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jueves, 24 de mayo de 2018

“Leer para predicar”

La tesis que propone Cornelius Plantinga en su libro Reading for Preaching: The Preacher in Conversation with Storytellers, Biographers, Poets and Jouralists ("Leer para predicar: el predicador en conversación con narradores, biógrafos, poetas y periodistas") es que los predicadores debemos leer toda clase de literatura para predicar más eficazmente. Género por género, el autor cuenta sus experiencias de descubrimiento y crecimiento a través de la lectura amplia y extendida de las grandes obras literarias, como es de suponer, y de cosas menos esperadas como las biografías de personajes grandes y pequeños y las investigaciones periodísticas de los temas críticos de nuestra época. Se nota que en adición de ser un teólogo sistemático y presidente universitario es un lector voraz.

Estoy de acuerdo con Plantinga en las razones que nos propone por qué los que predicamos también debemos leer:
  1. Leer es un deleite. La lectura es uno de los pocos placeres en que no sólo se beneficia el que lo disfrute, sino que se benefician los que están relación con él.
  2. Leer mejora nuestro uso del idioma. Al leer buena literatura, el lector se expone al bueno uso del vocabulario y de las expresiones. Se aprende lo que “suena bien” y lo que “suena mal” e inconscientemente va asimilando e imitando lo que lee.
  3. Leer extiende nuestros horizontes. Por la lectura podemos conocer los hombres y mujeres del pasado y podemos explorar lugares y culturas lejanas. De algún modo empezamos a comprender más las experiencias de otras personas y desarrollar el aprecio y la empatía por los cuya vida es distinta a la nuestra.
  4. Leer nos aumenta la sabiduría. Todos tenemos que crecer; todos tenemos que aprender. A través de la lectura y la reflexión sobre lo que leemos crecemos en sabiduría. Poco a poco, semana a semana, mes a mes, año a año, el lector perspicaz va distinguiendo entre el bien y el mal, lo que funciona y lo que no funciona. Eventualmente se convierte en algo parecido al maestro que el Señor Jesús describió:—Cuando un maestro de la ley se instruye acerca del reino de los cielos, se parece al dueño de una casa, que de lo que tiene guardado sabe sacar cosas nuevas y cosas viejas. (S. Mateo 19:52).

Si quiere predicar, por favor, dedíquese a leer y a leer mucho.

Durante estos días de témporas, oremos todos por los ministros de la Iglesia, especialmente los predicadores.


jueves, 28 de septiembre de 2017

Dos Imágenes de la Iglesia (Parte 2: un Hosptial)

La segunda imagen de Iglesia en que he reflexionado recientemente (vea Parte 1) es un hospital. Al igual que con la metáfora del ejército, la imagen del hospital tiene un trasfondo bíblico sin aparecer directamente en el texto sagrado.  Se basa en la sanación que el Señor promete a su pueblo en el Antiguo Testamento y en el ministerio que Cristo ejerció y encomendó a su Iglesia (ej. 2 Crónicas 7:14;  Jeremías 33:6; Óseas 6:1; S. Mateo 8:7; S. Lucas 10:9).

¿Cómo es la Iglesia parecida a un hospital?

En primer lugar es un sitio donde se practica la sanación. En la Iglesia hablamos principalmente de la sanación espiritual aunque también se experimenta la sanación física. Los enfermos espirituales buscamos refugio y alivio en Jesucristo.

Pero  si vamos un poco más adentro de la imagen, los hospitales siempre tienen una organización y una estructura para poder atender las necesidades de la gente: Hay médicos generales, especialistas y cirujanos, y hay enfermeros de todo tipo. Cada quien hace lo suyo para restablecer la salud de los pacientes. (Nadie quiere ser atendido en un hospital sin enfermos.)

Para atender a sus “pacientes” espirituales la Iglesia necesita pastores generales, pastores especialistas, diáconos y otros servidores que atienden directamente al pueblo de Dios y dirigen a los recién ingresados hacia el especialista que requieren para su mejoría. Necesitamos a todos, pues una Iglesia de sólo obispos y sacerdotes, o sólo de maestros, teólogos y biblistas quedará corta en su poder servir a la comunidad. Una Iglesia sin estos especialistas puede olvidar su razón de existir.

Por eso San Pablo dice: Dios ha querido que en la Iglesia haya en primer lugar apóstoles, en segundo lugar profetas, en tercer lugar maestros, luego vienen los que han recibido el don de hacer milagros, después el don de sanaciones, el don de socorrer a los necesitados, el de gobierno, y el don de lenguas diversas (1 Corintios 12:28).

 Se me ocurre que una Iglesia sin el ministerio de diáconos sería como un hospital sin departamento de enfermería. ¡Da pavor solo pensarlo!


viernes, 22 de septiembre de 2017

Dos Imágenes de la Iglesia (Parte 1: el Ejército)

Existe una amplia variedad de imágenes y metáforas usadas para describir la Iglesia. Recientemente he pensado mucho en dos de ellas.
La primera es de la Iglesia como un ejército: Aunque algunos dirán que es muy violenta, es bíblica (por ej.: Deuteronomio 1:15; 2 Timoteo 2:3-4; Apocalipsis 19:19).  
Pienso que es una metáfora muy buena, pues un ejército está compuesto de muchísimas personas. Cada una deberá cumplir su parte para funcionar como un solo organismo y así lograr sus objetivos. Un ejército efectivo tiene un Comandante que envía a sus oficiales a dirigir la campaña contra el enemigo. Cada oficial a su vez trabaja con varios sargentos que supervisan y coordinan las actividades de los soldados.  Poco sirve un ejército con muchos oficiales, pero sin sargentos. Un ejército solo con soldados tampoco logrará ningún objetivo. Se necesita a todos—rangos superiores, rangos medios y rangos de base— porque todos tienen una función importante.  
Soldados del Ejército de Letonia en formación militar
Digo esto porque la Iglesia necesita el servicio de muchas personas, clérigos y laicos, cada uno diferente, para cumplir la misión que Cristo le dio. Realmente el pueblo de Dios requiere organización y tiene que delegar las responsabilidades misioneras a cada miembro si quiere lograr el objetivo de evangelizar al mundo. A una iglesia sin obispos y presbíteros le faltará dirección como un ejército sin oficiales que planifican y dirigen la campaña.  Y una iglesia llena de sacerdotes, pero sin laicos, no hará nada aunque tenga los planes más grandiosos. No es por nada que Dios mandó que Moisés nombrara “capitanes sobre miles, capitanes de cien, capitanes de cincuenta y capitanes de diez.” Entendió que cada quien tiene dones distintos y algo que contribuir.  Por eso, me extraña que tantas congregaciones viven sin diáconos y líderes laicos bien formados. Se parecen a un ejército sin sargentos, o como diría Moisés, a un ejército sin nadie entre los capitanes de mil y los capitanes de diez.
(Parte 2 próximamente…)     

viernes, 27 de mayo de 2016

Sobre el liderazgo cristiano


El liderazgo es un tema de gran importancia para la vida de la Iglesia y se han escrito muchos libros sobre este tema, sin embargo estos libros ponen poca atención a lo que dice la Biblia acerca del quehacer de los líderes cristianos. Ofrezco unas notas sobre el liderazgo que hace unas semanas impartí en la forma de un discurso a un grupo de líderes laicos. Se basa en la exhortación a los líderes encontrada en la primera epístola de San Pedro.

Me dirijo a los responsables de las comunidades de ustedes, yo, responsable como ellos, que fui testigo de la pasión del Mesías y experimenté la gloria que va a revelarse: cuiden del rebaño de Dios que tienen a su cargo, miren por él, no por obligación, sino de buena gana, como Dios quiere; tampoco por sacar dinero, sino con entusiasmo; no tiranizando a los que les han confiado, sino haciéndose modelos del rebaño. Así, cuando aparezca el supremo Pastor, recibirán la corona imperecedera de la gloria. (1 Pedro 5:1-4, Biblia traducida por Luis Alonso Schökel y Juan Mateos)

Me dirijo a los responsables de las comunidades…Pedro exhorta a los responsables de las comunidades. En este caso los presbíteros o ancianos que enseñaban y dirigían el culto fueran la audiencia inmediata del mensaje, pero aplica a toda clase de líder: Miembros de comisiones y comités, sus presidentes y coordinadores, guardianes, maestras de la escuela dominical, dirigentes de jóvenes y cualquier persona que sirve a Dios en su Iglesia. 

Cuiden del rebaño de Dios…El trabajo del líder cristiano es el campo pastoral. Es el lugar de las ovejas y las cabras.  Los líderes están llamados a pastorear al rebaño. Tienen que cuidar a lo que no es su propiedad. El rebaño y las ovejas son de Dios, son del Señor. La obligación de los ministros es velar por las ovejas del Dueño y buscar su bienestar. Cuidarlas requiere que se las respete y que se las proteja. No es maltratarlas.

No lo hagan por obligación, sino de buena gana… La actitud del líder también importa. Para que cumpla con su tarea necesita tener buena actitud y buen ánimo. Uno no puede servir a Dios de pura obligación. Hay que querer servir. Hay que darse cuenta que es un gran privilegio ejercer la responsabilidad. 

Tampoco hay que hacerlo por sacar dinero, sino con entusiasmo… Los libros seglares acerca del liderazgo llaman a los líderes para que piensen en la eficiencia y la efectividad de sus empresas. Lo que importa son las ganancias financieras. El líder cristiano al contrario tiene que meditar en cómo invertir los recursos para la extensión del reino de Dios. Tiene que gozar de prosperar al rebaño más que a su bolsillo.

  No tiranizando a los que les han confiado… El mundo del éxito empresarial muchas veces promociona el magnate como la persona grande que domina a toda la competencia. A menuda el que se cree el más fuerte, el que más grita parece ser el mejor de todos, pero así no es entre el pueblo de Dios. Nos acordamos que, según Jesús, el más importante es el siervo de los demás. Ricos o pobres, hemos de ser humildes delante de Dios y delante de nuestros hermanos. No existimos para dominar a otros o para tiranizarlos. Por eso también dice, Cúbranse de humildad, porque Dios se enfrenta con los soberbios, pero concede gracia a los humildes. Existimos para amar y cuidar a las ovejas del Señor hasta que venga el Pastor principal.

Así, cuando aparezca el supremo Pastor… El apóstol no nos amenaza, sino nos exhorta y nos anima con el recuerdo de las promesas de Cristo el verdadero pastor de nuestras almas. Si servimos fielmente Jesucristo nos promete no solo un pago o una recompensa financiera. Nos ofrece la victoria, la corona de gloria. Es un premio más valioso que cualquier cheque o salario: ¡Es la vida eterna!

 

 

 

jueves, 20 de agosto de 2015

Algunas prioridades en el ministerio sacerdotal (parte 2)

Algunas prioridades en el ministerio sacerdotal (parte 2)
Prioridad 2: El trabajo pastoral
Seguimos hablando de algunas prioridades en el ministerio sacerdotal, las cuales se basan en un consejo de la primera epístola a Timoteo, Dedícate a la lectura, a la exhortación y a la enseñanza (1Tim.4:13).  Al concentrarnos en “la lectura,” nos dimos cuenta que los sacerdotes tienen la obligación de profundizar su conocimiento de la Palabra de Dios a través del estudio.  
Hoy quiero enfatizar “la exhortación” en el ministerio.  La palabra griega atrás de la traducción (paraklésis) normalmente no quiere decir regañar o estarle diciendo a la gente lo que tiene que hacer, sino que representa a todo un campo de ideas relacionadas con la obra del Espíritu Santo, el Paráclito, que cuida, anima y consuela a todo cristiano.  Aquí exhortación es la obra pastoral, el ministerio de cuidar al pueblo de Dios.  
Encontramos una descripción de este tipo de ministerio en la carta a los Hebreos: Todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres y está puesto en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios para ofrecer dones y sacrificios por los pecados;  y puede sentir compasión hacia los ignorantes y extraviados, por estar también él envuelto en flaqueza (Hebreos 5:1-2). Vemos que en su trabajo pastoral el sacerdote intercede por el rebaño que se le ha encomendado y le provee los sacramentos y otros recursos espirituales necesarios para la vida en Cristo, siendo él también un hermano  entre ellos. 
Catedral de San Pablo, Londres
Pero ofrecer la misa y acordarse de los feligreses durante sus oraciones no es suficiente para cumplir con el mandato bíblico. Para dedicarse a la exhortación bíblica, el pastor necesita ejercer lo que en inglés llamamos the ministry of presence (el ministerio de la presencia). Tiene que estar con los fieles,  pues se requiere estar presente con ellos para conocerlos y sus necesidades. Por tanto, el sacerdote debería estar disponible para escucharlos cuando frustrados y darles consejo cuando lo piden y para visitarlos cuando están enfermos.  Es el trabajo del cura animar, consolar, reconciliar y extender la gracia de Dios a todos sus hijos en Jesucristo.
Por esto, confortaos mutuamente y edificaos los unos a los otros, como ya lo hacéis.
(1 Tesalonicenses 5:11)


martes, 18 de agosto de 2015

Algunas prioridades en el ministerio sacerdotal: Parte 1


Algunas prioridades en el ministerio sacerdotal (Parte 1)

En su primera carta a Timoteo, san Pablo aconseja al joven líder cristiano, Dedícate a la lectura, a la exhortación y a la enseñanza (1Tim.4:13). Para el sacerdote de hoy las mismas tres cosas parecen ser necesarias para cumplir con su vocación y ministerio, cada una de las cuales será un tema en esta serie de posts sobre algunas prioridades en el ministerio sacerdotal. 

Prioridad 1: El estudio  

 El ministro de Dios requiere conocimiento. No puede dar lo que no haya recibido. No puede guiar a otros si es igual de ciego que los demás. Tiene que leer y estudiar, pues el saber no viene por osmosis, sino por el estudio y la meditación. El sacerdote necesita empapar su mente y su corazón con la Palabra de Dios. También tiene que aprender a usar las herramientas de la interpretación bíblica y a conocer las enseñanzas de los grandes maestros de la fe para evitar equivocaciones y errores doctrinales que contribuyen a otros problemas. 

En verdad el tema del estudio y el conocimiento es cosa seria, pues en el Antiguo Testamento leemos como Dios castigó a los sacerdotes que no buscaban al conocimiento: Ya que tú has rechazado el conocimiento, yo te rechazaré de mi sacerdocio (Oseas 4:6b).  En términos positivos, el Señor dice al profeta Malaquías: Labios sacerdotales han de guardar el saber y en su boca se busca la doctrina, porque es mensajero del Señor de los ejércitos (Mal.2:7).Por eso el rito de Ordenación de un presbítero pregunta a los ordenandos: ¿Serás diligente en la lectura y estudio de las Sagradas Escrituras, y en la búsqueda del conocimiento de aquello que te haga un ministro de Cristo más fuerte y capaz? Es tan importante que al que dice que no quiere esforzarse en el estudio, la Iglesia no le puede encomendar el cuidado de las almas.

Algunos quizá dirán que lo que estudian en el seminario es suficiente para su ministerio sacerdotal después, pero eso no es cierto. Se comprueba porque, como vemos en los ejemplos anteriores, la obligación de buscar el conocimiento de las Escrituras cae sobre los que están sirviendo en el altar y no sólo sobre los candidatos. Es como dice un antiguo manual para sacerdotes anglicanos: No es suficiente haber cursado un programa de teología y haber entendido su significado; ni siquiera es suficiente haberlo enseñando públicamente. Más allá de eso, uno debe cultivar asiduamente esta ciencia para imprimir sobre la mente lo que se ha aprendido más profundamente todavía y para obtener la información nueva que la teología siempre nos ofrece.  El sacerdote que ignora la teología  o menosprecia a  la sagrada ciencia  es igual al médico que ignora o menosprecia al estudio de la medicina (The Priest’s Companion, 54).