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martes, 21 de marzo de 2017

Reflexión Bíblica para la Tercera Semana en Cuaresma


Por eso siendo justificados por fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo (Romanos 5:1).

Todos queremos tener paz en nuestras vidas.  Buscamos la paz y el bienestar a través del empleo, del dinero y de las diversiones de todo tipo. Sin embargo lo único que nos puede proveer la paz es la fe en Jesucristo.  Cristo obtuvo paz por nosotros en la cruz mientras todavía éramos  sus enemigos y nos reconcilió consigo mismo por el amor que nos tiene.  Nadie más ha hecho eso por la humanidad y por eso cualquier otro ofrecimiento de la paz es una estafa, una mentira o un autoengaño.    

Como le dijo el Señor Jesús a la samaritana, si sólo nos diéramos cuenta de lo que Dios quiere darnos, le pediríamos que nos diera esa paz tan deseada y tan necesaria (S. Juan 4:10). Nadie más es capaz de darnos la paz genuina, pues sólo Cristo, siendo el único Salvador, nos ofrece verdadero consuelo para nuestras almas.


Las lecturas para el Tercer Domingo en Cuaresma so Éxodo 17:1-7; Salmo 95; Romanos 5:1-11; San Juan 4:5-42.   

martes, 28 de abril de 2015

Hay suficientes razones para orar




Jesús el Buen Pastor

Cada día veo más y más razones para ofrecer mis súplicas a Dios en la oración: Personas conocidas se enferman, a veces por mucho tiempo.  Ocurren terremotos. Se queman ciudades importantes por falta de dirección y orden.  Ciudadanos reclaman por la justicia y desarrollo económico y social cuando éstos parecen estar ausentes. Hasta hay momentos cuando los valores y la moral se ven de todo al revés. En la vida de Jesucristo hubo momentos en que todo se veía de esta manera también. La Biblia nos dice que el Señor miró hacia la gente con todos sus problemas, miedos y afanes y se apiadó a ella porque vio que gente era como ovejas sin pastor (Marcos 6:34).  En este mundo lo que nos queda es la oración, el entregar las preocupaciones al Señor. No se aflijan por nada, más bien preséntenselo todo a Dios en oración, pídanle y también denle gracias. Y la paz de Dios, que supera a todo lo que podemos pensar, cuidará sus corazones y sus pensamientos por medio de Cristo Jesús.(Filipeneses 4:6,7)
Debemos pedirle que se apiade de nosotros y de todos los que a todas luces andan perdidos y que nos ayude a entender que sólo él nos puede conducir a las aguas tranquilas y concedernos la paz que tanto anhelamos.
El Señor es mi pastor: nada me falta.
Sobre los frescos pastos me lleva a descansar, y a las aguas tranquilas me conduce.
El restaura mi aliento, por las veredas justas él me guía, en gracia de su nombre.
Aunque hubiera de ir por los valles sombríos de la muerte, ningún mal temería, pues conmigo estás tú: tu bastón y tu cayado me confortan.
Enfrente al opresor, me aderezas tú un banquete; con aceite me unges la cabeza, y mi copa rebosa.
Sólo bien y favor me van siguiendo todos los días de mi vida. Mi morada es la casa del Señor por lo largo de los días.
-- Salmo 23

lunes, 29 de diciembre de 2014

Quinto Día de la Navidad: Nostalgia y Esperanza


Quinto Día de la Navidad: Nostalgia y Esperanza
Parece que a todo el mundo le encanta la Navidad. A muchos nos trae recuerdos de la infancia y cierta nostalgia de cómo las cosas fueron antes. Pensamos en las comidas—quizás la pierna de cerdo y los tamales, quizás las langostas con bistec, puré de camote y habichuelas verdes. También pensamos en las demás tradiciones familiares como la de adornar el pino y fijar cada pieza del nacimiento en su lugar. Queremos que todo sea perfecto para que los que más amamos, especialmente los niños,  puedan vivir el mismo gozo de la  Navidad que nosotros conocimos en aquellos “tiempos dorados” de nuestra niñez.

También los días de Navidad son momentos de esperanza. Para los niños es la esperanza de recibir el juguete tan deseado que pidieron a sus padres, a Santa Claus, a los Reyes Magos o al Niño Dios. (Quien lleva los regalos varía algo de lugar en lugar, también la fecha.)  Los grandes ya tienen otras esperanzas. Tenemos la esperanza que el año nuevo sea próspero y productivo, de  poder vivir con salud y con el amor de nuestras familias y nuestros amigos.  A lo mejor también crecerá otra esperanza en nuestros corazones, la esperanza de un mundo en donde reine la paz porque allí reina el Príncipe de Paz, el Señor Jesús.

 

Porque un niño nos ha nacido, nos han traído un hijo: lleva el cetro del principado y se llama Consejero maravilloso, Guerrero divino, Jefe perpetuo, Príncipe de la paz.—Isaías 9:5