte—

1.       Las Vísperas de Todos los Santos o Halloween (31 de octubre). Se trata de una celebración de diversiones y actividades con simbolismos cuyo significado prácticamente se olvida en la actualidad pero que refleja la victoria de Jesucristo sobre los poderes del mal y sobre la muerte.  Es una ocasión que ofrece muchas oportunidades evangelizadoras  a nuestras iglesias.

2.       El Día de Todos los Santos (01 de noviembre). Ésta es la festividad principal y celebra la victoria de Cristo manifestada en las vidas de los santos, los hombres y las mujeres transformados por la gracia de Dios. Podemos pensarlo como la “reunión familiar” de la familia de Dios, ocasión llena de la expectativa de la gloria de la resurrección que Cristo ha prometido a todos los que se han unido a él por fe en su Nombre.  Esta familia divina incluye los santos más conocidos como la Santísima Virgen, los Apóstoles y los Mártires de gran renombre. También incluye los santos de todos los tiempos que son desconocidos totalmente, pero no olvidados para Dios.

3.       El Día de los Fieles Difuntos o Día de los Muertos (02 de noviembre). Surgió como extensión del Día de Todos los Santos para recordarnos que por la Sangre de Cristo hay lugar en el reino de Dios para todos los creyentes arrepentidos, incluso los menos heroicos. Éstos tampoco son olvidados para Dios y para su Iglesia. Son miembros de la familia y los recordamos con agradecimiento al Señor.

    Lo que se debe entender por encima de todo es que la celebración de Todos los Santos es para expresar nuestro gozo y nuestra gratitud por ser hijos adoptivos del Padre y miembros del Cuerpo Místico de Jesucristo, que formamos todos los bautizados y que somos una sola familia unida por el amor y la gracia de Dios.

Dios todopoderoso tú has entrelazado a tus elegidos en una sola comunión y hermandad en el cuerpo místico de tu Hijo Cristo nuestro Señor: Danos gracia para que de tal modo sigamos a tus benditos santos en toda virtuosa y santa vida que alcancemos los gozos inefables que tú has preparado para los que te aman sinceramente; por Jesucristo nuestro Señor, que contigo y el Espíritu Santo vive y reina, un solo Dios, en gloria sempiterna. Amén.

martes, 18 de octubre de 2016

Reflexión bíblica para el Vigesimosegundo Domingo después de Pentecostés (16-10-16)


Reflexión bíblica para el Vigesimosegundo Domingo después de Pentecostés (16-10-16):

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“Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2 Timoteo 3:16-17)
La Palabra de Dios nos ofrece dos medios de gracia para nuestro crecimiento espiritual. El primero es el estudio de las Sagradas Escrituras. Debemos leer, estudiar y meditar sobre el texto bíblico con frecuencia y con dedicación, pues así podemos escuchar la voz del Señor. El segundo es la oración. Al levantar nuestra voz a Dios, él es fiel y nos escucha en nuestras necesidades.
Las lecturas fueron Jeremías 31:27-34; Salmo 119:97-104; 2 Timoteo 3:14-4:5; San Lucas 18:1-8.

viernes, 14 de octubre de 2016

Evangelistas laicos en la Iglesia Episcopal


Gracias a Dios, la palabra “evangelismo” ya no se ve como un término tan espeluznante como antes entre los episcopales: Muchos nos hemos dado cuenta que es tarea de todos los bautizados compartir las buenas nuevas de Cristo en nuestra vida diaria.  Es decir, quisiéramos o no, somos evangelistas. A esto digo “¡Amén!” Al leer el Nuevo Testamento también nos damos cuenta que existe una vocación a ser evangelista entre los ministerios del Cuerpo de Cristo. Por eso los cánones de la Iglesia Episcopal contemplan el papel del evangelista laico con licencia. Sin embargo, la Iglesia explica muy poco en términos prácticos qué es y qué espera de este ministerio.

El Canon III.4.9 reza así: Un evangelista es un laico que presenta la buena nueva de Jesucristo de tal forma que la gente desea recibir a Cristo como Salvador y seguir a Cristo como Señor en el compañerismo de la Iglesia. Un Evangelista ayuda con el ministerio del evangelismo de la comunidad en colaboración con el Presbítero y otros líderes que ejercen supervisión de la congregación, o según lo indique el Obispo. (A esto también digo ¡Amén!)

Para resumirlo podemos decir que el evangelista evangeliza y ayuda la Iglesia con el ministerio del evangelismo, que es dar a conocer a Jesucristo como Salvador.

Por el momento estoy preparando una serie de cursos de formación en español para los ministerios laicos con licencia en nuestra diócesis. Hasta ahora no encuentro ningún modelo para la formación de evangelistas que seguir o adaptar para el ministerio hispano.  Entonces, tener que diseñar un programa para evangelistas me ha hecho reflexionar sobre la importancia de este ministerio para la Iglesia y sobre lo poco que hemos dedicado a entrenar nuestra gente a compartir la buena nueva de Jesucristo. Es una falta que quiero remediar con un programa sólido.

Pido sus oraciones por la bendición del Señor sobre este trabajo, y si tienen experiencias con evangelistas laicos en sus diócesis, que, por favor,  me las compartan.