martes, 24 de julio de 2018

Reflexión Bíblica para la Novena Semana después de Pentecostés


Imagen de la Sagrada Familia
 cortesía de C. Messier
Las lecturas para el Noveno Domingo después de Pentecostés nos llaman a reflexionar sobre una imagen bíblica muy interesante. Esta imagen es la figura del templo escatológico que Dios promete construir por el descendiente (“hijo”) del rey David (2 Samuel 7:13). En la época del ministerio terrenal de Jesús, éste fue un pasaje interpretado como una profecía mesiánica: Dios enviaría el rey verdadero, un descendiente de David, que construiría un templo permanente lleno de la presencia de Dios y que gobernaría para siempre. Para una nación abatida durante siglos fue un mensaje esperanzador.

Los primeros cristianos no se quedaron atrás con sus expectativas y esperanzas, pues vieron en Jesús al que las cumpliría. Se nota en Juan 2:20-22, por ejemplo, que Jesús desafiaba la existencia del templo de Jerusalén, proponiendo su cuerpo como sustituto, y eso parece ser el sentido del mensaje de San Pablo a los efesios (Efesios 2:22): Dios está construyendo el templo escatológico del cuerpo de Cristo, del cual los creyentes somos miembros. Dios tiene manos a la obra para prepararnos para que seamos las piedras pulidas con que él edificará el lugar de su habitación espiritual permanente. Dios quiere vivir en medio de nosotros, su pueblo redimido, y por medio del Espíritu Santo está trabajando en nuestras vidas para lograr ese propósito.  

Las lecturas para el Noveno Domingo después de Pentecostés son 2 Samuel 7:1-14a; Salmo 89:20-37; Efesios 2:11-22; San Marcos 6:30-34,53-56.

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