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viernes, 12 de octubre de 2018

Cuestión litúrgica: Confirmación y Primera Comunión, “Primera Comunión o Comulgar antes de la Confirmación” (parte 3)

Cuestión litúrgica: Confirmación y Primera Comunión (parte 3)

Continuamos con el tema de la Primera Comunión  y la pregunta sobre su validez para los anglicanos y episcopales de hoy.

“La Primera Comunión”

Posibilidad #2 Los niños (y otras personas) deben comulgar después de recibir una debida preparación catequética y de ser admitidos a la Comunión por su clérigo local en vista de su futura confirmación.


El Libro de Oración de Comunión de 1662 introdujo dos modificaciones ligeras a la liturgia que nos pueden ayudar comprender cómo la práctica de la comulgar antes de confirmarse entró en la vida de las iglesias anglicanas.

La primera modificación al LOC fue la inclusión de “El Bautismo de Adultos” con el fin de suplir las cambiantes necesidades pastorales. Durante los años de la dictadura de Cromwell y la prohibición de la liturgia oficial y con el crecimiento de las colonias lejos de Gran Bretaña, hubo la necesidad de bautizar a personas adultas por la primera vez en varios siglos. La rúbrica del rito insiste en que todos los adultos bautizados así deben ser presentados al obispo lo antes posible para recibir la confirmación y la Santa Comunión.

La segunda modificación al LOC toca al rito de Confirmación, al que se agregó la siguiente rúbrica:

Y nadie será admitido a la Santa Comunión, hasta que sea confirmado, o esté pronto y deseoso de ser confirmado.

El motivo de este cambio fue el reconocimiento de que no había obispos en las colonias para confirmar y la falta de esta provisión hubiera hecho que ningún colono promedio comulguiese. En la práctica hubiera eliminado la Cena de Señor, un medio de gracia para la salvación, para una cantidad grande de creyentes. Siendo verdaderos pastores, los obispos anglicanos no podían abandonar sus hijos espirituales e hicieron la modificación a las rúbricas. Hay recalcar que “estar pronto y deseoso” quiere decir “estar preparado” ya con el conocimiento de el Padrenuestro, los Diez Mandamientos, el Credo y el Catecismo de la Iglesia.

Así que (hace 356 años) la práctica de administrar la Eucaristía a los no confirmados tras una catequesis debida entró en el anglicanismo.

En la próxima parte analizaremos la práctica de administrar la Santa Comunión a los niños bautizados sin catequesis y confirmación. 

miércoles, 10 de octubre de 2018

Reflexión Bíblica para la 20ª Semana después de Pentecostés (2018)

En tiempos antiguos Dios habló a nuestros antepasados muchas veces y de muchas maneras por medio de los profetas. Ahora, en estos tiempos últimos, nos ha hablado por su Hijo, mediante el cual creó los mundos y al cual ha hecho heredero de todas las cosas. (Hebreos 1:1-2 DHH)

A diferencia de los dioses de varios sistemas filosóficos y religiosos, el Dios de los creyentes cristianos y el Dios de la Biblia es un Dios que habla, que se comunica con el universo, con el mundo y con la humanidad. Es un Dios que tiene algo que decirnos. Pero, ¿Cómo podemos recibir el mensaje?

La epístola a los Hebreos abre con la declaración de que Dios nos ha hablado desde los tiempos antiguos, incluso desde el primer momento de la creación. Dios habló y el universo con toda su belleza y estructura propicia para generar la gran diversidad de vida llegó a ser. Este Dios ha hablado en muchos momentos y de muchas maneras. Podemos ver las estrellas en el cielo e intuir su magnificencia; podemos escuchar sus palabras en la predicación de los profetas y en las esperanzas del pueblo de Israel, pero sobre todo podemos escuchar su voz en la voz de Jesús de Nazareth. La vida y las enseñanzas del Hijo de Dios resumidas en los Evangelios son el estándar de cualquier mensaje atribuido a Dios. Éstos juntos a los antiguos libros sagrados de Israel forman un discurso unido proveniente de un solo autor principal, Dios nuestro Padre. 

Este discurso es el mensaje de gracia, perdón y vida abundante en el amor de nuestro Creador.

Las lecturas para el 20º Domingo después de Pentecostés (2018) son Job 1:1,2:1-10; Salmo 26; Hebreos 1:1-4,2:5-12; San Marcos 10:2-16.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Reflexión Bíblica para la 18ª Semana después de Pentecostés (2018)

Llegaron a la ciudad de Cafarnaúm. Cuando ya estaban en casa, Jesús les preguntó: —¿Qué venían discutiendo ustedes por el camino? Pero se quedaron callados, porque en el camino habían discutido quién de ellos era el más importante. Entonces Jesús se sentó, llamó a los doce y les dijo: —Si alguien quiere ser el primero, deberá ser el último de todos, y servirlos a todos. (Marcos 9:33-35 DHH)

Parece que todos queremos ser grandes (y cada vez más grandes) y que queremos tener más cosas que sean más grandes. Queremos ser los primeros, los mejores y los más diestros. No solo es un eslogan político; es un estilo de vida y de pensamiento que de una u otra manera afecta toda nuestra sociedad. El problema es que malentendemos la grandeza.

El evangelio de esta semana nos enseña sobre la verdadera grandeza.

En el texto de S. Marcos leemos que los discípulos discutían sobre quién era el más importante. Podemos imaginarnos el diálogo inútil: ¡Es que soy yo!...No, hermano, aquí el grande soy yo...¡Cállense muchachos! Es que mando yo. Sabemos que su conversación no fue nada edificante, pues se apenaron cuando el Señor les preguntó de qué se trataba la discusión. 

Gracias a Dios, Jesús les aclaró de una vez que la grandeza no se trata de quién manda más o de quién se cree el más importante o de quién sale más en las fotos, sino que se trata de quién sirve más. Los más grandes son los que sirven, los que se ensucian las manos para atender a sus hermanos. Cualquier otra noción de grandeza es una vanidad ilusoria.

Las lecturas para el 18º Domingo después de Pentecostés (2018) son Proverbios 31:10-31; Salmo 1; Santiago 3:13-4:3,7-8a; San Marcos 9:30-37.

jueves, 20 de septiembre de 2018

Cuestiones litúrgicas: Confirmación y Primera Comunión (Parte1)

Cuestiones litúrgicas: Confirmación y Primera Comunión, “Introducción”

Hace poco participé en una discusión sobre la primera comunión en un foro electrónico. Aparte de compartir las experiencias pastorales y las costumbres de sus diócesis y congregaciones locales, algunos participantes discutieron si la práctica de ofrecer clases preparatorias y celebrar un acto de primera comunión durante la liturgia es anglicana o no. En esta serie trataré de poner esta discusión en su contexto histórico y teológico.

Muchos clérigos se encuentran con cierto dilema referente al tema de cuándo admirtir los niños a la Santa Comunión. ¿Cuándo y bajo qué circunstancias deben comulgar los pequeños? En la práctica, las respuestas varían muchísimo, pero realmente tres repuestas encapsulan las posibilidades:

  1. Los niños deben comulgar después de recibir una debida preparación catequética y el sacramento de confirmación.
  2. Los niños deben comulgar después de recibir una debida preparación catequética y de ser admitidos a la Comunión por su clérigo local en vista de su futura confirmación.
  3. Los niños deben comulgar desde el día de su bautismo sin relación con el rito de la confirmación.

Cada parte de esta serie explorará una de estas tres respuestas haciendo referencia a las ediciones clásicas del Libro de Oración Común y a los documentos teológicos e históricos de la Iglesia de Inglaterra, la Iglesia Episcopal y la Comunión Anglicana. 

Si no vio la Reflexión Bíblica de la Semana, se encuentra aquí. 

viernes, 27 de julio de 2018

¿Qué cambia al cambiar las palabras? Una reflexión inicial

¿Qué cambia al cambiar las palabras? Una reflexión inicial.

Nota: La reflexión que sigue es parte de una serie de artículos que estoy ideando sobre el tema de posibles revisiones al Libro de Oración Común. 

Uno de los temas que vemos cada vez más en la Iglesia Episcopal (y otras secciones de la Comunión Anglicana) es la revisión y composición de sus textos litúrgicos y teológicos, algo que afecta a cada comunidad de la iglesia, incluyendo a las de habla hispana.

Vocabolario degli accademici della Crusca, 1612
Foto cortesía de Sailko
Como suele pasar con tantas cosas en la vida, el tema de las traducciones de textos para el uso de la iglesia rápidamente se vuelve complicado. Algunas propuestas no afectarían los textos en español en lo más mínimo, mientras algunas de manera sutil cambiarían la enseñanza bíblica.   La iniciativa de revisar El Libro de Oración Común y de producir textos alternativos puede servir de ejemplo:

Los que abogan por cambios profundos en los textos litúrgicos desean sustituir el vocabulario tradicional por un lenguaje “más expansivo e inclusivo,” pero toda la discusión se maneja en inglés. Insisten en que kingdom les suena demasiado masculino y en que debemos usar reign. (El equivalente en español sería usar “dominio” o quizá “reinado” en lugar de “reino”.) Realmente es un cambio sin sentido, pues son dos palabras que expresan lo que hace un rey, solo que la primera viene de una antigua raíz anglosajona y la segunda viene del latín. Mucho de lo que se plantea en los debates carece de correspondencia en el español.

No obstante, sí, hay planteamientos que afectarían los textos litúrgicos en español. Algunas personas proponen que los textos nuevos (o revisados) excluyan ciertos vocablos como Padre, Señor, Hijo, Rey y las palabras relacionadas como paternal, señorío, filial, reino, poderío y el uso del pronombre “él” para hablar de Dios. El argumento para esto es que el lenguaje masculino para referirse a Dios es ofensivo para muchas personas que han sufrido algún daño a manos de los hombres. Es un argumento que se entiende y que se respeta. No queremos ofender a nadie sin necesidad.

El problema con emascular nuestro lenguaje así es que el vocabulario tradicional es el lenguaje de la Biblia, de la Palabra de Dios escrita, y las palabras más criticadas son las que recibimos directamente de Jesucristo. Éstas forman una parte esencial de su mensaje. La paternidad de Dios fue igual de chocante en aquel entonces como lo es hoy. Que Dios es el Rey y Señor eterno, encima de todos los demás poderes del universo fue una declaración tan desconcertante y desafiante en aquel entonces como lo es hoy. Al eliminar o modificar estos conceptos para hacerlos más aceptables a nuestros oídos, corremos el riesgo de neutralizar el mensaje de aquel que nos dijo: —El que me ama, hace caso de mi palabra; y mi Padre lo amará, y mi Padre y yo vendremos a vivir con él. El que no me ama, no hace caso de mis palabras. Las palabras que ustedes están escuchando no son mías, sino del Padre, que me ha enviado. (S. Juan 14:23,24)

miércoles, 11 de abril de 2018

Cuestiones Litúrgicas: Los sermones durante los Oficios Diarios

Algunos lectores saben que soy director del Instituto Ecuménico de Ministerio Hispano que es una institución que instruye a líderes lacios de la Iglesia Episcopal y la Iglesia Evangélica Luterana para servir en varios aspectos del ministerio cristiano. Nuestros cursos incluyen enseñanza para oficiar en ausencia de un clérigo. Durante una conversación con una alumna surgió la pregunta: ¿En momento se predica el sermón durante los Oficios Diarios?

Aquí respondo—

En primer lugar, es necesario aclarar que en el caso de la Iglesia Episcopal, nunca es obligatorio predicar un sermón o leer una homilía u ofrecer una reflexión durante los Oficios Diarios. No pertenece a la integridad del oficio y, por tanto, siempre es un elemento opcional, sea quien sea el oficiante. Al menos que el oficiante laico sea también un predicador con licencia del obispo, no debería existir una expectativa que éste también predique aunque siempre se puede leer una homilía autorizada.

En los casos de querer incluir un sermón en la Oración Matutina o Vespertina, especialmente los domingos cuando hay buenos motivos para hacerlo, son tres opciones indicadas por las rúbricas del Libro de Oración Común: 1) después del Oficio, 2) después de las Lecturas; 3) después de las Colectas (Véase LOC 108-109).

Opción 1: Después del Oficio
No conozco a ninguna instancia actual en que se haya tomado esta opción. Sin embargo, durante la edad media y desde el siglo 16 hasta la primera mitad del siglo 20 fue una práctica muy común predicar los sermones después de los Oficios Diarios, especialmente cuando no se celebraba la Santa Comunión, pues ninguna provisión existía para predicar dentro de los estos oficios. De allí surge la costumbre de ofrecer oraciones extendidas o intercesiones llamadas “Bidding Prayers” (oraciones invitatorias) que terminan con el Padrenuestro. También se acompañaban con el canto de los salmos métricos, especialmente en tiempos cuando no se cantaban los himnos regularmente. Hoy en día pocos serán tentados a predicar después de finalizar el Oficio.
Opción 2: Después de las Lecturas
Lo atractivo de esta opción es que se conforma al patrón acostumbrado de los que asisten regularmente a la celebración de la Santa Eucaristía en que (con pocas excepciones) el sermón sigue a las lecciones de las Sagradas Escrituras. Se puede predicar un sermón después de la segunda lectura y su cántico (o después de la tercera lectura si hubiere).

Según mis criterios, no es la mejor opción porque interrumpe la lógica interna de los Oficios Diarios al aplicarles la lógica de otro tipo de culto. Por la lógica interna de la Oración Matutina o Vespertina se desarrolla un secuencia propia: preparación con los versículos bíblicos y/o la confesión de pecados, alabanza y contemplación de Dios con los salmos, la enseñanza divina de las lecturas y la respuesta a ellas con los cánticos seguida por su afirmación con uno de los credos y por fin la elevación de oración y petición al Señor con las colectas finales. Aunque hay similitudes con la lógica de la celebración eucarística, no es la misma, y prefiero no dar la impresión de que los Oficios Diarios sólo son una forma defectuosa de la misa porque no lo son.

Opción 3: Después de las Colectas
Ésta es la opción que más me convence. El permiso de predicar el sermón después de las Colectas se dio durante la época de la reina Victoria con la práctica de realizar oficios adicionales en las catedrales. Adaptaron la práctica de Opción 1 y la incluyeron en estos oficios adiciones. Tiene la ventaja de no interrumpir la estructura del oficio a la vez que le suma la predicación. La posibilidad de cantar himnos antes y después y de recoger una ofrenda hace que el sermón no sea como un adorno posterior al oficio sino una parte importante de la adoración del pueblo de Dios. Cuando la intención es leer una homilía escrita por el pastor del lugar en su ausencia o cuando se quiere leer una de las Homilías oficiales, esta opción evita sobrecargar a la gente con demasiado texto leído de una sola vez. 

Cualquiera la opción que se elija, es necesario pensar en los objetivos de cada evento y cada oficio para planificar adecuadamente y con anticipación. 

miércoles, 7 de febrero de 2018

Reflexión Bíblica para la Quinta Semana después de Epifanía (2018)

La Suegra de Simón Pedro es una de las numerosas mujeres intrigantes del Nuevo Testamento. Sabemos muy poco de ella; de hecho, ni siquiera sabemos cuál era su nombre (por eso uso “Suegra” así con mayúscula para convertirlo en nombre propio). Aparte de las acciones que describe el evangelista, sólo la conocemos por su relación suegra-yerno con Pedro. Sin embargo, lo poco que cuenta el evangelio nos puede enseñar bastante.
Creo que la Suegra de Pedro debe ser un modelo de la vida cristiana por tres razones:
Primero, la Suegra de Pedro confió en Jesús, dejándole orar por ella e imponerle sus manos. Tuvo fe en el Señor, lo que es esencial para cualquier cristiano. Sin la fe y sin dejar que Dios transforme nuestras vidas no podemos esperar crecer.  
Segundo, fue agradecida por los Jesús hizo con ella. Aunque el texto de Marcos no lo dice directamente, la Suegra de Pedro agradeció al Señor, pues se puso a atenderle y a los demás en la casa.  Entendió que servir es agradecer y compartió sus bendiciones con otros.
Tercero, dio testimonio. A la hora de atender a Jesús estaba dando testimonio de su sanación y del poder del Señor y otras personas lo vieron. Tanto corrió este testimonio que el texto bíblico cuenta que todo el pueblo se reunió afuera de  su casa  con la esperanza de que Jesús hiciera lo mismo por ellos.
Creyendo en el poder de Dios, sirviendo a los demás con gratitud y dando testimonio de las bendiciones del Señor viviremos una vida más plena que glorifica y honra a Cristo.
Las lecturas para el Quinto Domingo después de Epifanía (2018) son Isaías 40:21-31; Salmo 147:1-12, 21c; 1 Corintios 9:16-23; San Marcos 1:29-39.


jueves, 18 de enero de 2018

Semana de Oración por la Unidad Cristiana

Hoy comienza la Semana de Oración por la Unidad Cristiana para el 2018. Siempre inicia con la festividad de la Confesión de San Pedro y termina con la fiesta de la Conversión de San Pablo.  Cristianos en todas partes se dedican a interceder por la Iglesia universal y por sus hermanos en Cristo sin importar sus términos de distinción o denominación. 
Tenemos la obligación de pedirle a Dios para que todos los seguidores de Jesucristo seamos uno porque esto es la voluntad de nuestro Señor como él nos enseña (Juan 17:20-23).  Pero éste es un caso en que creo que no basta orar solamente. Debemos actuar hacia la unidad del  Cuerpo de Cristo. Si queremos la unidad verdadera, debemos despojarnos de actitudes que nos separan de nuestros hermanos en la fe y hemos de considerar cómo nuestras acciones afectan a los demás miembros de la Iglesia Cristiana. Muchas veces proclamamos nuestra libertad en Cristo sin acordarnos que también el autodominio y la abnegación son frutos del Espíritu Santo (Gálatas 5:22-23).  La libertad existe para promover la caridad y la unidad, no para establecer nuevos legalismos y divisiones que son más heridas al Cuerpo del Señor Crucificado. El Espíritu de Dios que nos otorga la libertad es mismo que proveerá la unidad de su Iglesia (Efesios 4:1-6). 
Juntos vivamos la unidad cristiana y oremos para que el reino de Cristo venga en su plenitud.   

Por la Iglesia.
OH Padre Bondadoso, humildemente te suplicamos por tu Santa Iglesia Católica; que te dignes llenarla de toda verdad, en perfecta paz. Donde haya mancha, purifícala; donde esté en error, dirígela; y en todo extravío, refórmala. En lo que sea justa, establécela; de cuanto carezca, provéela; y cuando esté dividida, únela; por amor de Aquel que murió y resucitó, y vive siempre para interceder por nosotros, Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor. Amén.


Por la Unidad del Pueblo de Dios. OH Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, nuestro único Salvador, el Príncipe de Paz; Danos gracia para que de corazón consideremos seriamente los grandes peligros en que nos hallamos por nuestras desdichadas divisiones. Aparta de nosotros todo odio y malos juicios, y cuanto pudiere impedir una santa unión y concordia: para que así como no hay más que un Cuerpo y un Espíritu, y una Esperanza de nuestra vocación, un Señor, una Fe, un Bautismo, un Dios y Padre de todos nosotros, así seamos todos de un corazón y una alma, unidos en vínculo sagrado de verdad y paz, de fe y caridad, y con un corazón y una voz te glorifiquemos; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
(Adaptado de mensajes anteriores, 2016, 2017)

jueves, 26 de octubre de 2017

Conmemorando los 500 años de la Reforma Protestante


Sobre el fin de semana participaré en una serie de eventos para conmemorar los 500 años de la Reforma Protestante. Para mí será un honor  representar la tradición anglicana entre un panel de líderes e historiadores de varias confesiones cristianas.
En preparación estoy leyendo una biografía sobre el Arzobispo Cranmer de feliz memoria, y además he tratado de reflexionar un poco sobre la relación entre los reformadores continentales y los de Inglaterra. Es un tema con mucha controversia innecesaria, pero vale la pena tocarlo en el contexto ecuménico de los eventos. No podemos ignorar la comunicación profunda entre los reformadores ingleses y los del resto de Europa. Tampoco debemos olvidarnos de sus anhelos comunes.
Pensando en el legado de Cranmer que incluye la primera versión de los Artículos Religión, quiero compartir con los lectores algunas notas anteriores sobre los Artículos:


martes, 19 de septiembre de 2017

Reflexión Bíblica para la Decimoquinta Semana después de Pentecostés (2017)

¿Cuántas veces mi hermano me ofenderá y yo lo perdonaré? ¿Hasta sietes veces?
--No, setenta veces siete. (San Mateo 18:21,22)

En la medida que leemos los evangelios vamos descubriendo con Pedro qué es lo que el Señor requiere de nosotros, pues éste nos modela algo de la experiencia del discípulo cristiano en crecimiento con sus altas y bajas.  El evangelio de esta semana muestra que el apóstol ya había entendido la necesidad de perdonar al hermano.  Sin embargo, parece que quizá quería explorar los límites de esta obligación.  ¿Será que debo perdonarlo siete veces?  Los lectores más perspicaces se acordarán que en la Biblia normalmente el número siete representa la plenitud.  Pedro pregunta si debe perdonar al hermano sin reservas. Con su repuesta—No, setenta veces siete—Jesús quiere ser enfático que el cristiano sí debe perdonar totalmente y de corazón.  Ésta es la manera en que Dios nos ha tratado,  perdonándonos totalmente y sin reservas. Somos llamados a compartir este perdón y la gracia que Dios nos ha concedido en Cristo.  

Las Lecturas de la 15ª Semana después de Pentecostés son Génesis 50: 15-21 (o Éxodo 14: 19-31); Salmo 103:8-13 (o Salmo 114); Romanos 14:1-12; San Mateo 18: 21-35.

        



jueves, 7 de septiembre de 2017

¡Feliz Cumpleaños a la Virgen María!

¡Feliz Cumpleaños a la Virgen María!
Natividad de la Virgen, Pietro Lorenzetti 
Siena, Italia,  ca. 1340


El 08 de septiembre observamos la Natividad de la Virgen María. Es una fecha bien establecida en las varias ediciones del Libro de Oración Común de la Iglesia de Inglaterra y en los textos respectivos de las iglesias de la Comunión Anglicana.  Para felicitar a la  Madre del Señor ofrezco una traducción de los propios usados en la celebración de la Santa Comunión de la Iglesia de Irlanda:
 
Colecta del Día:
Dios Omnipotente, que miraste a la humildad de la Bienaventurada Virgen María y la elegiste para ser la madre de tu Hijo unigénito: Concede que los que hemos sido redimidos por su sangre compartamos con ella la gloria de tu reino eterno, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.


Lecturas: Isaías 61:10-11; Salmo 45:10-17; Gálatas 4:4-7; San Lucas 1:46-55

Oración Pos-Comunión:
Omnipotente y sempiterno Dios, que te dignaste elevar a la humanidad caída a través de la maternidad de la Bendita Virgen María: Concede que los que hemos visto tu gloria revelada en nuestra naturaleza humana y tu amor hecho perfecto en nuestra debilidad seamos renovados diariamente en tu imagen y conformados al modelo de tu Hijo, Jesucristo nuestro Señor. Amén.

(Adaptado de un post previamente publicado por "El Cura de Dos Mundos")

jueves, 24 de agosto de 2017

Fiesta Doble para San Bartolomé


San Bartolomé con su piel,
Detalle del Juico Final, Miguelangel
En el vocabulario de los antiguos calendarios litúrgicos, el 24 de agosto siempre es fiesta duplex (doble) y en mi casa cada año celebramos el día de San Bartolomé  con gran fervor aunque este gozo poco tiene que ver con nuestra devoción por este apóstol y mártir, pues no solo celebramos el natalicio celestial del hombre de Dios, sino también el natalicio terrenal de mi hija Celeste.  La ventaja de esta coincidencia de ocasiones en una sola fecha es que me ayuda a no olvidar de conmemorar al santo varón cuando doy gracias a Dios por la vida de mi única descendiente.

Hoy comparto las lecturas y colecta del apóstol descuerado:
Deuteronomio 18:15-18, Salmo 91; 1 Corintios 4:9-15; San Lucas 22:24-30

Dios todopoderoso y eterno, que diste gracia a tu apóstol
Bartolomé para creer verdaderamente y predicar tu
Palabra: Concede que tu Iglesia ame lo que él creyó y
predique lo que él enseñó; por Jesucristo nuestro Señor,
que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios,
por los siglos de los siglos. Amén.


jueves, 17 de agosto de 2017

Cuestiones Litúrgicas: ¿Se puede distribuir la Santa Comunión al final de la Oración Matutina o Vespertina?


Cuestiones Litúrgicas: ¿Se puede distribuir la Santa Comunión al final de la Oración Matutina o Vespertina?

La pregunta surge porque en algunas diócesis se encuentra la práctica de oficiar la Oración Matutina o Vespertina seguida por la distribución del Sacramento Reservado, es decir aparte de la celebración de la Santa Eucaristía, y algunos lectores observando esta práctica en sus comunidades me han preguntado.  Para responder bien a la pregunta leí de nuevo las rúbricas del Libro de Oración Común.  Después de esta lectura me quedé convencido que no existe ninguna provisión en el LOC o en la tradición litúrgica de la Iglesia Episcopal que permite distribuir la Santa Comunión del Sacramento Reservado a una congregación después de rezar o cantar uno de los Oficios Diarios.  Explico por qué.  

Primero, Lo Concerniente a la Celebración (LOC 244) presenta la opción de usar la Oración Matutina o la Oración Vespertina en lugar de todo lo que precede al Ofertorio—toda la Liturgia de la Palabra o “Ante-comunión”— con tal que siempre incluya una lectura del Evangelio e intercesiones que cumpliesen con las rúbricas de LOC 305. En tal caso el resto de la celebración sigue de manera normal con cualquiera de las plegarias eucarísticas. A la luz de las precedentes históricas, esta provisión se da para permitir celebraciones que combinan Oración Matutina, la Gran Letanía y la Santa Eucaristía en una sola liturgia como fue la usanza durante varios siglos, tanto en los Estados Unidos como en Inglaterra. También se concede con el motivo de no perder la tradición musical de las iglesias cuyos oficios dominicales solían ser la Oración Matutina coral (“Maitines solemnes”).  En ningún lugar se indica la combinación del Oficio Diario con la distribución del Sacramento Reservado.

Segundo, las rúbricas de Comunión en Circunstancias Especiales (LOC 319) indican las normas de la distribución de la Santa Comunión aparte de una celebración usual. La provisión permite llevar el Sacramento  Reservado a los que no pueden asistir a la celebración eucarística “por causa justificada”. Sin embargo, las rúbricas instan al presbítero, al ser posible, celebrar, es decir consagrar, la Eucaristía con ellos  y otros feligreses, familiares y amigos. Cuando se dificulta la celebración, el presbítero, un diácono o un laico autorizado puede comulgarlos del Sacramento Reservado.  Las rúbricas así no contemplan el uso de esta provisión con una congregación asistiendo a un acto litúrgico.

Tercero,  las Rúbricas Adicionales (LOC 319-321) conceden al Obispo de la diócesis la autoridad de permitir a los diáconos llevar el Sacramento Reservado a congregaciones cuando no es posible que llegue un presbítero para celebrar la Eucaristía.  Ésta es una provisión muy limitada, pues sólo autoriza al Obispo permitir a un diácono (no un laico) distribuir el Sacramento Reservado a una congregación y eso sólo y cuando “no sea posible tener un presbítero”.  Evidentemente no es un permiso para los sacerdotes  porque sólo se concede cuando ellos no pueden estar presentes.

Por tanto, en base de las rúbricas del Libro de Oración Común concluyo que—aparte del caso especial del Viernes Santo—no existe ninguna provisión para que el sacerdote distribuya el Sacramento Reservado a una congregación fuera de la celebración completa de la Santa Eucaristía. 

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jueves, 3 de agosto de 2017

Cuestión Litúrgica: ¿Dónde se debe oficiar la Oración Matutina o Vespertina?


Cuestión Litúrgica: ¿Dónde se debe oficiar la Oración Matutina o Vespertina?
Sé que muy pocos han dedicado tiempo a pensar en cuál sería lugar el más apropiado para dirigir uno de los oficios diarios, es decir la Oración Matutina o Vespertina. Sin embargo, para los que servimos como Oficiantes, seamos clérigos o lectores laicos, es una pregunta con cierta importancia. ¿Dónde se debe dirigir los Oficios Diarios del Libro de Oración?
Púlpito de tres pisos
La respuesta es menos sencilla de lo que pensaríamos. La edición actual de El Libro de Oración Común de la Iglesia Episcopal no nos dice nada al respecto. Sólo indica las posturas del Oficiante (arrodillarse, pararse y sentarse) mas no dice el lugar desde donde debe oficiarse. Por tanto, debemos responder en base a la tradición y al sentido común.

Respuesta de acuerdo a la tradición. La tradición es muy clara en cuanto a nuestra pregunta. Las ediciones clásicas del Libro de Oración, especialmente el de la Iglesia de Inglaterra (1662--actual) indica que el Oficiante deberá dirigir el culto desde “el lugar acostumbrado de la iglesia o la capilla, o desde el coro”. Este lugar acostumbrado es un mueble o grupo de muebles: Silla, reclinatorio y atril. Tradicionalmente los encontramos cerca del púlpito en las capillas e iglesias pequeñas, y en las iglesias grandes y las catedrales, se ubican en el coro de la iglesia. A veces se combinan estos muebles en un llamado “púlpito de tres pisos”. 

Respuesta de acuerdo al sentido común. Los Oficios Diarios son formas de adoración importantes para los anglicanos, pero no son iguales a los ritos sacramentales. De la misma manera en que diferenciamos las vestimentas para los Sacramentos de las vestimentas para los otros oficios deberíamos diferenciar su ubicación. Así como bautizamos en el bautisterio y celebramos la Eucaristía en el altar, así oficiamos la Oración Matutina o Vespertina desde el reclinatorio de oración. Es lógica sencilla.       

Reclinatorio con silla
La arquitectura eclesiástica normalmente—pero no siempre—nos ayuda con eso. Por ejemplo conozco varias congregaciones que nunca han visto un reclinatorio para los oficios, pero casi todos tienen un atril de donde se leen las lecturas bíblicas. Éste siempre es un lugar muy apropiado para dirigir las oraciones—incluso la Oración de los fieles durante la Eucaristía—cuando falta un mueble especial para el propósito. Si este sitio es digno para proclamar la Palabra de Dios, es digno también para ofrecer nuestras oraciones al Padre celestial.    

lunes, 10 de abril de 2017

Reflexión Bíblica para el Domingo de Ramos


El Domingo de Ramos da inicio a la Semana Santa. Es una ocasión también llamada el Domingo de la Pasión porque siempre leemos una de las versiones de la crucifixión del Señor. La combinación de la alegría de la procesión de ramos y la sobriedad fúnebre de la muerte de Cristo nos presenta un contraste marcado.  Para mí este contraste se ve todavía más en la actitud del gentío que celebra la entrada triunfal y regia con gritos de ¡Hosanna! y que condena al Mesías con los gritos de ¡Crucifícalo! Eso nos debe servir como un recordatorio de lo frágil que somos nosotros los pecadores en nuestra devoción y fidelidad al Señor. Igual que los discípulos, prometemos seguirle hasta lo último pero en realidad fallamos mucho más de lo que queremos admitir.   Sin embargo, también la Pasión demuestra con claridad que Cristo murió por nosotros, no porque lo merecemos, sino precisamente porque él es fiel y nos ama a pesar de nuestras muchas faltas y culpas.
La Crucifixión por Giotto
Las Lecturas para el Domingo de Ramos: Domingo de la Pasión son Palmas: San Mateo 21:1-11; Salmo 118:1-2, 19-29; Eucaristía: Isaías 50:4-9ª; Salmo 31:9-16; Filipenses 2:5-11; San Mateo 27:11-54.

martes, 7 de marzo de 2017

Reflexión Bíblica para la Primera Semana en Cuaresma


Al Primer Domingo en Cuaresma a veces se le dice “Domingo de Tentación” porque siempre leemos alguno de los relatos acerca de la tentación de nuestro Señor Jesucristo. Muchos comentarios se han escrito sobre las varias tentaciones y los respectivos pasajes bíblicos, sin embargo, todos los comentaristas se ven obligados a aterrizar sobre un solo punto: Cristo hizo lo que ningún ser humano había logrado al vencer la tentación con la perfecta obediencia al Padre. Tampoco los cuarenta días y cuarenta noches fueron la única ocasión para enfrentar la tentación. Habrán sido muchas ocasiones, pues dicen las Escrituras que fue tentado en todo como nosotros, y por lo tanto conoce nuestras circunstancias y situaciones de vida. Así siendo de los nuestros, Cristo sabe lo que necesitamos y siendo fiel al Padre, se presenta ante trono celestial a interceder efectivamente a favor de nosotros.



Las lecturas para el Primer Domingo en Cuaresma son Génesis 2:15-17, 3:1-7; Salmo 32; Romanos 5:12-19; San Mateo 4:1-11.  

martes, 4 de octubre de 2016

Reflexión bíblica para el Vigésimo Domingo después de Pentecostés (02-10-2016)

“Entonces el Señor dijo:—Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro: ‘Desarráigate y plántate en el mar’, y os obedecería.” (S. Lucas 17:6)
Semillas de mostaza
(cortesía Wiki Commons)
 
Sería fácil malentender las palabras de Cristo como los que hablan de la fe en términos casi mágicos, pero la lectura detenida de las Sagradas Escrituras nos revela que la fe es trabajo duro, es confiar que lo Dios quiere y hace siempre será mejor que lo que nosotros podemos querer o hacer.
Las lecturas fueron Lamentaciones 1:1-6; Salmo 137; 2 Timoteo 1:1-14; San Lucas 17:5-10.

jueves, 29 de septiembre de 2016

San Miguel Arcángel y Todos los Santos Ángeles

Tres arcángeles por Botticini
San Miguel Arcángel y Todos los Santos Ángeles
Hoy celebramos la fiesta de San Miguel y Todos los Ángeles. (Michaelmas es el nombre tradicional en inglés que significa “la misa de Miguel”.)

Al acordarnos de los Santos Ángeles debemos darle gracias a Dios por su ministerio tanto terrenal como celestial, pues los ángeles sirven a Dios en la tierra y en el cielo.
Aunque la palabra angelos en griego quiere decir “mensajero” y los vemos cumplir esta misión a través de los Biblia (Gen. 19:1; Mat. 1:20), también vemos en las Sagradas Escrituras que el Señor les ha concedido otras tareas como la de luchar contra el diablo,  su séquito de ángeles caídos y los otros enemigos de Dios (2 Cron. 32:21; Apoc. 12:1) y la de velar por los fieles y por las iglesias (Salmo 91:11; Mat. 18:10; Apoc. 1:20).
La tradición anglicana da gracias al Señor por los ángeles que están al servicio de Dios y los conmemora  a diario al recitar los salmos y los cánticos de la Oración Matutina y Vespertina que los mencionan a menudo, al cantar sus himnos propios en la celebración de la Santa Eucaristía y al celebrarlos en su día. 
Oh Dios eterno, que has establecido y constituido en orden maravilloso los ministerios de los ángeles y los mortales: Concede, en tu misericordia, que así como tus santos ángeles continuamente te sirven y adoran en el cielo, asimismo, por tu mandato, nos socorran y defiendan en la tierra; por Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.  (Libro de Oración Común, colecta para el 29 de septiembre)
(Texto orginalmente publicado 29-09-15.) 

jueves, 15 de septiembre de 2016

Respuesta a una pregunta sobre la eclesiología

Hace unos días recibí un mensaje de un lector muy amable solicitando que le indicara a cuáles autores y cuáles documentos recurrir para profundizar su comprensión de la eclesiología anglicana. Este post es mi respuesta muy limitada a su pregunta.
En parte quiero decir que no existe una eclesiología anglicana como tal.  A diferencia de la Iglesia católica romana no tenemos ningún tratado oficial como la Constitución Dogmática sobre la Iglesia “Lumen gentium” que forma parte de los documentos del Segundo Concilio del Vaticano. Tampoco tenemos un teólogo oficial del calibre de Lutero o Calvino que haya marcado un lineamiento claro sobre el asunto. Por eso, se puede encontrar mucha variedad de ideas eclesiológicas en los teólogos de nuestra Iglesia.
Quizá la obra de eclesiología más conocida y leída actualmente es el libro El Evangelio y la Iglesia Católica escrito por Michael Ramsey, hombre que llegó a ser Arzobispo de Canterbury. Ramsey indica que todos los principales grupos cristianos gozan de dones espirituales que contribuyen al bienestar de la Iglesia universal (“católica”) de Cristo. Ningún grupo por sí solo es la Iglesia de Cristo. Sólo juntos a la Comunión de los Santos realmente son estos grupos la Iglesia. Por un lado, esta postura reconoce a los miembros de otros grupos cristianos como hermanos en el Señor, pero por otro no aclara de todo cómo podemos distinguir la Iglesia de Cristo de grupos pseudo-cristianos.
El Artículo XIX “De la Iglesia” enseña que:
La Iglesia visible de Cristo es una congregación de hombres fieles, en donde se predica la pura Palabra de Dios, y se administran debidamente los sacramentos conformes a la institución de Cristo, en todas las cosas que por necesidad se requieren para los mismos…
El artículo parece dar la pauta para una eclesiología basada en dos factores, la predicación de la Palabra y la vida sacramental. No menciona en ningún momento la organización interna de la Iglesia. Aunque es cierto que otros artículos responden un poco a las preguntas sobre el ministerio y la autoridad de la Iglesia, no expresan nada más allá de la constitución y estructura de la Iglesia visible. Por tanto, el paralelo moderno más cercano es la “eclesiología de Comunión” elaborada por el católico romano Joseph Ratzinger.
Ratzinger enseña que la totalidad de la Iglesia universal se hace presente en cada celebración (debidamente realizada) de la Santa Eucaristía en la iglesia local. Los cristianos reunidos con su pastor (el obispo o su delegado el presbítero) experimentan plena comunión (koinonía) con Cristo y con la Iglesia universal al proclamar el Evangelio y participar en el Sacramento del Cuerpo y la Sangre del Señor. En esto la cantidad de las personas no hace diferencia porque la Palabra divina y el Sacramento de la Eucaristía son los factores constituyentes de la Iglesia católica. Esta noción recupera algo del sentido paulino de la Iglesia como el Cuerpo de Cristo que experimenta la unión de sus miembros.  
Debo agregar que el Rvdo. Dr. Paul Avis, experto inglés sobre la eclesiología, ha publicado varios libros y artículos sobre la eclesiología anglicana que vienen altamente recomendados pero que todavía no he leído. 

jueves, 8 de septiembre de 2016

La Navitidad de la Bienaventurada Virgen Maria

¡Feliz Cumpleaños a la Virgen María!

Natividad de la Virgen, Pietro Lorenzetti 
Siena, Italia,  ca. 1340


Hoy observamos la Natividad de la Virgen María (08 de septiembre). Es una fecha bien establecida en las varias ediciones del Libro de Oración Común de Inglaterra y en los textos respectivos de las iglesias de la Comunión Anglicana.  Para felicitar a la  Madre del Señor ofrezco una traducción de los propios usados en la celebración de la Santa Comunión de la Iglesia de Irlanda:

Colecta del Día:
Dios Omnipotente, que miraste a la humildad de la Bienaventurada Virgen María y la elegiste para ser la madre de tu Hijo unigénito: Concede que los que hemos sido redimidos por su sangre compartamos con ella la gloria de tu reino eterno, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.


Lecturas: Isaías 61:10-11; Salmo 45:10-17; Gálatas 4:4-7; San Lucas 1:46-55

Oración Pos-Comunión:
Omnipotente y sempiterno Dios, que te dignaste elevar a la humanidad caída a través de la maternidad de la Bendita Virgen María: Concede que los que hemos visto tu gloria revelada en nuestra naturaleza humana y tu amor hecho perfecto en nuestra debilidad seamos renovados diariamente en tu imagen y conformados al modelo de tu Hijo, Jesucristo nuestro Señor. Amén.

(publicado previamente)