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miércoles, 28 de noviembre de 2018

Reflexión Bíblica para la Última Semana después de Pentecostés (2018)

Esta semana proclamamos que Jesucristo es Rey de reyes y Señor de señores, y las lecturas giran alrededor del reinado de Cristo.

Primero leemos cómo el Espíritu de Dios ungió al rey David, el rey por excelencia en ambos Testamentos, dotándole de los dones de profecía y poder; y luego el salmo 132 declara las promesas que el Señor hizo a David:

El Señor ha jurado a David un juramento, y seguramente no se retractará: "A uno de los hijos de tu cuerpo pondré sobre tu trono. Si tus hijos guardaren mi pacto, y mis testimonios que yo les enseñaré, sus hijos también se sentarán sobre tu trono para siempre". (Salmo 132:11-12)

Los cristianos vemos una referencia a Cristo en este texto, pues según los evangelios Jesús es un descendiente de David; de hecho, las masas le aclaman como “Hijo de David”. Ese título significa “mesías” o “ungido” y representa las aspiraciones del pueblo judío, aspiraciones de que Dios cumpliría las promesas a David y a su nación.

El texto del Apocalipsis describe a Jesús con el vocabulario regio: Es el soberano de los reyes de la tierra y es a quien le corresponde el imperio del universo. Siendo Cristo el alfa y la omega, el principio y el fin de todo, no hay duda de su poderío supremo.

Visto superficialmente, el evangelio parece entrar en conflicto con las demás lecturas del día. De ninguna manera Jesús refleja ese poderío del Apocalipsis cuando está ante Pilato. Ése le pregunta confundido: “¿Entonces eres rey?” No se parece a los reyes y los gobernantes que conocemos. Cristo lo aclara: “Sí, soy rey, pero mi reino no es de este mundo.”

La verdad es que Jesús es un rey diferente. Gobierna con amor más que con los trucos de poder. Nos llama, invita y convence para que nos rindamos delante de él y para que extendamos su soberanía y gracia a toda nuestra vida, y a través de nosotros, al mundo entero.


Las lecturas para el Último Domingo después de Pentecostés (2018) son 2 Samuel 23:1-7; Salmo 132:1-13(14-18); Apocalipsis 1:4b-8; San Juan 18:33-37.







miércoles, 21 de noviembre de 2018

Reflexión Bíblica para la 26.ª Semana después de Pentecostés (2018)

Esta semana para la Reflexión Bíblica comparto la homilía que escribí en el sitio 《Sermones que iluminan》.

[RCL]: 1 Samuel 1:4-20; 1 Samuel 2:1-10; Hebreos 10:11-14, (15-18),19-25; San Marcos 13:1-8

“Mantengámonos firmes, sin dudar, en la esperanza de la fe que profesamos, porque Dios cumplirá la promesa que nos ha hecho”.

Las lecturas y las oraciones de hoy nos invitan a avivar nuestra esperanza en Dios y a nutrir nuestra fe con el mensaje de las Sagradas Escrituras. En ellas aprendemos de Dios quien siempre cumple su palabra y vela por el bienestar de cada persona que confía en Él.

La epístola que escuchamos hoy es un extracto de la Carta a los Hebreos, que así se llama porque hace muchas referencias a los detalles del Antiguo Testamento y a su sistema de culto con sacerdotes, levitas, ritos de purificación y varias clases de sacrificios....Más aquí .


miércoles, 14 de noviembre de 2018

Reflexión Bíblica para la 25a Semana después de Pentecostés (2018)

Esta semana leemos el relato de la viuda que dio todo lo que tenía como una ofrenda al tesoro del templo (S. Marcos 12:41-44). Muchas veces usamos este pasaje para enseñar el valor relativo de las ofrendas, que es más valioso dar lo poco que uno tiene que dar mucho de lo que a uno le sobra. Y así es; sin embargo, hay otra lección que podemos extraer de este texto.

Esta lección es que no hay nadie que no puede ofrecer una contribución a la obra de Dios. Para la sociedad, la viuda no gozaba de ninguna importancia: Era una mujer pobre sin marido y sin dinero. Nadie la tomaba en cuenta--solo Jesús la mira y la observa porque él la conoce y la ama, y él sabe que el Padre a ella le ha dado recursos que custodiar e invertir en el reino de Dios.  Como la viuda todos hemos recibido dones, talentos y recursos de Dios para dedicar a la extensión del reino de los cielos, y por tanto todos tenemos algo que dar: Podemos ofrendar el mucho o poco dinero que tengamos, podemos orar y dar testimonio y podemos servir en la iglesia y en los lugares donde se atiende a los necesitados. Sin excepción todos podemos contribuir algo. Puede ser, como en el caso de la viuda, que nuestra pequeña ofrenda anónima y sin pretensiones sea la más importante y la más valiosa.


Las lecturas para el 25° Domingo después de Pentecostés (2018) son Rut 3:1-5, 4:13-17; Salmo 127; Hebreos 9:24-28; San Marcos 12:38-44. 

No se olvide de seguir "El Cura de Dos Mundos".

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Reflexión Bíblica para la 24ª Semana después de Pentecostés (2018)

Imagen de Rut, artista desconocido
No me pidas que te abandone y que me separe de ti, pues iré adonde vayas y viviré donde vivas, que tu pueblo es mi pueblo y tu Dios es mi Dios. (Rut 1:16 BHA)

Los buenos predicadores pueden aprovechar el libro de Rut para hablar sobre muchos temas de la fe cristiana. Históricamente, se ha usado para enseñar sobre la necesidad de salvación, el valor del Redentor (viendo a Booz como modelo de Cristo), la importancia de la fe de las mujeres y la inclusión de los no judíos al pueblo de Dios entre otros temas importantes. Con estudio y preparación cualquiera puede extraer un buen mensaje de este libro veterotestamentario.

Este domingo nuestra celebración dominical dio sitio a la administración del Santo Bautismo y a un acto de la Primera Comunión con varios niños. Aproveché la lectura de Rut para enseñar sobre nuestro compromiso de seguir a Jesucristo. Las palabras de Rut a su suegra son la expresión del sentimiento de todo creyente sincero que ha sido llamado por Dios a un encuentro con Cristo: Iré adonde tú vayas, viviré donde vivas, pues tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios. 

¡Qué lealtad! ¡Qué fidelidad! Representa el sentido de nuestros votos bautismales cuando los entendemos bien:
¿Te entregas a Jesucristo y le aceptas como tu Salvador?
     Sí, me entrego y le acepto.
¿Confías enteramente en su gracia y amor?
    Sí, confío.
¿Prometes seguirle y obedecerle como tu Señor?
    Sí, lo prometo.

El resumen de la Ley, con su llamado a amar a Dios y al prójimo, que escuchamos en el evangelio del día también tendrá mucho que decir con respecto a los votos bautismales, pero la devoción y la confianza de Rut en su suegra y el Dios de Israel nos enseñarán lo que es tener fe en nuestro Señor. 

El sermón habrá logrado el efecto deseado, pues el candidato para el bautismo, de solo cuatro años, se presentó espontáneamente cantando "He decidido seguir a Cristo".  


Las lecturas para el 24º Domingo después de Pentecostés y Domingo de Todos los Santos (2018) son Rut 1:1-18; Salmo 146; Hebreos 9:11-14; San Marcos 12:28-34. 



miércoles, 17 de octubre de 2018

Reflexión Bíblica para la 21ª Semana después de Pentecostés (2018)

Porque la palabra de Dios tiene vida y poder. Es más cortante que cualquier espada de dos filos, y penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta lo más íntimo de la persona; y somete a juicio los pensamientos y las intenciones del corazón. Nada de lo que Dios ha creado puede esconderse de él; todo está claramente expuesto ante aquel a quien tenemos que rendir cuentas. (Hebreos 4:12-15-DHH)

La Carta a los Hebreos compara la palabra de Dios con una espada de dos filos: Es cortante y poderosa, puede cambiar el destino de personas y naciones y puede transformar el mundo. Pienso que la gran mayoría de los creyentes diría que ésa es una gran verdad. Profesamos una bibliología muy elevada y una devoción a la Palabra de Dios.

El problema es que resulta un conflicto entre lo que profesamos y lo que practicamos. Decimos que amamos la palabra de Dios, pero la tratamos de otra manera. Cual espada, la dejamos en su vaina, y como una espada en su vaina, una Biblia no leída sirve para poco más que un adorno.

Si creemos que la Palabra de Dios es poderosa y que puede cambiar nuestras vidas, tenemos que sacarla de su vaina, bajándola de su estante y leyéndola. Así soltaremos el poder de esta palabra para que penetre nuestros corazones y nos transforme en verdaderos seguidores de Cristo, el Verbo eterno.

Las Lecturas para el 21º Domingo después de Pentecostés (2018) son Job 23:1-9,16-17; Salmo 22:1-15; Hebreos 4:12-16; San Marcos 10:17-31.

miércoles, 10 de octubre de 2018

Reflexión Bíblica para la 20ª Semana después de Pentecostés (2018)

En tiempos antiguos Dios habló a nuestros antepasados muchas veces y de muchas maneras por medio de los profetas. Ahora, en estos tiempos últimos, nos ha hablado por su Hijo, mediante el cual creó los mundos y al cual ha hecho heredero de todas las cosas. (Hebreos 1:1-2 DHH)

A diferencia de los dioses de varios sistemas filosóficos y religiosos, el Dios de los creyentes cristianos y el Dios de la Biblia es un Dios que habla, que se comunica con el universo, con el mundo y con la humanidad. Es un Dios que tiene algo que decirnos. Pero, ¿Cómo podemos recibir el mensaje?

La epístola a los Hebreos abre con la declaración de que Dios nos ha hablado desde los tiempos antiguos, incluso desde el primer momento de la creación. Dios habló y el universo con toda su belleza y estructura propicia para generar la gran diversidad de vida llegó a ser. Este Dios ha hablado en muchos momentos y de muchas maneras. Podemos ver las estrellas en el cielo e intuir su magnificencia; podemos escuchar sus palabras en la predicación de los profetas y en las esperanzas del pueblo de Israel, pero sobre todo podemos escuchar su voz en la voz de Jesús de Nazareth. La vida y las enseñanzas del Hijo de Dios resumidas en los Evangelios son el estándar de cualquier mensaje atribuido a Dios. Éstos juntos a los antiguos libros sagrados de Israel forman un discurso unido proveniente de un solo autor principal, Dios nuestro Padre. 

Este discurso es el mensaje de gracia, perdón y vida abundante en el amor de nuestro Creador.

Las lecturas para el 20º Domingo después de Pentecostés (2018) son Job 1:1,2:1-10; Salmo 26; Hebreos 1:1-4,2:5-12; San Marcos 10:2-16.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Reflexión Bíblica para la 18ª Semana después de Pentecostés (2018)

Llegaron a la ciudad de Cafarnaúm. Cuando ya estaban en casa, Jesús les preguntó: —¿Qué venían discutiendo ustedes por el camino? Pero se quedaron callados, porque en el camino habían discutido quién de ellos era el más importante. Entonces Jesús se sentó, llamó a los doce y les dijo: —Si alguien quiere ser el primero, deberá ser el último de todos, y servirlos a todos. (Marcos 9:33-35 DHH)

Parece que todos queremos ser grandes (y cada vez más grandes) y que queremos tener más cosas que sean más grandes. Queremos ser los primeros, los mejores y los más diestros. No solo es un eslogan político; es un estilo de vida y de pensamiento que de una u otra manera afecta toda nuestra sociedad. El problema es que malentendemos la grandeza.

El evangelio de esta semana nos enseña sobre la verdadera grandeza.

En el texto de S. Marcos leemos que los discípulos discutían sobre quién era el más importante. Podemos imaginarnos el diálogo inútil: ¡Es que soy yo!...No, hermano, aquí el grande soy yo...¡Cállense muchachos! Es que mando yo. Sabemos que su conversación no fue nada edificante, pues se apenaron cuando el Señor les preguntó de qué se trataba la discusión. 

Gracias a Dios, Jesús les aclaró de una vez que la grandeza no se trata de quién manda más o de quién se cree el más importante o de quién sale más en las fotos, sino que se trata de quién sirve más. Los más grandes son los que sirven, los que se ensucian las manos para atender a sus hermanos. Cualquier otra noción de grandeza es una vanidad ilusoria.

Las lecturas para el 18º Domingo después de Pentecostés (2018) son Proverbios 31:10-31; Salmo 1; Santiago 3:13-4:3,7-8a; San Marcos 9:30-37.

martes, 18 de septiembre de 2018

Reflexión Bíblica para la 17a Semana después de Pentecostés (2018)

La Reflexión Bíblica de la Semana es cortesía Sermones que Iluminan:

RCL: Proverbios 1:20-33; Salmo 19; Santiago 3:1-12; San Marcos 8:27-38
Si nos detenemos para reflexionar sobre las lecturas de este domingo podemos escuchar la respuesta de la sabiduría divina a las circunstancias actuales del mundo y podemos aprender dos lecciones para nuestras vidas.
Frente a situaciones tales como gobiernos que reprimen a sus ciudadanos en nombre de sus pueblos, discursos que nos dividen en lugar de unirnos y la corrupción que va en aumento a pesar de los reclamos constantes por la justicia y los valores, podemos escuchar la voz de Dios preguntándonos y también invitándonos: “¿Hasta cuándo amarán la inexperiencia y hallarán placer en sus burlas y despreciarán el saber?” y “Presten atención a mis correcciones, y yo los colmaré de mi espíritu; les daré a conocer mis pensamientos”.
Ya conocemos el fenómeno que el libro de Proverbios nos plantea hoy. En algún momento hemos conocido la frustración: Buscamos respuestas a nuestras preguntas y soluciones a nuestros problemas, pero no las encontramos. Decimos que queremos una cosa, pero logramos otra. Por ejemplo, decimos que queremos paz, pero entramos en más conflictos innecesarios. Decimos que queremos una sociedad más justa y una vida mejor, pero no queremos esforzarnos para lograr estos deseos. La verdad es que el ser humano parece vivir la insensatez. En el vocabulario de la lectura del Antiguo Testamento, a menudo somos “inexpertos, burlones y necios”... La reflexión continúa aquí.

martes, 11 de septiembre de 2018

Reflexión Bíblica para la 16ª Semana después de Pentecostés (2018)



El rico y el pobre tienen algo en común: a los dos los ha creado el Señor. (Proverbios 22:2)

Ustedes hacen bien si de veras cumplen la ley suprema, tal como dice la Escritura: “Ama a tu prójimo como a ti mismo.” Pero si hacen discriminaciones entre una persona y otra, cometen pecado y son culpables ante la ley de Dios. (Santiago 2:8-9)


Es relativamente fácil caer en el pecado señalado en las lecturas de esta semana: el favoritismo.
Es natural. Tenemos una afinidad con los que son como nosotros, con los que hablan nuestra lengua, con los que viven en nuestro barrio, con los tienen las mismas ideas o que se parecen a los nuestros y con los que comparten nuestro mismo estrato social. Y hasta cierto punto el querer encontrar estas afinidades es algo positivo que nos ayuda a practicar la virtud de la solidaridad.
El problema surge cuando nuestra afinidad con algunos resulta en prejuicios contra otros, cuando ya no queremos atender bien a algunos porque no son como nosotros y los nuestros. Eso sí está mal. Muy mal.
Está mal, y es pecado porque las Sagradas Escrituras dicen que todos, sin excepción, tenemos por lo menos una cosa en común: Todos fuimos creados por el mismo Dios (Prov. 22:2). Ricos y pobres, judíos y gentiles, todos los seres humanos tenemos el mismo origen. Dios nos ha hecho a su imagen y semejanza y, por tanto, en lo que más importa somos iguales.  Ésta es una verdad fundamental, y el que no la entiende todavía no ha entendido el mensaje de la Biblia. En vista de ella, los prejuicios, los favoritismos y los recelos étnicos y  cualquier orgullo excesivo sobre aspecto de nuestra identidad son incompatibles con la fe en Jesucristo.
Las lecturas para el 16º Domingo después de Pentecostés (2018) son Proverbios 22:12,8-9,22-23; Salmo 125; Santiago 2:1-10,14-17; San Marcos 7:24-37.  
Nota a los lectores: Estoy trabajando en una nueva serie de cuestiones litúrgicas y el diseño de un posible programa de eduación teológica gratuita en español en base los recursos ya existentes en línea.  

miércoles, 5 de septiembre de 2018

Reflexión Bíblica para la 15ª Semana después de Pentecostés (2018)


Las lecturas de esta semana, en su conjunto, nos explican el nexo entre la religión, nuestro corazón y nuestras acciones.

Mosaico romano de un pescado en Chipre.
La lectura del Cantar de los Cantares, según la interpretación simbólica tradicional, da una muestra del romance entre el Dios y el alma. Dios nos llama con su amor y bondad para que respondamos y acudamos a su presencia y para que obedezcamos su ley más por la buena voluntad que por el mandato. (Tal interpretación no invalida la interpretación literal de esta poesía nupcial.) El Salmo 45 nos ofrece un texto algo similar, pues es el canto al rey bendecido por el Señor. Ambos poemas nos avecinan la fe a los afectos y al gozo de la verdadera piedad.

La Carta de Santiago nos sirve de Reality check, que nos quita las ilusiones falsas en cuanto a una religión solamente de emociones y afectos. La religión pura y sin mancha delante de Dios el Padre es ésta: ayudar a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y no mancharse con la maldad del mundo. (Santiago 1:27). La fe y la religión deben llevarnos a la acción en pro de los vulnerables y necesitados. Dirían los reformadores magistrales que la fe verdadera produce buenas obras como el árbol sano produce buenos frutos para la cosecha.

El evangelio del domingo da una segunda dosis de la misma medicina. Jesús deja claro que para Dios la religión no es puramente una cuestión de ritos y procedimientos; es cuestión de la conciencia (el corazón). Si tenemos el corazón envenenada, no servirá distinguir entre alimentos puros e impuros, pues es el corazón vicioso que produce todo lo que nos mancha con la maldad.

Las lecturas para el 15º Domingo después de Pentecostés son Cantares 2:8-13; Salmo 45:1-2, 7-10; Santiago 1:17-27; San Marcos 7:1-8, 14-15, 21-23.

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miércoles, 8 de agosto de 2018

Reflexión Bíblica para la Semana de la Transfiguración (2018)

Rafael, La Transfiguración
Cada 06 de agosto—incluso si esta fecha es un domingo— la Iglesia celebra la festividad de la Transfiguración del Señor para conmemorar la revelación de la divinidad de Jesucristo a los apóstoles Pedro, Santiago y Juan en la presencia de Moisés y Elías. El Nuevo Testamento incluye cuatro relatos sobre el acontecimiento, lo que demuestra su importancia para los primeros cristianos. (Los cuatro relatos son Mateo 17:1-8; Marcos 9:2-13; Lucas 9:28-36; y 2 Pedro 1:16-21.) Es el tema de muchas obras de arte religioso y de los grandes maestros de la espiritualidad: La luz divina se revela en la oración y la vida contemplativa.

 Seis días más tarde llamó Jesús a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña elevada. Delante de ellos se transfiguró: su rostro resplandeció como el sol y su ropa se volvió blanca como la luz. De pronto se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. (Mateo 17:1-3)

Al parecer la celebración litúrgica de la Transfiguración siempre ha sido favorecida entre los cristianos ortodoxos del Oriente pero que no recibía tanta atención en las comunidades del Occidente hasta el siglo XX, cuando se extendió entre las iglesias de la Comunión Anglicana, especialmente en Gran Bretaña y los Estados Unidos. La conmemoración fue adoptada con entusiasmo por sus bases bíblicas y porque fue una señal de la solidaridad ecuménica y la unidad cristiana.

Irónicamente, durante ese mismo periodo, por influencia de académicos alemanes, se promovió la idea que la Transfiguración sólo era un mito cristiano careciente de valor histórico, introducido en la historia de la vida de Jesús para resaltar el relato posterior de la Resurrección. Lo extraño de este concepto es que las afirmaciones bíblicas de la Transfiguración, aparte de ser múltiples, precisamente insisten que no son ni mitos ni cuentos, sino testimonios acerca de un evento concreto de la historia:

Porque cuando les anunciamos el poder y la venida del Señor nuestro Jesucristo, no nos guiábamos por fábulas ingeniosas, sino que habíamos sido testigos oculares de su grandeza. En efecto, él recibió de Dios Padre honor y gloria, por una voz que le llegó desde la sublime Majestad que dijo: Éste es mi Hijo querido, mi predilecto. Esa voz llegada del cielo la oímos nosotros cuando estábamos con él en la montaña santa. (2 Pedro 1:16-18)

En lugar de interpretar el texto bíblico los promotores de la “desmitologización” de la Transfiguración introdujeron sus ideas preconcebidas a sus estudios. Es decir que estudiaron sus prejuicios filosóficos más que el Nuevo Testamento. El mismo texto que afirma de la historicidad de la Transfiguración nos advierte que no debemos interpretar la Palabra de Dios según criterios personales:

Pero deben saber ante todo que nadie puede interpretar por sí mismo una profecía de la Escritura, porque la profecía nunca sucedió por iniciativa humana, sino que los hombres de Dios hablaron movidos por el Espíritu Santo. (2 Pedro 1:20-21)

Cualquiera que trabaje en base de un sistema ideológico, sea “conservador” o “crítico” corre con este riesgo y de alguna manera u otra todos lo hacemos. La “mitología” de la Transfiguración no es la única idea crítica que ha sido desacreditada con los años pero es suficiente para acordarnos que las Sagradas Escrituras son más importantes que nuestros sistemas filosóficos, prejuicios e idiosincrasias, pues las Escrituras son la Palabra de Dios.

Las lecturas para fiesta de la Transfiguración son Éxodo 34:29-35; Salmo 99; 2 Pedro 1:13-21; San Lucas 9:28-36. 


Este post es adaptado de textos previamente publicados en "El Cura de Dos Mundos". 

jueves, 2 de agosto de 2018

Reflexión Bíblica para la Décima Semana después de Pentecostés (2018)


Retrato imaginario de Fernando II de León
por Isidoro Lozano, 1850
Sin duda el rey David se encuentra entre los personajes más importantes y atractivos de la Biblia: valiente en la batalla, consolador del rey Saúl, amigo, poeta, músico y gobernante sagaz, pero cuando lo vemos luego en el capítulo 11 de 2 Samuel, se ve repugnante e impulsivo con comportamiento adultero y asesino. ¿Por qué la Biblia nos cuenta esta terrible historia de David y Betsabé?

Supongo que hay varias razones por las cuales Dios inspiró al hagiógrafo a escribir esta historia, pero quiero resaltar solo una: Aparte de querer ser fiel a los hechos, el Señor quiso enseñarnos que todos, incluso los más grandes e importantes, somos pecadores. Como dice el salmo: Todos se desviaron, a una se han corrompido; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno (Salmo 14:3). Todos hemos fallado y nos vemos con la obligación de buscar el perdón. Si ni siquiera David, un rey ungido por Dios, se escapó del pecado, no debemos engañarnos pensando que seremos ilesos de la infección de la maldad. Si David tenía de arrepentirse, nosotros también tenemos que arrepentirnos y volver al Señor. Quizás nos ayude acordarnos de nuestras promesas bautismales:  ¿Perseverarás en resistir al mal, y cuando caigas en pecado, te arrepentirás y te volverás al Señor? 
Así lo haré, con el auxilio de Dios. (LOC 225)

Las lecturas para el Décimo Domingo después de Pentecostés son 2 Samuel 11:1-15; Salmo 14; Efesios 3:14-21; San Juan 6:1-21.

martes, 24 de julio de 2018

Reflexión Bíblica para la Novena Semana después de Pentecostés


Imagen de la Sagrada Familia
 cortesía de C. Messier
Las lecturas para el Noveno Domingo después de Pentecostés nos llaman a reflexionar sobre una imagen bíblica muy interesante. Esta imagen es la figura del templo escatológico que Dios promete construir por el descendiente (“hijo”) del rey David (2 Samuel 7:13). En la época del ministerio terrenal de Jesús, éste fue un pasaje interpretado como una profecía mesiánica: Dios enviaría el rey verdadero, un descendiente de David, que construiría un templo permanente lleno de la presencia de Dios y que gobernaría para siempre. Para una nación abatida durante siglos fue un mensaje esperanzador.

Los primeros cristianos no se quedaron atrás con sus expectativas y esperanzas, pues vieron en Jesús al que las cumpliría. Se nota en Juan 2:20-22, por ejemplo, que Jesús desafiaba la existencia del templo de Jerusalén, proponiendo su cuerpo como sustituto, y eso parece ser el sentido del mensaje de San Pablo a los efesios (Efesios 2:22): Dios está construyendo el templo escatológico del cuerpo de Cristo, del cual los creyentes somos miembros. Dios tiene manos a la obra para prepararnos para que seamos las piedras pulidas con que él edificará el lugar de su habitación espiritual permanente. Dios quiere vivir en medio de nosotros, su pueblo redimido, y por medio del Espíritu Santo está trabajando en nuestras vidas para lograr ese propósito.  

Las lecturas para el Noveno Domingo después de Pentecostés son 2 Samuel 7:1-14a; Salmo 89:20-37; Efesios 2:11-22; San Marcos 6:30-34,53-56.

miércoles, 18 de julio de 2018

Reflexión Bíblica para la Octava Semana después de Pentecostés

Cortesía Palabradevda.com
A menudo me doy cuenta de que algunas personas se extrañan cuando miran a otros leer libros de teología o cuando empiezan a estudiar los comentario bíblicos, o los documentos históricos de la iglesia--¿Por qué quieren leer esos libros tan grandes y complicados? ¿Para qué sirve tanto estudio?

El estudio de la teología y sus afines (como cualquier tema de reflexión seria) sirve para muchos propósitos, pero el principal es el de hacernos entender mejor el mensaje de las Sagradas Escrituras. 

Un ejemplo claro es el primer capítulo de Efesios:

Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, pues en Cristo nos ha bendecido en los cielos con toda clase de bendiciones espirituales. Dios nos escogió en Cristo desde antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos y sin defecto en su presencia. Por su amor, nos había destinado a ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo, hacia el cual nos ordenó, según la determinación bondadosa de su voluntad. (Efesios 1:3-5 DHH)

Dada la manera de escribir que empleó San Pablo, cualquiera se puede enredar con este texto. (¡A pesar de la puntuación de las ediciones modernas, en griego Efesios 1:3-14 parece ser una sola oración larguísima!) Por eso, la tarea de la reflexión teológica es ayudarnos a desempacar los conceptos más densos y complicados a la hora de estudiar la Biblia. Nos enseña a leer con detalle, a cuestionar y tratar de compaginar el texto en nuestras manos con otros textos de las Escrituras, y nos enseña a usar mucha cautela cuando queremos enseñar “lo que la Biblia dice”.

Resumido en pocas palabras, el pasaje nos enseña que Dios siempre nos ha amado y nos ha preparado para participar en su vida gloriosa.

La tradición encuentra en Efesios 1:3-14 uno de los textos fundamentales para la doctrina de la elección y la predestinación: Que desde la eternidad Dios nos bendijo, nos escogió, nos preparó, nos destinó a ser sus hijos y nos ordenó según su buena voluntad. Se compara con Romanos 8:28-30 que expresa algo muy parecido, a saber, que Dios obra en nosotros para que lleguemos a compartir la gloria de Cristo. Al tomar en cuenta estos dos pasajes, nos ratifica que nuestra salvación es la obra de Dios y no algo que nosotros logramos. Por consecuencia, confesamos que Dios nos ama y que nos salva por una decisión tomada antes de crear el mundo, y eso nos ayuda a evitar el engaño de pensar que Dios nos ama por ser buenos o justos como a veces creemos y nos protege de la tentación de creer que podemos ganar lo que el Señor nos da libremente.

Las lecturas para el Octavo Domingo después de Pentecostés (2018) son 2 Samuel 7:1-14a;
Salmo 89:20-37; Efesios 2:11-22; San Marcos 6:30-34, 53-56.



miércoles, 11 de julio de 2018

Reflexión Bíblica para la Séptima Semana después de Pentecostés (2018)



Y me alegro también de las debilidades, los insultos, las necesidades, las persecuciones y las dificultades que sufro por Cristo, porque cuando más débil me siento es cuando más fuerte soy. (1 Corintios 12:10)

En la epístola del domingo escuchamos algo sorprendente: nuestra debilidad es nuestra mayor fortaleza. Suena contradictorio, pero es una gran verdad la que el apóstol nos enseña.

De una u otra manera, todos somos débiles. Claro, todos tenemos habilidades y virtudes; todos somos capaces de lograr cosas importantes, pero todos en algo fallaremos. A todos, tarde o temprano, vendrán desafíos que no podemos sobrellevar por cuenta propia. Cuando intentamos superar estos desafíos con nuestras propias fuerzas, éstas desvanecen y tenemos que buscar a Dios. Sólo Dios nos puede suplir la fortaleza para superar los retos que el ser humano encuentra.

San Pablo escribió que se alegraba de sus debilidades porque sabía que cuando más débiles nos sentimos es cuando somos más fuertes. Somos más fuertes en nuestros tiempos de crisis porque en esos momentos nos damos cuenta de que dependemos totalmente de Dios. Los problemas graves de la vida como la enfermedad, la muerte de un familiar, los conflictos prolongados nos liberan del autoengaño que nos lleva a creernos los más capaces y nos orientan hacia la fuente de nuestra existencia que es Jesucristo. Cuando todo parece ir en contra de nosotros, también podemos escuchar las palabras del Señor: Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad (2 Cor. 12:9).

Las lecturas para el Séptimo Domingo después de Pentecostés (2018) son 2 Samuel 5:1-5, 9-10; Salmo 48; 2 Corintios 12:2-10; San Marcos 6:1-13.

Hay muchas noticias que están saliendo de la Convención General de la Iglesia Episcopal, actualmente en sesión en la ciudad de Austin, Texas. Luego escribiré sobre los acontecimientos que creo que son los más importantes para el lectorado. 

martes, 26 de junio de 2018

Reflexión Bíblica para la Quinta Semana después de Pentecostés (2018)

Cuando el filisteo miró a David, y vio que era joven, de piel sonrosada y bien parecido, no lo tomó en serio. (1 Samuel 17:33)


"David y Goliat" por Miguel Ángel, la Capilla Sixtina
Las apariencias engañan. David era un muchacho cuando peleó con Goliat. Era pequeño y realmente no tenía por qué entrar en la batalla, pues solamente llegó al campamento del ejército para llevar provisiones a sus hermanos. Por la apariencia nadie habrá pensado que era el hombre más valiente de Israel. Cuando por fin convenció al rey a permitirle lidiar con el filisteo, ni siquiera pudo revestirse con la armadura de combate y el enemigo se rio por ver tal pequeñez delante de él. Sin embargo, David ganó la batalla. Venció al filisteo y liberó su pueblo de la opresión de sus enemigos.

¿Cómo David, siendo tan pequeño, pudo ganar la batalla? Ganó porque su pequeñez lo hizo ágil, ganó porque las experiencias difíciles le enseñaron a usar las herramientas que estaban a su alcance, ganó porque su enemigo lo subestimó, pero sobre todo ganó porque confió en el poder supremo de Dios. El Dios en que David confió era, y es, más grande que cualquier problema o gigantón.

David se veía pequeño pero contaba con el poder de Dios. Lo mismo suele pasar con nosotros. Los problemas se ven muy grandes y nos sentimos muy pequeños delante de ellos. Cualquiera diría que estos problemas acabarán con nosotros, pero las apariencias engañan. Si confiamos en el Dios que ayudó a David, si confiamos en el mismo Dios que levantó a Cristo de entre los muertos, podemos vencer los problemas como David venció a Goliat porque Dios es quien pelea por nosotros.

Las lecturas para el Quinto Domingo después de Pentecostés (2018) son 1 Samuel 17:(1a, 4-11, 19-23), 32-49; Salmo 9:9-20; 2 Corintios 6:1-13; San Marcos 4:35-41. 

miércoles, 20 de junio de 2018

Reflexión Bíblica para la Cuarta Semana después de Pentecostés (2018)

El domingo recién pasado fue el Día del Padre en los Estados Unidos y en algunos otros países y, aunque no se trata de una conmemoración litúrgica, decidí predicar sobre el tema de la paternidad. Eso fue inusual porque tengo la costumbre de siempre predicar en base del leccionario o la fiesta en el calendario eclesiástico.  Lo que sigue es una reflexión sobre las similitudes entre la elección del rey David y la del pueblo de Israel basada en la primera lectura del día.

La lectura de 1 Samuel 15:34-16:13 es una de las citas principales para entender el personaje de David en la tradición bíblica porque se trata de la elección de David por Dios mismo. Se establece que el rey David (y por tanto su descendencia) fue elegido por mandato divino para gobernar su pueblo. Esta elección comparte varios detalles con la elección de Israel para ser el pueblo Dios:

  1. Hubo un rechazo del poder previo por su desobediencia. Las naciones de la antigüedad abandonaron al Creador siguiendo el camino de la idolatría y por tanto fueron rechazados por Dios (Cf. Romanos 1:18-25). Saúl desobedeció a Dios y perdió su legitimidad (1 Samuel 16:1).
  2. No es elegido por su grandeza o apariencia física. Las otras naciones siempre eran más grandes de Israel y los hermanos de David eran mayores y más grandes que él, pero entre los pueblos e imperios de su tiempo el Señor eligió a Israel (Deuteronomio 14:2). Dios mira el corazón y no las apariencias y por eso seleccionó a David a pesar de ser el más pequeño (1 Samuel 16:7).
  3. Recibe el Espíritu de Dios como resultado de su elección. Al constituirse una nación cuando Israel recibió la Ley también recibió el poder del Espíritu de Dios para cumplir la misión que Dios le encomendó (Números 11:25). David recibió el Espíritu que “estuvo sobre él poderosamente” (1 Samuel 16:13).

Unción de David, 3er Siglo
Los paralelos entre David y el pueblo de Israel aumentan con la lectura de otros pasajes davídicos en el Antiguo Testamento. Para los cristianos es esencial entender el papel de David en la Biblia, pues en el Nuevo Testamento Jesús es presentado como heredero del linaje de David y el cumplimiento de las promesas de Dios hacia David y el pueblo de Israel. En resumen, para entender a Jesús tenemos que aprender más sobre David.  

Las lecturas para el Cuarto Domingo después de Pentecostés (2018) son 1 Samuel 15:34-16:13; Salmo 20; 2 Corintios 5:6-10(11-13)14-17; San Marcos 4:26-34. 

miércoles, 13 de junio de 2018

Reflexión Bíblica para la 3a Semana después de Pentecostés (2018)

...pues decían que se había vuelto loco.(S. Marcos 3:21)

Siempre pensamos en Jesucristo como el modelo perfecto de la cordura, pero no todos los que lo conocieron pensaron igual: Algunos miembros de su familia temían que se había enloquecido. Es una experiencia para la cual los discípulos de Jesús debemos estar preparados. Nuestros familiares y amigos no siempre estarán contentos con nosotros cuando seguimos al Señor. Pueden surgir conflictos y discusiones no agradables. Hasta dirán que nos hemos vuelto locos o fanáticos. Si le hicieron esto a nuestro Maestro, no es de extrañar que nos pase lo mismo.

¿Pero por qué? La gente puede pensar que tenemos todo al revés o que nos hemos enloquecido porque cuando seguimos a Cristo, actuamos a partir de valores distintos que los valores de la sociedad general. Como cristianos, priorizamos la verdad, la vida y el servicio a los demás sobre la egolatría, el poder político y la conveniencia personal. Tenemos que prepararnos porque, tarde o temprano, habrá un choque de valores que desafiará la comodidad de nuestras relaciones y amistades. Algún familiar nos dirá loco o fanático y quizá ya no recibiremos tantas invitaciones a las fiestas de los amigos.

Nuestro consuelo es que la declaración de los que seguimos al Señor y que hacemos caso a su Palabra somos su “madre, hermano y hermana”. Nuestro consuelo es que somos la familia de Dios y que hay espacio para todos.

Las Lecturas para el 3er Domingo después de Pentecostés (2018) son 1 Samuel 8:4–11, (12–15), 16–20, (11:14–15); Salmo 138; 2 Corintios 4:13–5:1; San Marcos 3:20–35.

martes, 5 de junio de 2018

Reflexión Bíblica para la 2ª Semana después de Pentecostés (2018)

 “No nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor; nosotros nos declaramos simplemente servidores de ustedes por amor a Jesús.”  (2 Corintios 4:5)
 
Vivimos en tiempos en que los medios de comunicación y las redes sociales nos abruman por el exceso de opiniones y comentarios de todo tipo. Personas conocidas y desconocidas llenan el mundo cibernético con más ideas, consejos y opiniones de las que realmente podemos asimilar. En medio de tanto discurso electrónico hay personas que se preguntan qué mensaje ofrece la Iglesia para el pueblo de Dios en estas circunstancias en las que vivimos....

El resto de la reflexión bíblica para esta semana se encuentra en la página de Sermones que Iluminan.

Las lecturas para el Segundo Domingo después de Pentecostés (2018) son 1 Samuel 3:1-10 (11-20); Salmo 139:1-5, 12-17; 2 Corintios 4:5-12; San Marcos 2:23-3:6.

miércoles, 30 de mayo de 2018

Reflexión Bíblica para la Primera Semana después de Pentecostés: Santísima Trinidad

Sanctus, Sanctus, Sanctus 
Para muchos predicadores el dogma de la Santísima Trinidad se convierte en un campo de minas explosivas que atenta contra toda su capacidad de enseñar, pues cualquiera que quiera simplificar las relaciones entre las Tres Divinas Personas terminará comunicando alguna de las antiguas herejías y rechazadas por los fieles. Por eso es tan importante usar los credos de la Iglesia a la hora de catequizar. 

Cuando hablo de la Trinidad, prefiero enfatizar las maneras en que Dios revela su carácter trinitario. La lectura de Isaías 6 nos provee un ejemplo: Con rostro velado los querubines adoran al Señor cantando ¡Santo!¡Santo!¡Santo! Algunos dirán que este ejemplo no comprueba la doctrina de que Dios es Uno y Tres a la vez; sin embargo, el canto celestial nos deja ver que algo de la naturaleza divina sobrepasa un carácter puramente singular. Es una pauta, una pista, de lo que se va esclareciendo sobre el curso de la historia sagrada.

Siguiendo el patrón de San Agustín de Hipona, el teólogo reformado John Frame ha elaborado un listado enorme de ejemplos de estos tríos divinos encontrados en las Sagradas Escrituras, la tradición teológica y en el naturaleza del universo en su tomo The Doctrine of God (esp. La doctrina de Dios). Vale la pena explorar estudios como el de Frame para entender el concepto de la Trinidad.

Las lecturas para el Domingo de la Santísima Trinidad son Isaías 6:1-8; El Cántico de Alabanza, Romanos 8:12-17; San Juan 3:1-17.