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jueves, 1 de octubre de 2015

Esdras--modelo para la interpretación bíblica


Esta semana he pensado en muchísimos temas para este blog pero no he escrito sobre ninguno de ellos. Ninguno está en su kairós, en su momento oportuno.

Las gradas del Templo de Jerusalén,
cerca del lugar donde Esdras interpretó la Palabra de Dios.
Algo que nunca está fuera de su momento es mencionar la obligación del sacerdote a ser el intérprete bíblico para su comunidad. En mis estudios de los Padres de Iglesia encontré de nuevo un pasaje del Antiguo Testamento que para mí representa muy bien cómo los clérigos debemos enseñar las Sagradas Escrituras y creo que nos pueden servir también en nuestro tiempo.

El pasaje es Nehemías capítulo 8. Describe el ministerio del sacerdote Esdras al volver a Jerusalén desde  el exilio en el extranjero. Con una serie de cinco pasos (que voy a enumerar) cumplió con el deber de enseñar la Palabra de Dios a su pueblo.
Pasos del ministerio magisterial de Esdras en Nehemías 8
  1. Convocó a la solemne asamblea en el sitio del templo. (8:1)
  2. Leyó texto sagrado al pueblo durante los actos de adoración. (8:2)
  3. Dirigió la traducción del texto hebreo a la lengua vernácula. (8:8)
  4. Interpretó el significado del texto para el pueblo en su momento histórico. (8:8)
  5. Celebró la gracia de Dios con el pueblo reunido. (8:9-12)
Esta tarea requirió de Esdras mucha preparación y varias habilidades. Tenía que conocer el texto del Libro de la Ley. Para leerlo, necesitaba el poder leer y entender la lengua hebrea, una lengua prácticamente muerta en ese entonces. Tenía que conocer la lengua y los modismos actuales de su pueblo. Necesitaba conocer su procedencia y tener una visión de su futuro ya de regreso en el lugar que el Señor había mostrado a sus ancestros.  Y por encima de todo esto tenía que conocer al Dios que les había convocado y bendecido con su palabra.

viernes, 4 de septiembre de 2015

¿Por qué decir "el cura"?


¿Por qué decir “el cura”?
Ayer uno de los estimados  lectores me preguntó por qué uso el término “cura” para hablar de los clérigos de nuestra iglesia. Me pidió también explicar el uso de esta palabra en las traducciones del Libro de Oración Común. Aquí va el intento…
En primer lugar, yo uso la palabra “cura” por economía. El español es mi segunda lengua y para mí es más fácil pronunciar cu-ra que pres-bí-te-ro  o sa-cer-do-te.
Pero más allá de ser una palabra fácil, es una palabra que me gusta por evocar a las imágenes literarias del sacerdote de pueblo que en muchas ocasiones sin ser el  titular de la parroquia ministra en el templo día tras día. No busca ascensos, no le fascinan las maquinaciones políticas y su interés no es ni el poder ni la riqueza, sino la gloria de Dios y el bienestar de todos. Sencillamente es un hombre que sirve al Señor.  Los que tienen acceso a copias del Libro de Oración Común (1662) de la Iglesia de Inglaterra habrán visto que ese libro usa la palabra “curate” a menudo para referirse a los clérigos. Las versiones en español dicen “el cura”.  Quiere decir “el presbítero responsable por el cuidado espiritual” de la parroquia, es decir el cura de almas.  Durante varios siglos éste no era necesariamente el rector o vicario oficial, sino un clérigo—a veces muy pobre—contratado para oficiar en ausencia del titular. Era el cura que bautizaba, celebraba la Santa Comunión,  exhortaba, absolvía, celebraba las bodas, visitaba a los enfermos y sepultaba a los muertos.  Aunque no gozaba del nombre, era el pastor del pueblo.  En este sentido admirable uso la palabra.   
En años posteriores con reformas eclesiásticas que obligaron a los clérigos a quedarse en sus parroquias, la palabra “curate” llegó a significar un diácono o sacerdote joven que sirve de asistente bajo la tutela de un clérigo más experimentado antes de ser titular en una iglesia propia. A veces existe una confusión por la diferencia  de usanza entre la liturgia anglicana oficial y el lenguaje moderno.      
Quiero darles un consejo a los líderes de la iglesia. Yo también soy líder como ellos, y soy testigo de cómo sufrió Cristo. Además, cuando Cristo regrese y muestre lo maravilloso que es él, disfrutaré de parte de su gloria. Mi consejo es el siguiente: Cuiden ustedes de las personas que Dios dejó a su cargo, pues ellas pertenecen a Dios. Cuídenlas, como cuida el pastor a sus ovejas. Háganlo por el gusto de servir, que es lo que a Dios le agrada, y no por obligación ni para ganar dinero.  No traten a los que Dios les encargó como si ustedes fueran sus amos; más bien, procuren ser un ejemplo para ellos.  Así, cuando regrese Cristo, que es el Pastor principal, ustedes recibirán un maravilloso premio que durará para siempre. (1 Pedro 5:1-4-TLA)



jueves, 20 de agosto de 2015

Algunas prioridades en el ministerio sacerdotal (parte 2)

Algunas prioridades en el ministerio sacerdotal (parte 2)
Prioridad 2: El trabajo pastoral
Seguimos hablando de algunas prioridades en el ministerio sacerdotal, las cuales se basan en un consejo de la primera epístola a Timoteo, Dedícate a la lectura, a la exhortación y a la enseñanza (1Tim.4:13).  Al concentrarnos en “la lectura,” nos dimos cuenta que los sacerdotes tienen la obligación de profundizar su conocimiento de la Palabra de Dios a través del estudio.  
Hoy quiero enfatizar “la exhortación” en el ministerio.  La palabra griega atrás de la traducción (paraklésis) normalmente no quiere decir regañar o estarle diciendo a la gente lo que tiene que hacer, sino que representa a todo un campo de ideas relacionadas con la obra del Espíritu Santo, el Paráclito, que cuida, anima y consuela a todo cristiano.  Aquí exhortación es la obra pastoral, el ministerio de cuidar al pueblo de Dios.  
Encontramos una descripción de este tipo de ministerio en la carta a los Hebreos: Todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres y está puesto en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios para ofrecer dones y sacrificios por los pecados;  y puede sentir compasión hacia los ignorantes y extraviados, por estar también él envuelto en flaqueza (Hebreos 5:1-2). Vemos que en su trabajo pastoral el sacerdote intercede por el rebaño que se le ha encomendado y le provee los sacramentos y otros recursos espirituales necesarios para la vida en Cristo, siendo él también un hermano  entre ellos. 
Catedral de San Pablo, Londres
Pero ofrecer la misa y acordarse de los feligreses durante sus oraciones no es suficiente para cumplir con el mandato bíblico. Para dedicarse a la exhortación bíblica, el pastor necesita ejercer lo que en inglés llamamos the ministry of presence (el ministerio de la presencia). Tiene que estar con los fieles,  pues se requiere estar presente con ellos para conocerlos y sus necesidades. Por tanto, el sacerdote debería estar disponible para escucharlos cuando frustrados y darles consejo cuando lo piden y para visitarlos cuando están enfermos.  Es el trabajo del cura animar, consolar, reconciliar y extender la gracia de Dios a todos sus hijos en Jesucristo.
Por esto, confortaos mutuamente y edificaos los unos a los otros, como ya lo hacéis.
(1 Tesalonicenses 5:11)


miércoles, 17 de diciembre de 2014

Días de Témporas--Oración por el ministerio ordenado

No impongas las manos a nadie sin haberlo pensado bien
(1 Timoteo 5:22)


Los miércoles,  viernes y sábado de la tercera semana de Adviento se llaman los "Días de témporas." Son días que la Iglesia aparta con el fin de orar por el ministerio ordenado en general y por los candidatos al diaconado y presbiteriado en particular.


En preparación a su ordenación los candidatos ordenandos habrán tomado éxamenes, habrán escrito informes y habrán aprobado otras tareas encomendadas a su responsabilidad. (Así se cumple lo que leemos en 1 Timoteo  de no imponer las manos tan rápido a nadie sin antes pasar ciertas pruebas.) Para los ya ordenados es tiempo para acordarse de su propio camino al ministerio y para pedirle más a Dios por la gracia de continuar en su santo servicio. 


Aprochevo esos Días de témoras para darle gracias a Dios por llamarme al sacerdocio, por poner  personas en el camino que me animaban y me enseñaron la práctica del ministerio, por enviarme a las congregaciones en que he servido, y por darme una familia comprensiva y dedicada al amor del Señor.



viernes, 21 de junio de 2013

Un Día Viernes...


Un día viernes…

A veces mi esposa me pregunta ¿Qué vas a hacer hoy? Normalmente, respondo “Voy a trabajar”. Sé que la respuesta queda corta, pues no dice nada. Me imagino que muchas parejas comparten un diálogo muy parecido en algún momento de la vida…En otras ocasiones la gente habla como si los curas sólo trabajáramos los domingos.  Es verdad que hay cierta flexibilidad en los horarios. Muchas veces puedo decidir si entro más temprano o más tarde, pero esta flexibilidad también incluye estar en el hospital a cualquier hora. Los feligreses saben que me pueden llamar cuando estén en necesidad e iré a atenderles. Es mi trabajo. Otras personas también me buscan a veces por alguna razón u otra y también hago lo que puedo para ayudar.  Es parte de lo que hago.
Sí, son anglicanos.
 

Los días viernes varían bastante…  Hay viernes en que tengo reuniones de trabajo durante todo el día: Organizamos los próximos pasos del programa de evangelismo. Planificamos actividades para las familias. Me informan sobre los estudios bíblicos. También viene gente para oración y consejo.  Algunos viernes son dedicados a visitas pastorales. Se puede imaginar cómo son: Siempre me preparo con oración. Arreglo los elementos para la visita—Biblia, Libro de Oración Común, pan, vino, cáliz, patena et cétera. Ingreso la dirección al GPS y hago la visita. Platicamos, oramos, celebramos la Comunión.  Otros viernes me parezco más a un estudiante universitario que a cualquier otra cosa, pues estos los paso estudiando preparándome para el domingo: Reviso los textos bíblicos (normalmente los textos griegos), quizás repaso los comentarios exegéticos o los escritos de algún santo relacionado.  También leo sobre algo relacionado con el ministerio pastoral.  Últimamente estoy leyendo más sobre los temas de consejería y evangelismo—temas muy prácticos.  Además busco ratos para escribir, sea para un estudio para la iglesia o mi tesis doctoral. También preparo mis libros. (Actualmente estoy compilando una colección de plegarias.) Como siempre, abro y cierro la iglesia, recibo a los trabajadores,  contesto el teléfono y atiendo a la correspondencia.  En todo busco momentos de oración, pues sin Dios no se hace nada.

Y poderoso es Dios para bendecirles de mil maneras, de modo que nunca les falte nada y puedan al mismo tiempo cooperar en toda obra buena. (2 Corintios 9:8)