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jueves, 24 de agosto de 2017

Fiesta Doble para San Bartolomé


San Bartolomé con su piel,
Detalle del Juico Final, Miguelangel
En el vocabulario de los antiguos calendarios litúrgicos, el 24 de agosto siempre es fiesta duplex (doble) y en mi casa cada año celebramos el día de San Bartolomé  con gran fervor aunque este gozo poco tiene que ver con nuestra devoción por este apóstol y mártir, pues no solo celebramos el natalicio celestial del hombre de Dios, sino también el natalicio terrenal de mi hija Celeste.  La ventaja de esta coincidencia de ocasiones en una sola fecha es que me ayuda a no olvidar de conmemorar al santo varón cuando doy gracias a Dios por la vida de mi única descendiente.

Hoy comparto las lecturas y colecta del apóstol descuerado:
Deuteronomio 18:15-18, Salmo 91; 1 Corintios 4:9-15; San Lucas 22:24-30

Dios todopoderoso y eterno, que diste gracia a tu apóstol
Bartolomé para creer verdaderamente y predicar tu
Palabra: Concede que tu Iglesia ame lo que él creyó y
predique lo que él enseñó; por Jesucristo nuestro Señor,
que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios,
por los siglos de los siglos. Amén.


miércoles, 24 de febrero de 2016

Teléfonos y ovejas

Teléfonos  y ovejas
Un aspecto notorio del ministerio sacerdotal es el fluctuante nivel de actividad. Por tiempos todo está tranquilo. Incluso a veces  se puede aburrir de la monotonía de las rutinas semanales. Nadie llama. Nadie visita a la iglesia durante todo un día. Todo queda silencioso. Y ¡Puf! Ya todo cambia. El teléfono suena y suena toda la mañana.  Tres, cuatro o más personas llegan a la oficina. La iglesia se convierte en una pequeña versión de Times Square y no hay tiempo para aburrirse. ¡Gracias a Dios!  Mientras tanto, todo en lo estaba pesando sigue con su percolación mental, pues tras las visitas y llamadas pienso en el tema que estoy preparando para un retiro que viene—ovejas.  
¡Buenas noticias!--Acabamos de sobrepasar 5000 visitas a "El Cura de Dos Mundos".

martes, 17 de noviembre de 2015

¡Sigan adelante--Dios es fiel!


El pelícano y el cordero de Dios
Como he explicado más de una vez aquí en El Cura de Dos Mundos, bastante del trabajo ministerial es atender a la gente, impartir enseñanza y prepararse para las celebraciones de mayor importancia en la parroquia.  A eso he tratado de dedicarme y quiero compartir un poco de lo que Dios está haciendo en nuestra congregación.   

Durante los útimos dos meses hemos ofrecido un curso sobre la fe cristiana desde la perspectiva anglicana para las personas recién llegadas buscando más de Dios. El curso se llama Anglicanismo 101: Cómo ser un buen episcopal y un cristiano a la vez.  Tengo que confesar que algunos se rieron conmigo cuando vieron el título y el folleto de cien páginas.  La participación fue excelente. Los frutos tangibles fueron una serie de conversaciones en que respondimos a muchas preguntas e inquietudes sobre el quehacer de la iglesia y la teología. Hablamos de la fe, de la Biblia y de la vida cristiana. Varias veces los participantes comentaron que realmente estaban llegando a entender muchas cosas que antes les eran confusas y que estaban progresando en su vida espiritual.  

Todavía mejor es que este domingo, nuestra fiesta de nombre, se presentará un grupo de participantes del curso para el Santo Bautismo. Será una celebración de fe para toda nuestra gente. Luego espero presentarles con otros para la confirmación cuando venga nuestro obispo en enero. Además tenemos otras personas que están buscando hacer esta conexión con Cristo a través de su Iglesia y que ya empiezan su preparación.

¡Todo esto es animador! Lo comparto no para ufanarme  sino para decirles qué bueno Dios ha sido con nuestra gente. También lo cuento para animar a todos los que día tras día predican, enseñan y buscan llevar el mundo a Cristo y Cristo al mundo. ¡Sigan adelante--Dios es fiel!
 Es como dice el Apóstol Pablo:

Tú anuncia el mensaje de Dios en todo momento. Anúncialo, aunque ese momento no parezca ser el mejor. Muéstrale a la gente sus errores, corrígela y anímala; instrúyela con mucha paciencia. (2 Timoteo 4:2—TLA)

  

lunes, 24 de agosto de 2015

Algunas prioridades en el ministerio sacerdotal (parte 3)


Algunas prioridades en el ministerio sacerdotal (parte 3)
Prioridad 3: La enseñanza
En continuación de los dos posts anteriores, hoy seguimos con el consejo paulino, Dedícate a la lectura, a la exhortación y a la enseñanza (1Tim.4:13) para ver la importancia de la enseñanza en el ministerio pastoral.  
Por tradición los anglicanos respetamos mucho al papel magisterial de los sacerdotes.  El libro de ordenaciones de la Iglesia de Inglaterra  y de la Iglesia Episcopal (hasta 1979) pregunta a los candidatos al presbiterato:
¿Os dedicaréis siempre con toda fidelidad y diligencia a administrar la Doctrina y los Sacramentos, y la Disciplina de Cristo, como el Señor ha mandado, y esta Iglesia los ha recibido de acuerdo con los mandamientos de Dios; de manera que podáis enseñar al pueblo encomendado a vuestro cuidado pastoral y guardarlos y observarlos con toda diligencia? ¿Y estaréis dispuestos a desterrar y rechazar de la Iglesia, con toda fidelidad y diligencia, todas las doctrinas erróneas contrarias a la Palabra de Dios; amonestar y exhortar pública y privadamente, tanto a los enfermos como a los sanos, en vuestras Congregaciones, cuando lo exija la necesidad, y la ocasión lo requiera?  (Fórmula para Ordenar Presbíteros, LOC 1928).
Los interrogatorios que siguen también enfatizan la enseñanza o la doctrina, que es la traducción más tradicional de la palabra que usa san Pablo (didaskalía).  Tanto peso en la enseñanza es bíblico. En el Antiguo Testamento el sacerdote Esdras organiza a los levitas para poder enseñar al pueblo y explicar los rudimentos de la fe cuando  volvieron del exilio (cf. Nehemías 8). Los santos apóstoles también nos dicen que la enseñanza es primordial para que no seamos ya niños, llevados a la deriva y zarandeados por cualquier viento de doctrina, a merced de la malicia humana y de la astucia que conduce engañosamente al error (Efesios 4:14). Parece que mala doctrina lleva a mala condición espiritual, pues Todo el que se excede y no permanece en la doctrina de Cristo, no posee a Dios. El que permanece en la doctrina, ése posee al Padre y al Hijo (2 Juan 1:9).
Algo interesante del rito de ordenación es que no pregunta si el nuevo presbítero predicará, sino pregunta si va a enseñar. La predicación, por tanto, es sólo una parte de la enseñanza.  La predicación es una forma de enseñanza pública. Catequizar también lo es.  Antes de la creación y extensión masiva de la escuela dominical, los curas anglicanos estaban bajo la solemne obligación no sólo de predicar los domingos y días festivos sino de catequizar a los niños de la congregación todos los domingos para que aprendiesen el Padrenuestro, el Credo y los Mandamientos.     
Existe además la enseñanza privada, lo que hoy llamamos el discipulado. Los sacerdotes deben hacerse disponibles que explicar la fe a creyentes, a no creyentes y a todos los que tienen preguntas sobre la vida cristiana. A veces también requiere bastante preparación y trabajo, pero es para la edificación del Cuerpo de Cristo y por esto han sido llamados y ordenados.
El sacerdote también tiene la obligación de enseñar con su vida (¡y con la vida de su familia!) como lo muestra el mismo rito de ordenación:

¿Os dedicaréis con todo cuidado  a modelar y conformar vuestra vida y la de vuestras familias de acuerdo con la Doctrina de Cristo, para que tanto vosotros como ellos, deis en cuanto os sea posible, los más saludables ejemplos y modelos al rebaño de Cristo?
 Es decir que el cura anglicano se levanta y se acuesta con la tarea de enseñar y por tanto debe ser cuidadoso en todo momento, cuidadoso con lo que hace y cuidadoso con los dice porque nunca sabemos cuándo la vida le dará la oportunidad de demostrar y comprobar la fe a muchos durante el diario caminar.
Muéstrate dechado de buenas obras: pureza de doctrina, dignidad, palabra sana, intachable, para que el adversario se avergüence, no teniendo nada malo que decir de nosotros (Tito 2:7-8).

jueves, 20 de agosto de 2015

Algunas prioridades en el ministerio sacerdotal (parte 2)

Algunas prioridades en el ministerio sacerdotal (parte 2)
Prioridad 2: El trabajo pastoral
Seguimos hablando de algunas prioridades en el ministerio sacerdotal, las cuales se basan en un consejo de la primera epístola a Timoteo, Dedícate a la lectura, a la exhortación y a la enseñanza (1Tim.4:13).  Al concentrarnos en “la lectura,” nos dimos cuenta que los sacerdotes tienen la obligación de profundizar su conocimiento de la Palabra de Dios a través del estudio.  
Hoy quiero enfatizar “la exhortación” en el ministerio.  La palabra griega atrás de la traducción (paraklésis) normalmente no quiere decir regañar o estarle diciendo a la gente lo que tiene que hacer, sino que representa a todo un campo de ideas relacionadas con la obra del Espíritu Santo, el Paráclito, que cuida, anima y consuela a todo cristiano.  Aquí exhortación es la obra pastoral, el ministerio de cuidar al pueblo de Dios.  
Encontramos una descripción de este tipo de ministerio en la carta a los Hebreos: Todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres y está puesto en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios para ofrecer dones y sacrificios por los pecados;  y puede sentir compasión hacia los ignorantes y extraviados, por estar también él envuelto en flaqueza (Hebreos 5:1-2). Vemos que en su trabajo pastoral el sacerdote intercede por el rebaño que se le ha encomendado y le provee los sacramentos y otros recursos espirituales necesarios para la vida en Cristo, siendo él también un hermano  entre ellos. 
Catedral de San Pablo, Londres
Pero ofrecer la misa y acordarse de los feligreses durante sus oraciones no es suficiente para cumplir con el mandato bíblico. Para dedicarse a la exhortación bíblica, el pastor necesita ejercer lo que en inglés llamamos the ministry of presence (el ministerio de la presencia). Tiene que estar con los fieles,  pues se requiere estar presente con ellos para conocerlos y sus necesidades. Por tanto, el sacerdote debería estar disponible para escucharlos cuando frustrados y darles consejo cuando lo piden y para visitarlos cuando están enfermos.  Es el trabajo del cura animar, consolar, reconciliar y extender la gracia de Dios a todos sus hijos en Jesucristo.
Por esto, confortaos mutuamente y edificaos los unos a los otros, como ya lo hacéis.
(1 Tesalonicenses 5:11)


martes, 18 de agosto de 2015

Algunas prioridades en el ministerio sacerdotal: Parte 1


Algunas prioridades en el ministerio sacerdotal (Parte 1)

En su primera carta a Timoteo, san Pablo aconseja al joven líder cristiano, Dedícate a la lectura, a la exhortación y a la enseñanza (1Tim.4:13). Para el sacerdote de hoy las mismas tres cosas parecen ser necesarias para cumplir con su vocación y ministerio, cada una de las cuales será un tema en esta serie de posts sobre algunas prioridades en el ministerio sacerdotal. 

Prioridad 1: El estudio  

 El ministro de Dios requiere conocimiento. No puede dar lo que no haya recibido. No puede guiar a otros si es igual de ciego que los demás. Tiene que leer y estudiar, pues el saber no viene por osmosis, sino por el estudio y la meditación. El sacerdote necesita empapar su mente y su corazón con la Palabra de Dios. También tiene que aprender a usar las herramientas de la interpretación bíblica y a conocer las enseñanzas de los grandes maestros de la fe para evitar equivocaciones y errores doctrinales que contribuyen a otros problemas. 

En verdad el tema del estudio y el conocimiento es cosa seria, pues en el Antiguo Testamento leemos como Dios castigó a los sacerdotes que no buscaban al conocimiento: Ya que tú has rechazado el conocimiento, yo te rechazaré de mi sacerdocio (Oseas 4:6b).  En términos positivos, el Señor dice al profeta Malaquías: Labios sacerdotales han de guardar el saber y en su boca se busca la doctrina, porque es mensajero del Señor de los ejércitos (Mal.2:7).Por eso el rito de Ordenación de un presbítero pregunta a los ordenandos: ¿Serás diligente en la lectura y estudio de las Sagradas Escrituras, y en la búsqueda del conocimiento de aquello que te haga un ministro de Cristo más fuerte y capaz? Es tan importante que al que dice que no quiere esforzarse en el estudio, la Iglesia no le puede encomendar el cuidado de las almas.

Algunos quizá dirán que lo que estudian en el seminario es suficiente para su ministerio sacerdotal después, pero eso no es cierto. Se comprueba porque, como vemos en los ejemplos anteriores, la obligación de buscar el conocimiento de las Escrituras cae sobre los que están sirviendo en el altar y no sólo sobre los candidatos. Es como dice un antiguo manual para sacerdotes anglicanos: No es suficiente haber cursado un programa de teología y haber entendido su significado; ni siquiera es suficiente haberlo enseñando públicamente. Más allá de eso, uno debe cultivar asiduamente esta ciencia para imprimir sobre la mente lo que se ha aprendido más profundamente todavía y para obtener la información nueva que la teología siempre nos ofrece.  El sacerdote que ignora la teología  o menosprecia a  la sagrada ciencia  es igual al médico que ignora o menosprecia al estudio de la medicina (The Priest’s Companion, 54).