viernes, 4 de septiembre de 2015

¿Por qué decir "el cura"?


¿Por qué decir “el cura”?
Ayer uno de los estimados  lectores me preguntó por qué uso el término “cura” para hablar de los clérigos de nuestra iglesia. Me pidió también explicar el uso de esta palabra en las traducciones del Libro de Oración Común. Aquí va el intento…
En primer lugar, yo uso la palabra “cura” por economía. El español es mi segunda lengua y para mí es más fácil pronunciar cu-ra que pres-bí-te-ro  o sa-cer-do-te.
Pero más allá de ser una palabra fácil, es una palabra que me gusta por evocar a las imágenes literarias del sacerdote de pueblo que en muchas ocasiones sin ser el  titular de la parroquia ministra en el templo día tras día. No busca ascensos, no le fascinan las maquinaciones políticas y su interés no es ni el poder ni la riqueza, sino la gloria de Dios y el bienestar de todos. Sencillamente es un hombre que sirve al Señor.  Los que tienen acceso a copias del Libro de Oración Común (1662) de la Iglesia de Inglaterra habrán visto que ese libro usa la palabra “curate” a menudo para referirse a los clérigos. Las versiones en español dicen “el cura”.  Quiere decir “el presbítero responsable por el cuidado espiritual” de la parroquia, es decir el cura de almas.  Durante varios siglos éste no era necesariamente el rector o vicario oficial, sino un clérigo—a veces muy pobre—contratado para oficiar en ausencia del titular. Era el cura que bautizaba, celebraba la Santa Comunión,  exhortaba, absolvía, celebraba las bodas, visitaba a los enfermos y sepultaba a los muertos.  Aunque no gozaba del nombre, era el pastor del pueblo.  En este sentido admirable uso la palabra.   
En años posteriores con reformas eclesiásticas que obligaron a los clérigos a quedarse en sus parroquias, la palabra “curate” llegó a significar un diácono o sacerdote joven que sirve de asistente bajo la tutela de un clérigo más experimentado antes de ser titular en una iglesia propia. A veces existe una confusión por la diferencia  de usanza entre la liturgia anglicana oficial y el lenguaje moderno.      
Quiero darles un consejo a los líderes de la iglesia. Yo también soy líder como ellos, y soy testigo de cómo sufrió Cristo. Además, cuando Cristo regrese y muestre lo maravilloso que es él, disfrutaré de parte de su gloria. Mi consejo es el siguiente: Cuiden ustedes de las personas que Dios dejó a su cargo, pues ellas pertenecen a Dios. Cuídenlas, como cuida el pastor a sus ovejas. Háganlo por el gusto de servir, que es lo que a Dios le agrada, y no por obligación ni para ganar dinero.  No traten a los que Dios les encargó como si ustedes fueran sus amos; más bien, procuren ser un ejemplo para ellos.  Así, cuando regrese Cristo, que es el Pastor principal, ustedes recibirán un maravilloso premio que durará para siempre. (1 Pedro 5:1-4-TLA)



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