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martes, 9 de enero de 2018

Reflexión Bíblica para la Primera Semana después de Epifanía (2018)


Y se oyó una voz del cielo, que decía: "Tú eres mi Hijo amado, a quien he elegido” (S. Marcos 1:11)


En la imaginación popular el significado de la Epifanía del Señor (o la Manifestación de Cristo a los Gentiles) ha sido dominado por la visita de los “reyes magos” con sus obsequios de oro, incienso y mirra mencionados en S. Mateo 2. Sin embargo, hasta la edad media y de cierto modo hasta los cambios del siglo XX, los textos litúrgicos daban énfasis a tres eventos conmemorados como manifestaciones de la identidad de Cristo: la Visita de los sabios del oriente, el Bautismo del Señor y su Primer Milagro en las bodas de Caná.
Celebrar el Bautismo del Señor en el primer domingo después del 06 de enero nos incentiva a no perder de vista que la Epifanía no sólo nos enseña quién es el niño Jesús sino también nos revela quién es el hombre Jesús. Este año escuchamos el relato compacto de San Marcos sobre el  bautismo de Jesús en el río Jordán. 
El evangelista nos dice que el Señor se presenta a Juan el Bautista como cualquier otro, como una persona normal, para ser bautizado. Dentro de esta normalidad humana se manifiesta la verdadera identidad de Jesús. ¡Es el Ungido por el Espíritu y el Hijo amado del Padre! Es el Mesías tan deseado por el pueblo de Dios que se solidariza con la humanidad. Jesús es bautizado para mostrarnos que como hombre está unido al pueblo que quiere redimir de sus pecados y para hacerle volver a Dios, según la proclamación de Juan.
Debemos acordarnos que Cristo se manifiesta también en nuestra vida diaria. Podemos hablar con él en nuestras oraciones, podemos escuchar su voz al leer las Escrituras y podemos ver cómo se hace solidario con nosotros tanto en los momentos gratos como en los difíciles.
Las Lecturas para la Fiesta del Bautismo del Señor (2018) son Génesis 1:1-5; Salmo 29; Hechos 19:1-7; San Marcos 1:4-11.

       

martes, 7 de noviembre de 2017

Reflexión Bíblica para el Domingo de Todos los Santos y la 22ª Semana después de Pentecostés (2017)

Esta semana inició con el Domingo de Todos los Santos, una ocasión muy apta para la celebración del Santo Bautismo, y en la Iglesia Episcopal San Jorge bautizamos dos niños. El sermón tomó la forma de una reflexión sobre los deberes de los cristianos.
Expliqué que Dios está llamándonos a ser santos, pero no tanto como las figuras que vemos en las estatuas y los vitrales de las iglesias sino como hombres y mujeres de carne y hueso que reflejan el amor de Dios y los valores del reino celestiales con sus vidas. Estos valores se resumen en los compromisos del Pacto Bautismal del Libro de Oración Común (LOC 224-225).
 Somos llamados creer en Dios la Santísima Trinidad: ¿Crees en Dios Padre? ¿Crees en Jesucristo, el Hijo de Dios? ¿Crees en Dios el Espíritu Santo?
Somos llamados a compartir en la vida del Cuerpo de Cristo: ¿Continuarás en la enseñanza y comunión de los apóstoles, en la fracción del pan y en las oraciones?
Somos llamados a alejarnos del mal y al arrepentimiento: ¿Perseverarás en resistir al mal, y cuando caigas en pecado, te arrepentirás y te volverás al Señor?
Somos llamados a ser testigos del evangelio: ¿Proclamarás por medio de la palabra y el ejemplo las Buenas Nuevas de Dios en Cristo?
Somos llamado a amar al prójimo: ¿Buscarás  y servirás a Cristo en todas las personas, amado a tu prójimo a ti mismo?
Somos llamados a ser agentes de reconciliación: ¿Lucharás por la justicia y la paz entre todos los pueblos, y respetarás la dignidad de todo ser humano?
Estos compromisos bautismales ofrecen un modelo para los pecadores arrepentidos y los santos de carne y hueso.  Suenan sencillos, pero no son fáciles. De hecho, la respuesta al interrogatorio (Así lo haré con el auxilio de Dios) no expresa la autoconfianza de los candidatos sino deja ver que todos somos dependientes de la gracia de Dios.
Las lecturas para el Domingo de Todos los Santos (2017) son Sabiduría 3:1-9 o Isaías 25:6-9; Salmo 24; Apocalipsis 21:1-6ª; San Juan 11:32-44.  

jueves, 31 de agosto de 2017

El Libro de Isaías, versión Lego


Algunos estimados lectores de "El Cura de Dos Mundos" se acordarán del post que escribí en el cual expliqué por qué los Legos son una herramienta excelente para la formación cristiana. (Por los que no lo vieron,  se puede ver aquí.) Todavía mantengo esta tesis. 

Ahora parece que no soy el único que piensa así, pues hace poco descubrí que el catedrático de Antiguo Testamento de Oak Hill Theological College (un seminario anglicano en Londres) pidió a sus estudiantes resumir el libro del profeta Isaías en un video breve usando los Legos para crear todas las escenas.  ¡Les quedó muy bien!

Para leer más sobre el proyecto (en inglés), pueden ver el sitio del seminario aquí.

martes, 29 de agosto de 2017

Reflexión Bíblica para la 12ª Semana después de Pentecostés


No os conforméis a este mundo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. (Romanos 12:2)
San Pedro por Marco Zoppo, c. 1468

Transformarse por medio de la renovación del entendimiento suena como si fuera algo complicado. Por eso, la versión Dios Habla Hoy lo traduce con la paráfrasis “Cambia su manera de pensar para cambiar su manera de ser.” En todo caso el mensaje paulino nos apunta hacia una verdad enorme: Lo que pensamos en gran medida determina cómo vivimos. Si pienso que los vegetales son veneno, no los comeré. Si pienso que tener dinero es lo más importante, mis esfuerzos por conseguirlo serán desmedidos. Y si pienso que es emocionante aprender todo lo que se pueda, estudiaré con mucho empeño. Sencillamente, prestamos más atención y más esfuerzo a los temas que creemos que son más importantes.

Tomando en cuenta este principio, podemos percibir lo extraordinario de la confesión de Pedro en el evangelio. ¿Quién decís vosotros que soy yo? En otras palabras Jesús les pregunta “¿Qué piensan de mí?” Pedro confiesa lo que cree, confiesa que Jesús es el Hijo de Dios. Pedro pensó que seguir a Jesús era más importante que sus negocios y otros asuntos de su vida.  Igualmente lo que pensamos de Jesús gobernará qué lugar tiene en nuestra vida. Si creemos que Jesús es uno de los muchos sabios de la historia, a lo mejor le vamos a escuchar, mas no necesariamente le haremos mucho caso, pues este pensamiento no nos compromete a nada. Pero si creemos como Pedro y decimos Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente, las cosas son distintas, pues lo que pensamos y creemos nos compromete a seguirle y a obedecerle. El apóstol nos llama a la transformación del pensamiento para que podamos transformar nuestras vidas, dándole prioridad a Jesucristo.         

Las lecturas para el 12º Domingo después de Pentecostés (2017) son Isaías 51:1-6 (o Éxodo 1:8-2:10); Salmo 138 (o Salmo 124); Romanos 12:1-8; San Mateo 16:13-20.

martes, 22 de agosto de 2017

Reflexión Bíblica para la Undécima Semana después de Pentecostés (2017)

Pues Dios sujetó todos en desobediencia para tener misericordia de todos (Romanos 11:32)

La misericordia Dios no puede limitarse a un solo grupo, pueblo, raza o nación; es para todos los pueblos, pues ante Dios todos los pueblos son iguales. Ninguno puede ser superior a otro porque todos están en la misma condición, sujetos a la desobediencia y la frustración por el pecado.  En el Antiguo Testamento el profeta Isaías anuncia que el Señor llamará a todas las naciones y aceptará a todos los que le honren y guarden sus preceptos y el Apóstol Pablo explica que la gracia de Dios se ha manifestado para beneficio de todos según el plan divino establecido desde la eternidad. Al Padre celestial le ha complacido llamar por medio de Cristo a judíos, samaritanos, cananeos, griegos, romanos y personas de toda clase, condición, color y lengua.

Las lecturas para el Undécimo Domingo después de Pentecostés (2017) son Isaías 56:1,6-8 (o Génesis 45:1-15); Salmo 67 (o Salmo 133); Romanos 11:1-2ª,29-32; San Mateo 15:(10-20) 21-28.   

jueves, 17 de agosto de 2017

Cuestiones Litúrgicas: ¿Se puede distribuir la Santa Comunión al final de la Oración Matutina o Vespertina?


Cuestiones Litúrgicas: ¿Se puede distribuir la Santa Comunión al final de la Oración Matutina o Vespertina?

La pregunta surge porque en algunas diócesis se encuentra la práctica de oficiar la Oración Matutina o Vespertina seguida por la distribución del Sacramento Reservado, es decir aparte de la celebración de la Santa Eucaristía, y algunos lectores observando esta práctica en sus comunidades me han preguntado.  Para responder bien a la pregunta leí de nuevo las rúbricas del Libro de Oración Común.  Después de esta lectura me quedé convencido que no existe ninguna provisión en el LOC o en la tradición litúrgica de la Iglesia Episcopal que permite distribuir la Santa Comunión del Sacramento Reservado a una congregación después de rezar o cantar uno de los Oficios Diarios.  Explico por qué.  

Primero, Lo Concerniente a la Celebración (LOC 244) presenta la opción de usar la Oración Matutina o la Oración Vespertina en lugar de todo lo que precede al Ofertorio—toda la Liturgia de la Palabra o “Ante-comunión”— con tal que siempre incluya una lectura del Evangelio e intercesiones que cumpliesen con las rúbricas de LOC 305. En tal caso el resto de la celebración sigue de manera normal con cualquiera de las plegarias eucarísticas. A la luz de las precedentes históricas, esta provisión se da para permitir celebraciones que combinan Oración Matutina, la Gran Letanía y la Santa Eucaristía en una sola liturgia como fue la usanza durante varios siglos, tanto en los Estados Unidos como en Inglaterra. También se concede con el motivo de no perder la tradición musical de las iglesias cuyos oficios dominicales solían ser la Oración Matutina coral (“Maitines solemnes”).  En ningún lugar se indica la combinación del Oficio Diario con la distribución del Sacramento Reservado.

Segundo, las rúbricas de Comunión en Circunstancias Especiales (LOC 319) indican las normas de la distribución de la Santa Comunión aparte de una celebración usual. La provisión permite llevar el Sacramento  Reservado a los que no pueden asistir a la celebración eucarística “por causa justificada”. Sin embargo, las rúbricas instan al presbítero, al ser posible, celebrar, es decir consagrar, la Eucaristía con ellos  y otros feligreses, familiares y amigos. Cuando se dificulta la celebración, el presbítero, un diácono o un laico autorizado puede comulgarlos del Sacramento Reservado.  Las rúbricas así no contemplan el uso de esta provisión con una congregación asistiendo a un acto litúrgico.

Tercero,  las Rúbricas Adicionales (LOC 319-321) conceden al Obispo de la diócesis la autoridad de permitir a los diáconos llevar el Sacramento Reservado a congregaciones cuando no es posible que llegue un presbítero para celebrar la Eucaristía.  Ésta es una provisión muy limitada, pues sólo autoriza al Obispo permitir a un diácono (no un laico) distribuir el Sacramento Reservado a una congregación y eso sólo y cuando “no sea posible tener un presbítero”.  Evidentemente no es un permiso para los sacerdotes  porque sólo se concede cuando ellos no pueden estar presentes.

Por tanto, en base de las rúbricas del Libro de Oración Común concluyo que—aparte del caso especial del Viernes Santo—no existe ninguna provisión para que el sacerdote distribuya el Sacramento Reservado a una congregación fuera de la celebración completa de la Santa Eucaristía. 

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lunes, 14 de agosto de 2017

Reflexión Bíblica para la Décima Semana después de Pentecostés (2017)


Todos los que invoquen el Nombre del Señor alcanzarán la salvación (Romanos 10:13).

El relato que nos narra el Evangelio según San Mateo acerca de la ocasión cuando Jesús caminó sobre las aguas y calmó la tormenta ilustra muy bien nuestra condición como creyentes y seres humanos todavía imperfectos.  Con nuestra fe en el Señor podemos lograr cosas impresionantes como Pedro que por su fe en Jesús caminó sobre el agua. En estos momentos todo nos parece más o menos fácil hasta que nos tropezamos y descubrimos nuestros miedos de nuevo.  Comenzamos a hundirnos así como lo hizo Pedro y a dudar como el profeta Elías. 

Nuestro consuelo no será tanto que somos iguales al apóstol o el profeta, sino que el mismo que rescató a Pedro nos rescata y nos salva a nosotros también. El mismo que animó y consoló los discípulos nos consuela y nos anima a seguir en la vida cristiana. Nuestra confianza ni siquiera es que nuestra fe sea tan grande y tan fuerte, sino todo lo contrario. Nuestra confianza se basa en que todos los que invoquen el Nombre del Señor alcanzarán la salvación.
Amédée Varint, siglo XIX
Las Lecturas para el Décimo Domingo después de Pentecostés (2017) son 1 Reyes 19:9-18 (o Génesis 37:1-4,12-28); Salmo 85:8-13 (o Salmo 105:1-6,16-22,45b); Romanos 10:5-15; San Mateo 14:22-33.

martes, 21 de marzo de 2017

Reflexión Bíblica para la Tercera Semana en Cuaresma


Por eso siendo justificados por fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo (Romanos 5:1).

Todos queremos tener paz en nuestras vidas.  Buscamos la paz y el bienestar a través del empleo, del dinero y de las diversiones de todo tipo. Sin embargo lo único que nos puede proveer la paz es la fe en Jesucristo.  Cristo obtuvo paz por nosotros en la cruz mientras todavía éramos  sus enemigos y nos reconcilió consigo mismo por el amor que nos tiene.  Nadie más ha hecho eso por la humanidad y por eso cualquier otro ofrecimiento de la paz es una estafa, una mentira o un autoengaño.    

Como le dijo el Señor Jesús a la samaritana, si sólo nos diéramos cuenta de lo que Dios quiere darnos, le pediríamos que nos diera esa paz tan deseada y tan necesaria (S. Juan 4:10). Nadie más es capaz de darnos la paz genuina, pues sólo Cristo, siendo el único Salvador, nos ofrece verdadero consuelo para nuestras almas.


Las lecturas para el Tercer Domingo en Cuaresma so Éxodo 17:1-7; Salmo 95; Romanos 5:1-11; San Juan 4:5-42.   

miércoles, 27 de julio de 2016

¿Qué pasa con el cura?

Algunos estimados lectores preguntarán: ¿Qué pasa con el Cura de Dos Mundos?
La mudanza familiar en los EEUU.

La respuesta es que mi familia está en medio de una mudanza porque fui llamado a un ministerio nuevo en otra parte del país. 


A la vez que se presentarán cambios en la vida también pienso que se presentarán unos cambios en el blog...pero no hoy.




¡Gracias por leer El Cura de Dos Mundos--todavía hay mucho más por venir!  

No quiero decir que haya logrado ya ese ideal o conseguido la perfección, pero me esfuerzo en conquistar aquello para lo que yo mismo he sido conquistado por Cristo Jesús. Y no me hago la ilusión, hermanos, de haberlo ya conseguido; pero eso sí, olvido lo que he dejado atrás y me lanzo hacia adelante en busca de la meta, trofeo al que Dios, por medio de Cristo Jesús, nos llama desde lo alto. Filipenses 3:12-14 (BLPH)

miércoles, 24 de febrero de 2016

Teléfonos y ovejas

Teléfonos  y ovejas
Un aspecto notorio del ministerio sacerdotal es el fluctuante nivel de actividad. Por tiempos todo está tranquilo. Incluso a veces  se puede aburrir de la monotonía de las rutinas semanales. Nadie llama. Nadie visita a la iglesia durante todo un día. Todo queda silencioso. Y ¡Puf! Ya todo cambia. El teléfono suena y suena toda la mañana.  Tres, cuatro o más personas llegan a la oficina. La iglesia se convierte en una pequeña versión de Times Square y no hay tiempo para aburrirse. ¡Gracias a Dios!  Mientras tanto, todo en lo estaba pesando sigue con su percolación mental, pues tras las visitas y llamadas pienso en el tema que estoy preparando para un retiro que viene—ovejas.  
¡Buenas noticias!--Acabamos de sobrepasar 5000 visitas a "El Cura de Dos Mundos".

viernes, 11 de septiembre de 2015

Historia del Ministerio Hispano en la Iglesia Episcopal


Historia del Ministerio Hispano en la Iglesia Episcopal: Logros, frustraciones y esperanzas
por Isaías A. Rodríguez
 
Quiero felicitar al Reverendo Isaías Rodríguez por su libro recién publicado,  Historia del Ministerio Hispano en la Iglesia Episcopal, y recomendarlo a todos los lectores. 
 
Padre Rodríguez cuenta la historia de la labor pastoral y misionera de los episcopales entre los pueblos hispanos desde sus comienzos en América Latina hasta el momento presente en que existen más de 300 congregaciones hispanas en los Estados Unidos.   Es una historia que el Padre Rodríguez conoce muy bien— quizás mejor de nadie—por ser partícipe directo en su desarrollo, pues es uno de los clérigos más comprometidos con el ministerio hispano de la Iglesia Episcopal en los Estados Unidos con varias décadas de servicio al pueblo de Dios. Este libro es para cualquiera que trabaja en el ministerio hispano o que desea entender mejor su sorprendente crecimiento dentro de la Iglesia Episcopal. 
 
Padre Rodríguez es autor de varios artículos, folletos y libros y actualmente coordina del ministerio hispano en la Diócesis Episcopal de Atlanta.
 
Ejemplares de Historia del Ministerio Hispano en la Iglesia Episcopal están disponibles a través de la Diócesis de Atlanta. Costo del libro es $15.00 por ejemplar, $20.00 por dos, $30. 00 por tres, $40 por 5, y $7.00 por ejemplar cuando se piden más de  6 ejemplares. No hay costo de envío. Los cheques se deben escribir a:

Diocese of Atlanta: St. Mary´s E. Church

2744 Peachtree Rd. NW.

Atlanta, GA 30305

Más información aquí.

jueves, 25 de junio de 2015

La autoridad de la Convención General


William White,
Primer Obispo Presidente
de la Iglesia Episcopal
Hoy empieza la Convención General, la augusta reunión trienal de la legislatura más grande del mundo, que gobierna la vida común de las 109 diócesis de la Iglesia Episcopal. Como es de imaginarse, para los episcopales es un evento muy importante. 

La Convención, siendo una legislatura bicameral con representación de los obispos y de los otros clérigos y laicos de toda la iglesia, goza de mucho prestigio aunque su autoridad no es absoluta. No es un Concilio General y sus oficiales no son infalibles. Su autoridad se limita por la Constitución de la Iglesia Episcopal, por el Libro de Oración Común, por la Fe y el Orden históricos de la misma iglesia y por las Sagradas Escrituras que son Palabra de Dios.

Según la Constitución de la Iglesia Episcopal, la Convención General tiene la autoridad para establecer los cánones y cortes eclesiásticas, puede nombrar a sus propios oficiales (entre ellos el Obispo Presidente), puede autorizar enmiendas al leccionario y autorizar el uso temporal de revisiones propuestas al Libro de Oración.  Puede nombrar comités y designar fondos para su presupuesto.  Puede publicar su opinión sobre los temas del día en resoluciones y declaraciones. Sobre varias Convenciones puede enmendar a la Constitución, al Calendario litúrgico y al Libro de Oración Común.

Sin embargo hay cosas que no puede hacer, aunque quiera. Puede crear un territorio misionero, pero no una diócesis. (Las Diócesis se forman y después piden admisión a la Convención.)  No puede cambiar o superar a la Constitución de ninguna diócesis particular. (Le toca a cada diócesis en su convención o concilio particular.)  No puede autorizar oficios que no sean propuestas reformas al Libro de Oración Común. (Dentro de ciertos límites, el obispo de cada diócesis puede autorizar oficios para ocasiones no incluidas en el Libro de Oración Común.)   No puede legislar de manera contraria a la Constitución de la Iglesia. (Tiene que esperar por una enmienda.) No puede declarar doctrinas mandatarias que contradigan a las Sagradas Escrituras. (La Fe y el Orden recibidos por esta Iglesia y enumerados en el Libro de Oración Común específicamente niegan tal autoridad a sus ministros.)  

Finalmente, no sólo es importante que los episcopales reconozcamos los límites de la Convención General, sino que también oremos por los obispos y diputados de las varias diócesis durante el proceso legislativo.

La Iglesia Episcopal Protestante en los Estados Unidos de América, conocida también como la Iglesia Episcopal (nombre que mediante el presente se reconoce para nombrar la Iglesia), es miembro constituyente de la Comunión Anglicana, una Comunidad dentro de la Iglesia Única, Santa, Católica y Apostólica, compuesta por aquellas Diócesis, Provincias e Iglesias regionales debidamente constituidas, en comunión con la Sede de Cantórbery, que sostienen y propagan la Fe y el Orden históricos dispuestos en el Libro de Oración Común. Esta Constitución, adoptada en Convención General en Filadelfia, en octubre de 1789 y enmendada en Convenciones Generales posteriores, dispone los artículos básicos para el gobierno de esta Iglesia y de sus jurisdicciones misioneras en el extranjero. —Preámbulo a la Constitución de la Iglesia Episcopal.