Hoy escribo sobre un tema de muchísima importancia, sobre algo que
puede afectar a toda la vida. Eso no lo quieren perder. El tema de hoy es el valor de los Legos en la formación cristiana. Sí, los
Legos, son aquellos bloquecitos de plástico que han llenado la infancia de niños
alrededor del mundo ya por los últimos sesenta o setenta años. Y aunque usted no lo crea, tienen gran
relevancia para la teología cristiana. ¿Por qué?


Hay otro aspecto de los bloques que necesitamos en la iglesia ahora. Es la
creatividad. Con los bloques existe un sinnúmero de posibilidades de crear y
construir que se multiplican exponencialmente con cada pieza nueva que se va
agregando. Los límites son la cantidad
de bloques y la imaginación del jugador.
Los bloques nos educan para pensar outside the box y para buscar
nuevas maneras de idear y proyectar lo que nos imaginamos. Nos abren la mente
para solucionar problemas. Nos enseñan a
ingeniar y a crear. De algún modo nos entrena a ser más como Dios,
pues en la creatividad reflejamos algo de su imagen y semejanza (véase Génesis
1: 27-28).
Claro, también existe una versión Lego de la Biblia: The Brick Bible.
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