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jueves, 29 de diciembre de 2022

Quinto Día de la Navidad: Haciendo planes

¡Feliz Navidad a todos!

Al llegar al fin de año, además de formar los propósitos para el año nuevo, vale la pena hacer planes. Digo eso porque, como nos pasa a casi todos, mis propósitos de año nuevo siempre fallan en la primera semana de febrero si no han expirado en la segunda semana de enero. Pero, cuando hago planes, duran mucho más mis fallidos propósitos. La moraleja es que más vale hacer planes que propósitos.

La diferencia entre los planes y los propósitos es que por lo general los propósitos quedan en el nivel de sentimiento y muchas veces en los sentimientos de culpa o meros deseos: Hacer dieta, perder peso, dejar de fumar o beber, liberarse de deudas. Siendo una expresión de nuestros deseos, los propósitos nos pueden orientar hacia una meta, pero son insuficientes para lograr esos deseos.  

Para lograr un propósito de cualquier tipo, se necesita establecer una meta y formar un plan. Confieso que no siempre cumplo con mis planes, pero siempre los cumplo mucho más que mis propósitos.

Este año quiero hacer muchos planes, pero la clave es que sean planes, no solo propósitos, y acciones, solo no deseos. Aunque uno puede tener el plan en mente, como Dios se lo dijo a Habacuc (2:2), es mejor escribir tus planes.

Comparto ejemplos de mis planes para el 2023.

Planes de leer: Como mínimo, voy a leer El Asedio, El Francotirador paciente y La Hermandad de la Sábana Santa durante los primeros seis meses del año, y en junio prepararé un listado de lecturas para el resto del año.

Planes de escribir: Voy a preparar entradas de El Cura de Dos Mundos para todas las semanas, voy a escribir mis contribuciones asignadas para Sermones que Iluminan, y voy a escribir, como mínimo, seis secciones de un proyecto de libro que comencé hace algunos años.

Planes de estudiar:  Voy a inscribirme en un programa sobre el manejo de conflictos en las organizaciones.

Planes de viajar: Voy a dirigir una Peregrinación a Turquía y Grecia (14-24 de octubre del 2023) para conocer más de la Biblia, especialmente sobre los ministerios de San Juan y San Pablo.  Ya lo estoy organizando con miembros de mi comunidad y todavía hay puestos disponibles para personas interesadas. Más información abajo.*

Sé que ningún plan es perfecto y todo plan está sujeto a la condición de “si Dios quiere” (Santiago 4:15) y el dicho “El hombre propone, pero Dios dispone”; sin embargo, un buen plan, un plan que se puede revisar y mejorar, en verdad sirve para que nuestros propósitos se vuelan realidades cumplidas.

 

*Información sobre la Peregrinación a Turquía y Grecia (14-24 de octubre del 2023): Viaje de 10 días que incluye boletos aéreos (Boston-Estambul/Atenas-Boston), hoteles, transporte interno y las entradas a todos los sitios, guías en español, crucero entre las islas griegas, comidas principales. Los sitios son de interés bíblico e histórico con énfasis en San Pablo y San Juan—Estambul, Troya, las Siete Ciudades del Apocalipsis, Éfeso, Patmos, Santorini, Creta, Corinto, Atenas y más. Si desea más información, escríbame a curadosmundos@gmail.com

lunes, 5 de diciembre de 2022

Pensando en el Adviento 2: Tonos del azul

Durante una parte de mi adolescencia, escribí poemas. Ahora todos están perdidos, pero en su momento algunos fueron publicados en revistas literarias locales o universitarias que, por mi fortuna, ya no existen.

 De todos los poemas que escribí solo hubo uno que quisiera poder leer de nuevo; se trataba del Adviento. El paisaje de mi tierra natal, la zona de las Apalaches que se llama “la cresta azul”, me inspiró a pensar en el aquel mundo frío que esperaba el nacimiento de Cristo y en la expectativa de la venida definitiva del Señor para traer luz y vida a la humanidad.

El frío de los primeros días del invierno y la vista de las antiguas montañas que se tornaban cada tono de azul posible, de celeste a morado, me parecían excelentes íconos del Adviento. El frío y la oscuridad de los días más cortos dan ocasión a recordar que el Adviento es una época penitencial. Los azules tan evocativos de las montañas me marcaron mucho, imprimiéndose en mi imaginación, al tal punto que asocio esa gama de colores con la preparación espiritual para el nacimiento del Señor.

 En años recientes ha crecido la tendencia de ofrecer oficios religiosos para las personas afligidas por la tristeza o el duelo durante la época festiva. Es fácil que se nos olvide que, para muchos, las fiestas de Navidad y del fin de año no son tan alegres por pérdidas o experiencias del pasado que les impiden celebrar. Recordemos que también hay muchas personas que sufren por la falta de luz natural al acercarse a los días más cortos del año, por lo menos para los que estamos en el hemisferio norte. Llaman a estos oficios servicios de “Navidad azul” porque dan espacio a la gente para experimentar sus sentimientos sin juicio o extrañeza. (En el mundo anglófono, se asocia el color azul con la tristeza.)  

Aunque nunca he presidido ninguno de esos oficios “azules”, me parece que son un buen aporte al pueblo cristiano. Al expresar nuestra tristeza o dolor, de una manera también confesamos nuestra fe en aquel que viene para juzgar a los vivos y a los muertos y para traer la sanación de nuestras dolencias.

 Como me pasó en aquel tiempo de inspiración, siempre tengo con la extraña sensación de querer más Adviento y de que ojalá durara más esta época de esperanza y expectativa. Quiero seguir cantando “Oh ven, oh ven Emanuel” y escuchando la prédica de San Juan Bautista: ¡Arrepiéntanse, raza de víboras! (San Mateo 3:2)

viernes, 30 de noviembre de 2018

Pensando en San Andrés y el testimonio

Uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús, era Andrés, hermano de Simón Pedro. Al primero que Andrés se encontró fue a su hermano Simón, y le dijo: Hemos encontrado al Mesías, que significa: Cristo. Luego Andrés llevó a Simón a donde estaba Jesús; cuando Jesús lo vio, le dijo:Tú eres Simón, hijo de Juan, pero tu nombre será Cefas, que significa: Pedro. (Juan 1:40-42)

Hoy la Iglesia celebra y conmemora al apóstol San Andrés que por tradición es el patrón de los misioneros. Es una tradición comprensible, pues fue la primera persona en los evangelios que invita a alguien más a conocer Jesús. En el caso de Andrés, el invitado fue su hermano Simón Pedro. Lo importante de todo eso es que Andrés dio testimonio de lo que había visto y experimentado.

Para mí guardar la memoria de San Andrés me recuerda de mi propia necesidad de compartir lo que Cristo ha hecho por mí y de anunciar lo que él ofrece a todos: Su gracia y amor.

En tiempos de controversia y pleito es importantísimo que los cristianos mantengamos lo positivo del amor de Dios delante de nuestros ojos y que compartamos nuestro testimonio de cómo la gracia está transformando nuestras vidas. Podemos hablar del perdón, del consuelo que Dios nos ha dado, de las sanaciones y de todas cosas que salieron mejor de lo esperábamos o merecíamos.

Este testimonio honesto es liberador tanto para el que lo comparte como para el que lo escucha. Nos ayuda a evitar las máscaras falsas y da la esperanza de que nadie está demasiado lejos para recibir la gracia de Cristo que tanto nos ama.

Hoy seamos todos misioneros y pregonemos: ¡Hemos encontrado al Mesías!


miércoles, 28 de noviembre de 2018

Reflexión Bíblica para la Última Semana después de Pentecostés (2018)

Esta semana proclamamos que Jesucristo es Rey de reyes y Señor de señores, y las lecturas giran alrededor del reinado de Cristo.

Primero leemos cómo el Espíritu de Dios ungió al rey David, el rey por excelencia en ambos Testamentos, dotándole de los dones de profecía y poder; y luego el salmo 132 declara las promesas que el Señor hizo a David:

El Señor ha jurado a David un juramento, y seguramente no se retractará: "A uno de los hijos de tu cuerpo pondré sobre tu trono. Si tus hijos guardaren mi pacto, y mis testimonios que yo les enseñaré, sus hijos también se sentarán sobre tu trono para siempre". (Salmo 132:11-12)

Los cristianos vemos una referencia a Cristo en este texto, pues según los evangelios Jesús es un descendiente de David; de hecho, las masas le aclaman como “Hijo de David”. Ese título significa “mesías” o “ungido” y representa las aspiraciones del pueblo judío, aspiraciones de que Dios cumpliría las promesas a David y a su nación.

El texto del Apocalipsis describe a Jesús con el vocabulario regio: Es el soberano de los reyes de la tierra y es a quien le corresponde el imperio del universo. Siendo Cristo el alfa y la omega, el principio y el fin de todo, no hay duda de su poderío supremo.

Visto superficialmente, el evangelio parece entrar en conflicto con las demás lecturas del día. De ninguna manera Jesús refleja ese poderío del Apocalipsis cuando está ante Pilato. Ése le pregunta confundido: “¿Entonces eres rey?” No se parece a los reyes y los gobernantes que conocemos. Cristo lo aclara: “Sí, soy rey, pero mi reino no es de este mundo.”

La verdad es que Jesús es un rey diferente. Gobierna con amor más que con los trucos de poder. Nos llama, invita y convence para que nos rindamos delante de él y para que extendamos su soberanía y gracia a toda nuestra vida, y a través de nosotros, al mundo entero.


Las lecturas para el Último Domingo después de Pentecostés (2018) son 2 Samuel 23:1-7; Salmo 132:1-13(14-18); Apocalipsis 1:4b-8; San Juan 18:33-37.







miércoles, 21 de noviembre de 2018

Reflexión Bíblica para la 26.ª Semana después de Pentecostés (2018)

Esta semana para la Reflexión Bíblica comparto la homilía que escribí en el sitio 《Sermones que iluminan》.

[RCL]: 1 Samuel 1:4-20; 1 Samuel 2:1-10; Hebreos 10:11-14, (15-18),19-25; San Marcos 13:1-8

“Mantengámonos firmes, sin dudar, en la esperanza de la fe que profesamos, porque Dios cumplirá la promesa que nos ha hecho”.

Las lecturas y las oraciones de hoy nos invitan a avivar nuestra esperanza en Dios y a nutrir nuestra fe con el mensaje de las Sagradas Escrituras. En ellas aprendemos de Dios quien siempre cumple su palabra y vela por el bienestar de cada persona que confía en Él.

La epístola que escuchamos hoy es un extracto de la Carta a los Hebreos, que así se llama porque hace muchas referencias a los detalles del Antiguo Testamento y a su sistema de culto con sacerdotes, levitas, ritos de purificación y varias clases de sacrificios....Más aquí .


miércoles, 14 de noviembre de 2018

Reflexión Bíblica para la 25a Semana después de Pentecostés (2018)

Esta semana leemos el relato de la viuda que dio todo lo que tenía como una ofrenda al tesoro del templo (S. Marcos 12:41-44). Muchas veces usamos este pasaje para enseñar el valor relativo de las ofrendas, que es más valioso dar lo poco que uno tiene que dar mucho de lo que a uno le sobra. Y así es; sin embargo, hay otra lección que podemos extraer de este texto.

Esta lección es que no hay nadie que no puede ofrecer una contribución a la obra de Dios. Para la sociedad, la viuda no gozaba de ninguna importancia: Era una mujer pobre sin marido y sin dinero. Nadie la tomaba en cuenta--solo Jesús la mira y la observa porque él la conoce y la ama, y él sabe que el Padre a ella le ha dado recursos que custodiar e invertir en el reino de Dios.  Como la viuda todos hemos recibido dones, talentos y recursos de Dios para dedicar a la extensión del reino de los cielos, y por tanto todos tenemos algo que dar: Podemos ofrendar el mucho o poco dinero que tengamos, podemos orar y dar testimonio y podemos servir en la iglesia y en los lugares donde se atiende a los necesitados. Sin excepción todos podemos contribuir algo. Puede ser, como en el caso de la viuda, que nuestra pequeña ofrenda anónima y sin pretensiones sea la más importante y la más valiosa.


Las lecturas para el 25° Domingo después de Pentecostés (2018) son Rut 3:1-5, 4:13-17; Salmo 127; Hebreos 9:24-28; San Marcos 12:38-44. 

No se olvide de seguir "El Cura de Dos Mundos".

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Reflexión Bíblica para la 24ª Semana después de Pentecostés (2018)

Imagen de Rut, artista desconocido
No me pidas que te abandone y que me separe de ti, pues iré adonde vayas y viviré donde vivas, que tu pueblo es mi pueblo y tu Dios es mi Dios. (Rut 1:16 BHA)

Los buenos predicadores pueden aprovechar el libro de Rut para hablar sobre muchos temas de la fe cristiana. Históricamente, se ha usado para enseñar sobre la necesidad de salvación, el valor del Redentor (viendo a Booz como modelo de Cristo), la importancia de la fe de las mujeres y la inclusión de los no judíos al pueblo de Dios entre otros temas importantes. Con estudio y preparación cualquiera puede extraer un buen mensaje de este libro veterotestamentario.

Este domingo nuestra celebración dominical dio sitio a la administración del Santo Bautismo y a un acto de la Primera Comunión con varios niños. Aproveché la lectura de Rut para enseñar sobre nuestro compromiso de seguir a Jesucristo. Las palabras de Rut a su suegra son la expresión del sentimiento de todo creyente sincero que ha sido llamado por Dios a un encuentro con Cristo: Iré adonde tú vayas, viviré donde vivas, pues tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios

¡Qué lealtad! ¡Qué fidelidad! Representa el sentido de nuestros votos bautismales cuando los entendemos bien:
¿Te entregas a Jesucristo y le aceptas como tu Salvador?
     Sí, me entrego y le acepto.
¿Confías enteramente en su gracia y amor?
    Sí, confío.
¿Prometes seguirle y obedecerle como tu Señor?
    Sí, lo prometo.

El resumen de la Ley, con su llamado a amar a Dios y al prójimo, que escuchamos en el evangelio del día también tendrá mucho que decir con respecto a los votos bautismales, pero la devoción y la confianza de Rut en su suegra y el Dios de Israel nos enseñarán lo que es tener fe en nuestro Señor. 

El sermón habrá logrado el efecto deseado, pues el candidato para el bautismo, de solo cuatro años, se presentó espontáneamente cantando "He decidido seguir a Cristo".  


Las lecturas para el 24º Domingo después de Pentecostés y Domingo de Todos los Santos (2018) son Rut 1:1-18; Salmo 146; Hebreos 9:11-14; San Marcos 12:28-34. 



martes, 23 de octubre de 2018

Más sobre los evangelistas

Mi post anterior sobre los evangelistas laicos en la Iglesia Episcopal provocó bastante reacción, lo que indica que es un tema de que vale pena seguir hablando.


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Clérigo ortodoxo de Etiopía
Sólo tenemos que leer Mateo 28 para darnos cuenta que proclamar el mensaje de Cristo es tarea de la Iglesia: Por tanto, id y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mando. Y yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo. (Mt.28:19-20)

Si esto no nos queda claro, el Libro de Oración Común pregunta a todos los candidatos para el Santo Bautismo (a los padres y padrinos también): ¿Proclamarás por medio de la palabra y el ejemplo las Buenas Nuevas de Dios en Cristo? La respuesta ratifica el compromiso: Así lo haré con el auxilio de Dios. (LOC 225).
Entonces parece que todos los cristianos estamos llamados a evangelizar a nuestro mundo.

Sin embargo, si leemos las Sagradas Escrituras vemos que algunas personas han recibido el don de realizar esta tarea de una manera particular. Podemos citar a “Felipe el evangelista” (Hechos 21:8), Timoteo (2 Timoteo 4:5) y los evangelistas enumerados entre los ministerios y dones que Dios ha establecido en Cuerpo de Cristo (Efesios 4:11).  Podemos estar seguros de que Felipe y Timoteo fueron ordenados y por estar entre un listado que incluye a los apóstoles, profetas, maestros y pastores, podemos pensar que fueron personas reconocidas de una manera oficial por la comunidad.  Según la Biblia, por lo tanto, existe un papel especial para evangelistas en el plan de Dios para su Iglesia.
Parece que  la intención de la Iglesia Episcopal al autorizar el ministerio del evangelista laico es re-establecer y acomodarse a este patrón neo-testamentario. Es una iniciativa sabia, porque todos estamos llamados a evangelizar, pero necesitamos que nos ayuden y nos motiven a proclamar el mensaje, tanto de palabra como de ejemplo. Por tanto, necesitamos a los evangelistas—no para evangelizar en nuestro lugar sino para enseñarnos y motivarnos a cumplir con el mandato que Cristo nos ha dado a todos.

Una versión anterior de este post fue publicado el 20 de octubre del 2016. 

miércoles, 17 de octubre de 2018

Reflexión Bíblica para la 21ª Semana después de Pentecostés (2018)

Porque la palabra de Dios tiene vida y poder. Es más cortante que cualquier espada de dos filos, y penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta lo más íntimo de la persona; y somete a juicio los pensamientos y las intenciones del corazón. Nada de lo que Dios ha creado puede esconderse de él; todo está claramente expuesto ante aquel a quien tenemos que rendir cuentas. (Hebreos 4:12-15-DHH)

La Carta a los Hebreos compara la palabra de Dios con una espada de dos filos: Es cortante y poderosa, puede cambiar el destino de personas y naciones y puede transformar el mundo. Pienso que la gran mayoría de los creyentes diría que ésa es una gran verdad. Profesamos una bibliología muy elevada y una devoción a la Palabra de Dios.

El problema es que resulta un conflicto entre lo que profesamos y lo que practicamos. Decimos que amamos la palabra de Dios, pero la tratamos de otra manera. Cual espada, la dejamos en su vaina, y como una espada en su vaina, una Biblia no leída sirve para poco más que un adorno.

Si creemos que la Palabra de Dios es poderosa y que puede cambiar nuestras vidas, tenemos que sacarla de su vaina, bajándola de su estante y leyéndola. Así soltaremos el poder de esta palabra para que penetre nuestros corazones y nos transforme en verdaderos seguidores de Cristo, el Verbo eterno.

Las Lecturas para el 21º Domingo después de Pentecostés (2018) son Job 23:1-9,16-17; Salmo 22:1-15; Hebreos 4:12-16; San Marcos 10:17-31.

viernes, 12 de octubre de 2018

Cuestión litúrgica: Confirmación y Primera Comunión, “Primera Comunión o Comulgar antes de la Confirmación” (parte 3)

Cuestión litúrgica: Confirmación y Primera Comunión (parte 3)

Continuamos con el tema de la Primera Comunión  y la pregunta sobre su validez para los anglicanos y episcopales de hoy.

“La Primera Comunión”

Posibilidad #2 Los niños (y otras personas) deben comulgar después de recibir una debida preparación catequética y de ser admitidos a la Comunión por su clérigo local en vista de su futura confirmación.


El Libro de Oración de Comunión de 1662 introdujo dos modificaciones ligeras a la liturgia que nos pueden ayudar comprender cómo la práctica de la comulgar antes de confirmarse entró en la vida de las iglesias anglicanas.

La primera modificación al LOC fue la inclusión de “El Bautismo de Adultos” con el fin de suplir las cambiantes necesidades pastorales. Durante los años de la dictadura de Cromwell y la prohibición de la liturgia oficial y con el crecimiento de las colonias lejos de Gran Bretaña, hubo la necesidad de bautizar a personas adultas por la primera vez en varios siglos. La rúbrica del rito insiste en que todos los adultos bautizados así deben ser presentados al obispo lo antes posible para recibir la confirmación y la Santa Comunión.

La segunda modificación al LOC toca al rito de Confirmación, al que se agregó la siguiente rúbrica:

Y nadie será admitido a la Santa Comunión, hasta que sea confirmado, o esté pronto y deseoso de ser confirmado.

El motivo de este cambio fue el reconocimiento de que no había obispos en las colonias para confirmar y la falta de esta provisión hubiera hecho que ningún colono promedio comulguiese. En la práctica hubiera eliminado la Cena de Señor, un medio de gracia para la salvación, para una cantidad grande de creyentes. Siendo verdaderos pastores, los obispos anglicanos no podían abandonar sus hijos espirituales e hicieron la modificación a las rúbricas. Hay recalcar que “estar pronto y deseoso” quiere decir “estar preparado” ya con el conocimiento de el Padrenuestro, los Diez Mandamientos, el Credo y el Catecismo de la Iglesia.

Así que (hace 356 años) la práctica de administrar la Eucaristía a los no confirmados tras una catequesis debida entró en el anglicanismo.

En la próxima parte analizaremos la práctica de administrar la Santa Comunión a los niños bautizados sin catequesis y confirmación. 

miércoles, 10 de octubre de 2018

Reflexión Bíblica para la 20ª Semana después de Pentecostés (2018)

En tiempos antiguos Dios habló a nuestros antepasados muchas veces y de muchas maneras por medio de los profetas. Ahora, en estos tiempos últimos, nos ha hablado por su Hijo, mediante el cual creó los mundos y al cual ha hecho heredero de todas las cosas. (Hebreos 1:1-2 DHH)

A diferencia de los dioses de varios sistemas filosóficos y religiosos, el Dios de los creyentes cristianos y el Dios de la Biblia es un Dios que habla, que se comunica con el universo, con el mundo y con la humanidad. Es un Dios que tiene algo que decirnos. Pero, ¿Cómo podemos recibir el mensaje?

La epístola a los Hebreos abre con la declaración de que Dios nos ha hablado desde los tiempos antiguos, incluso desde el primer momento de la creación. Dios habló y el universo con toda su belleza y estructura propicia para generar la gran diversidad de vida llegó a ser. Este Dios ha hablado en muchos momentos y de muchas maneras. Podemos ver las estrellas en el cielo e intuir su magnificencia; podemos escuchar sus palabras en la predicación de los profetas y en las esperanzas del pueblo de Israel, pero sobre todo podemos escuchar su voz en la voz de Jesús de Nazareth. La vida y las enseñanzas del Hijo de Dios resumidas en los Evangelios son el estándar de cualquier mensaje atribuido a Dios. Éstos juntos a los antiguos libros sagrados de Israel forman un discurso unido proveniente de un solo autor principal, Dios nuestro Padre. 

Este discurso es el mensaje de gracia, perdón y vida abundante en el amor de nuestro Creador.

Las lecturas para el 20º Domingo después de Pentecostés (2018) son Job 1:1,2:1-10; Salmo 26; Hebreos 1:1-4,2:5-12; San Marcos 10:2-16.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Reflexión Bíblica para la 18ª Semana después de Pentecostés (2018)

Llegaron a la ciudad de Cafarnaúm. Cuando ya estaban en casa, Jesús les preguntó: ¿Qué venían discutiendo ustedes por el camino? Pero se quedaron callados, porque en el camino habían discutido quién de ellos era el más importante. Entonces Jesús se sentó, llamó a los doce y les dijo: Si alguien quiere ser el primero, deberá ser el último de todos, y servirlos a todos. (Marcos 9:33-35 DHH)

Parece que todos queremos ser grandes (y cada vez más grandes) y que queremos tener más cosas que sean más grandes. Queremos ser los primeros, los mejores y los más diestros. No solo es un eslogan político; es un estilo de vida y de pensamiento que de una u otra manera afecta toda nuestra sociedad. El problema es que malentendemos la grandeza.

El evangelio de esta semana nos enseña sobre la verdadera grandeza.

En el texto de S. Marcos leemos que los discípulos discutían sobre quién era el más importante. Podemos imaginarnos el diálogo inútil: ¡Es que soy yo!...No, hermano, aquí el grande soy yo...¡Cállense muchachos! Es que mando yo. Sabemos que su conversación no fue nada edificante, pues se apenaron cuando el Señor les preguntó de qué se trataba la discusión. 

Gracias a Dios, Jesús les aclaró de una vez que la grandeza no se trata de quién manda más o de quién se cree el más importante o de quién sale más en las fotos, sino que se trata de quién sirve más. Los más grandes son los que sirven, los que se ensucian las manos para atender a sus hermanos. Cualquier otra noción de grandeza es una vanidad ilusoria.

Las lecturas para el 18º Domingo después de Pentecostés (2018) son Proverbios 31:10-31; Salmo 1; Santiago 3:13-4:3,7-8a; San Marcos 9:30-37.

jueves, 20 de septiembre de 2018

Cuestiones litúrgicas: Confirmación y Primera Comunión (Parte1)

Cuestiones litúrgicas: Confirmación y Primera Comunión, “Introducción”

Hace poco participé en una discusión sobre la primera comunión en un foro electrónico. Aparte de compartir las experiencias pastorales y las costumbres de sus diócesis y congregaciones locales, algunos participantes discutieron si la práctica de ofrecer clases preparatorias y celebrar un acto de primera comunión durante la liturgia es anglicana o no. En esta serie trataré de poner esta discusión en su contexto histórico y teológico.

Muchos clérigos se encuentran con cierto dilema referente al tema de cuándo admirtir los niños a la Santa Comunión. ¿Cuándo y bajo qué circunstancias deben comulgar los pequeños? En la práctica, las respuestas varían muchísimo, pero realmente tres repuestas encapsulan las posibilidades:

  1. Los niños deben comulgar después de recibir una debida preparación catequética y el sacramento de confirmación.
  2. Los niños deben comulgar después de recibir una debida preparación catequética y de ser admitidos a la Comunión por su clérigo local en vista de su futura confirmación.
  3. Los niños deben comulgar desde el día de su bautismo sin relación con el rito de la confirmación.

Cada parte de esta serie explorará una de estas tres respuestas haciendo referencia a las ediciones clásicas del Libro de Oración Común y a los documentos teológicos e históricos de la Iglesia de Inglaterra, la Iglesia Episcopal y la Comunión Anglicana. 

Si no vio la Reflexión Bíblica de la Semana, se encuentra aquí. 

martes, 18 de septiembre de 2018

Reflexión Bíblica para la 17a Semana después de Pentecostés (2018)

La Reflexión Bíblica de la Semana es cortesía Sermones que Iluminan:

RCL: Proverbios 1:20-33; Salmo 19; Santiago 3:1-12; San Marcos 8:27-38
Si nos detenemos para reflexionar sobre las lecturas de este domingo podemos escuchar la respuesta de la sabiduría divina a las circunstancias actuales del mundo y podemos aprender dos lecciones para nuestras vidas.
Frente a situaciones tales como gobiernos que reprimen a sus ciudadanos en nombre de sus pueblos, discursos que nos dividen en lugar de unirnos y la corrupción que va en aumento a pesar de los reclamos constantes por la justicia y los valores, podemos escuchar la voz de Dios preguntándonos y también invitándonos: “¿Hasta cuándo amarán la inexperiencia y hallarán placer en sus burlas y despreciarán el saber?” y “Presten atención a mis correcciones, y yo los colmaré de mi espíritu; les daré a conocer mis pensamientos”.
Ya conocemos el fenómeno que el libro de Proverbios nos plantea hoy. En algún momento hemos conocido la frustración: Buscamos respuestas a nuestras preguntas y soluciones a nuestros problemas, pero no las encontramos. Decimos que queremos una cosa, pero logramos otra. Por ejemplo, decimos que queremos paz, pero entramos en más conflictos innecesarios. Decimos que queremos una sociedad más justa y una vida mejor, pero no queremos esforzarnos para lograr estos deseos. La verdad es que el ser humano parece vivir la insensatez. En el vocabulario de la lectura del Antiguo Testamento, a menudo somos “inexpertos, burlones y necios”... La reflexión continúa aquí.

martes, 11 de septiembre de 2018

Reflexión Bíblica para la 16ª Semana después de Pentecostés (2018)



El rico y el pobre tienen algo en común: a los dos los ha creado el Señor. (Proverbios 22:2)

Ustedes hacen bien si de veras cumplen la ley suprema, tal como dice la Escritura: “Ama a tu prójimo como a ti mismo.” Pero si hacen discriminaciones entre una persona y otra, cometen pecado y son culpables ante la ley de Dios. (Santiago 2:8-9)


Es relativamente fácil caer en el pecado señalado en las lecturas de esta semana: el favoritismo.
Es natural. Tenemos una afinidad con los que son como nosotros, con los que hablan nuestra lengua, con los que viven en nuestro barrio, con los tienen las mismas ideas o que se parecen a los nuestros y con los que comparten nuestro mismo estrato social. Y hasta cierto punto el querer encontrar estas afinidades es algo positivo que nos ayuda a practicar la virtud de la solidaridad.
El problema surge cuando nuestra afinidad con algunos resulta en prejuicios contra otros, cuando ya no queremos atender bien a algunos porque no son como nosotros y los nuestros. Eso sí está mal. Muy mal.
Está mal, y es pecado porque las Sagradas Escrituras dicen que todos, sin excepción, tenemos por lo menos una cosa en común: Todos fuimos creados por el mismo Dios (Prov. 22:2). Ricos y pobres, judíos y gentiles, todos los seres humanos tenemos el mismo origen. Dios nos ha hecho a su imagen y semejanza y, por tanto, en lo que más importa somos iguales.  Ésta es una verdad fundamental, y el que no la entiende todavía no ha entendido el mensaje de la Biblia. En vista de ella, los prejuicios, los favoritismos y los recelos étnicos y  cualquier orgullo excesivo sobre aspecto de nuestra identidad son incompatibles con la fe en Jesucristo.
Las lecturas para el 16º Domingo después de Pentecostés (2018) son Proverbios 22:12,8-9,22-23; Salmo 125; Santiago 2:1-10,14-17; San Marcos 7:24-37.  
Nota a los lectores: Estoy trabajando en una nueva serie de cuestiones litúrgicas y el diseño de un posible programa de eduación teológica gratuita en español en base los recursos ya existentes en línea.  

viernes, 10 de agosto de 2018

Más educación teológica para todos

Biblioteca de la Abadía Melk, Austria
Seguramente algunos lectores se acordarán del post Educación teológica asequible para todos” que publiqué en abril de este año. Describí varios cursos del campo religioso y teológico que están disponibles en línea de la Universidad de Harvard e instituciones similares de manera gratuita o de bajo costo.

Después de publicar ese texto, pensé que sería excelente diseñar un programa modelo de educación teológica en base de estos recursos para mostrar la amplitud de los mismos y ayudar a las personas que desean utilizarlos para su propia formación teológica.


Por ser un proyecto grande, empecé con una parte y lo dejé para volver al tema luego. Una mañana durante este lapso vi que un académico norteamericano llamado Ryan Lytton ya había tomado todo tiempo necesario para diseñar un programa de estudios gratuitos o casi gratuitos que equivale al pensum de una maestría en teología. (Lo pueden ver aquí).

El programa consiste en cursos abiertos de instituciones educativas, clases magistrales impartidas por catedráticos internacionalmente reconocidos y cursos autodidactos. Según el cómputo estándar usado por las universidades estadounidenses el material se asemeja a los programas postgrado de 60 horas crédito.

Aclaro que todos los materiales incluidos en el programa de Lytton se imparten en inglés, idioma ya requisito para participar en un sinnúmero de estudios en cualquier país del mundo, especialmente en los campos de estudios bíblicos y la teología. (En años pasados todos tenían que aprender francés o alemán para estudiar teología.)

Ahora a mí solo me queda la tarea de diseñar un programa de educación teológica para los lectores que solo dominan el español, pero será tarea para otro día.



miércoles, 8 de agosto de 2018

Reflexión Bíblica para la Semana de la Transfiguración (2018)

Rafael, La Transfiguración
Cada 06 de agosto—incluso si esta fecha es un domingo— la Iglesia celebra la festividad de la Transfiguración del Señor para conmemorar la revelación de la divinidad de Jesucristo a los apóstoles Pedro, Santiago y Juan en la presencia de Moisés y Elías. El Nuevo Testamento incluye cuatro relatos sobre el acontecimiento, lo que demuestra su importancia para los primeros cristianos. (Los cuatro relatos son Mateo 17:1-8; Marcos 9:2-13; Lucas 9:28-36; y 2 Pedro 1:16-21.) Es el tema de muchas obras de arte religioso y de los grandes maestros de la espiritualidad: La luz divina se revela en la oración y la vida contemplativa.

 Seis días más tarde llamó Jesús a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña elevada. Delante de ellos se transfiguró: su rostro resplandeció como el sol y su ropa se volvió blanca como la luz. De pronto se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. (Mateo 17:1-3)

Al parecer la celebración litúrgica de la Transfiguración siempre ha sido favorecida entre los cristianos ortodoxos del Oriente pero que no recibía tanta atención en las comunidades del Occidente hasta el siglo XX, cuando se extendió entre las iglesias de la Comunión Anglicana, especialmente en Gran Bretaña y los Estados Unidos. La conmemoración fue adoptada con entusiasmo por sus bases bíblicas y porque fue una señal de la solidaridad ecuménica y la unidad cristiana.

Irónicamente, durante ese mismo periodo, por influencia de académicos alemanes, se promovió la idea que la Transfiguración sólo era un mito cristiano careciente de valor histórico, introducido en la historia de la vida de Jesús para resaltar el relato posterior de la Resurrección. Lo extraño de este concepto es que las afirmaciones bíblicas de la Transfiguración, aparte de ser múltiples, precisamente insisten que no son ni mitos ni cuentos, sino testimonios acerca de un evento concreto de la historia:

Porque cuando les anunciamos el poder y la venida del Señor nuestro Jesucristo, no nos guiábamos por fábulas ingeniosas, sino que habíamos sido testigos oculares de su grandeza. En efecto, él recibió de Dios Padre honor y gloria, por una voz que le llegó desde la sublime Majestad que dijo: Éste es mi Hijo querido, mi predilecto. Esa voz llegada del cielo la oímos nosotros cuando estábamos con él en la montaña santa. (2 Pedro 1:16-18)

En lugar de interpretar el texto bíblico los promotores de la “desmitologización” de la Transfiguración introdujeron sus ideas preconcebidas a sus estudios. Es decir que estudiaron sus prejuicios filosóficos más que el Nuevo Testamento. El mismo texto que afirma de la historicidad de la Transfiguración nos advierte que no debemos interpretar la Palabra de Dios según criterios personales:

Pero deben saber ante todo que nadie puede interpretar por sí mismo una profecía de la Escritura, porque la profecía nunca sucedió por iniciativa humana, sino que los hombres de Dios hablaron movidos por el Espíritu Santo. (2 Pedro 1:20-21)

Cualquiera que trabaje en base de un sistema ideológico, sea “conservador” o “crítico” corre con este riesgo y de alguna manera u otra todos lo hacemos. La “mitología” de la Transfiguración no es la única idea crítica que ha sido desacreditada con los años pero es suficiente para acordarnos que las Sagradas Escrituras son más importantes que nuestros sistemas filosóficos, prejuicios e idiosincrasias, pues las Escrituras son la Palabra de Dios.

Las lecturas para fiesta de la Transfiguración son Éxodo 34:29-35; Salmo 99; 2 Pedro 1:13-21; San Lucas 9:28-36. 


Este post es adaptado de textos previamente publicados en "El Cura de Dos Mundos". 

jueves, 2 de agosto de 2018

Reflexión Bíblica para la Décima Semana después de Pentecostés (2018)


Retrato imaginario de Fernando II de León
por Isidoro Lozano, 1850
Sin duda el rey David se encuentra entre los personajes más importantes y atractivos de la Biblia: valiente en la batalla, consolador del rey Saúl, amigo, poeta, músico y gobernante sagaz, pero cuando lo vemos luego en el capítulo 11 de 2 Samuel, se ve repugnante e impulsivo con comportamiento adultero y asesino. ¿Por qué la Biblia nos cuenta esta terrible historia de David y Betsabé?

Supongo que hay varias razones por las cuales Dios inspiró al hagiógrafo a escribir esta historia, pero quiero resaltar solo una: Aparte de querer ser fiel a los hechos, el Señor quiso enseñarnos que todos, incluso los más grandes e importantes, somos pecadores. Como dice el salmo: Todos se desviaron, a una se han corrompido; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno (Salmo 14:3). Todos hemos fallado y nos vemos con la obligación de buscar el perdón. Si ni siquiera David, un rey ungido por Dios, se escapó del pecado, no debemos engañarnos pensando que seremos ilesos de la infección de la maldad. Si David tenía de arrepentirse, nosotros también tenemos que arrepentirnos y volver al Señor. Quizás nos ayude acordarnos de nuestras promesas bautismales:  ¿Perseverarás en resistir al mal, y cuando caigas en pecado, te arrepentirás y te volverás al Señor? 
Así lo haré, con el auxilio de Dios. (LOC 225)

Las lecturas para el Décimo Domingo después de Pentecostés son 2 Samuel 11:1-15; Salmo 14; Efesios 3:14-21; San Juan 6:1-21.

viernes, 27 de julio de 2018

¿Qué cambia al cambiar las palabras? Una reflexión inicial

¿Qué cambia al cambiar las palabras? Una reflexión inicial.

Nota: La reflexión que sigue es parte de una serie de artículos que estoy ideando sobre el tema de posibles revisiones al Libro de Oración Común. 

Uno de los temas que vemos cada vez más en la Iglesia Episcopal (y otras secciones de la Comunión Anglicana) es la revisión y composición de sus textos litúrgicos y teológicos, algo que afecta a cada comunidad de la iglesia, incluyendo a las de habla hispana.

Vocabolario degli accademici della Crusca, 1612
Foto cortesía de Sailko
Como suele pasar con tantas cosas en la vida, el tema de las traducciones de textos para el uso de la iglesia rápidamente se vuelve complicado. Algunas propuestas no afectarían los textos en español en lo más mínimo, mientras algunas de manera sutil cambiarían la enseñanza bíblica.   La iniciativa de revisar El Libro de Oración Común y de producir textos alternativos puede servir de ejemplo:

Los que abogan por cambios profundos en los textos litúrgicos desean sustituir el vocabulario tradicional por un lenguaje “más expansivo e inclusivo,” pero toda la discusión se maneja en inglés. Insisten en que kingdom les suena demasiado masculino y en que debemos usar reign. (El equivalente en español sería usar “dominio” o quizá “reinado” en lugar de “reino”.) Realmente es un cambio sin sentido, pues son dos palabras que expresan lo que hace un rey, solo que la primera viene de una antigua raíz anglosajona y la segunda viene del latín. Mucho de lo que se plantea en los debates carece de correspondencia en el español.

No obstante, sí, hay planteamientos que afectarían los textos litúrgicos en español. Algunas personas proponen que los textos nuevos (o revisados) excluyan ciertos vocablos como Padre, Señor, Hijo, Rey y las palabras relacionadas como paternal, señorío, filial, reino, poderío y el uso del pronombre “él” para hablar de Dios. El argumento para esto es que el lenguaje masculino para referirse a Dios es ofensivo para muchas personas que han sufrido algún daño a manos de los hombres. Es un argumento que se entiende y que se respeta. No queremos ofender a nadie sin necesidad.

El problema con emascular nuestro lenguaje así es que el vocabulario tradicional es el lenguaje de la Biblia, de la Palabra de Dios escrita, y las palabras más criticadas son las que recibimos directamente de Jesucristo. Éstas forman una parte esencial de su mensaje. La paternidad de Dios fue igual de chocante en aquel entonces como lo es hoy. Que Dios es el Rey y Señor eterno, encima de todos los demás poderes del universo fue una declaración tan desconcertante y desafiante en aquel entonces como lo es hoy. Al eliminar o modificar estos conceptos para hacerlos más aceptables a nuestros oídos, corremos el riesgo de neutralizar el mensaje de aquel que nos dijo: —El que me ama, hace caso de mi palabra; y mi Padre lo amará, y mi Padre y yo vendremos a vivir con él. El que no me ama, no hace caso de mis palabras. Las palabras que ustedes están escuchando no son mías, sino del Padre, que me ha enviado. (S. Juan 14:23,24)