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sábado, 16 de junio de 2018

Tantas ideas

"The power of words" Antonio Litterio
En el transcurso de las últimas semanas, se me han ocurrido muchísimos temas de reflexión para el blog y no pocas ideas para libros y ensayos. He tomado fotos de cosas curiosas, he notado títulos de libros para compartir, he estudiado pasajes interesantes de la Biblia y he pensado en cómo es Dios y cómo somos los seres humanos.  He contribuido a la edición un libro, con mi esposa he traducido una serie de meditaciones cristianas y he dado un discurso de graduación en un evento ecuménico; pero no he escrito mucho.

Siempre tengo ideas, pero no siempre las escribo. Algunas de las ideas que navegan por mi mente necesitan más tiempo para alcanzar su madurez. Son como los niños pequeños que caminan mas no llegan a su destino sin la ayuda de sus padres. Algunas requieren que las plasme en un borrador con grafito antes de pasarlas a máquina; son tímidas, deseosas de un ensayo antes de estrenar el escenario público. Algunas deben ser llevadas al altar para que Dios trabaje en ellas y algunas serán mejores cuando son entregadas al olvido, pues no todas las ideas son buenas. Algunas cuantas se convertirán en posts y algunas pocas crecerán para ser libros.

Los que viven solamente de escribir no tienen el lujo que tengo yo de posponer el trabajo y el esfuerzo de llenar el vacío de las páginas con sus palabras, pero todos debemos acordarnos del buen consejo del Predicador:

Pero además de esto, hijo mío, estate prevenido: el hacer muchos libros no tiene fin, y demasiada dedicación a ellos es fatiga del cuerpo. (Eclesiastés 12:12)

jueves, 24 de mayo de 2018

“Leer para predicar”

La tesis que propone Cornelius Plantinga en su libro Reading for Preaching: The Preacher in Conversation with Storytellers, Biographers, Poets and Jouralists ("Leer para predicar: el predicador en conversación con narradores, biógrafos, poetas y periodistas") es que los predicadores debemos leer toda clase de literatura para predicar más eficazmente. Género por género, el autor cuenta sus experiencias de descubrimiento y crecimiento a través de la lectura amplia y extendida de las grandes obras literarias, como es de suponer, y de cosas menos esperadas como las biografías de personajes grandes y pequeños y las investigaciones periodísticas de los temas críticos de nuestra época. Se nota que en adición de ser un teólogo sistemático y presidente universitario es un lector voraz.

Estoy de acuerdo con Plantinga en las razones que nos propone por qué los que predicamos también debemos leer:
  1. Leer es un deleite. La lectura es uno de los pocos placeres en que no sólo se beneficia el que lo disfrute, sino que se benefician los que están relación con él.
  2. Leer mejora nuestro uso del idioma. Al leer buena literatura, el lector se expone al bueno uso del vocabulario y de las expresiones. Se aprende lo que “suena bien” y lo que “suena mal” e inconscientemente va asimilando e imitando lo que lee.
  3. Leer extiende nuestros horizontes. Por la lectura podemos conocer los hombres y mujeres del pasado y podemos explorar lugares y culturas lejanas. De algún modo empezamos a comprender más las experiencias de otras personas y desarrollar el aprecio y la empatía por los cuya vida es distinta a la nuestra.
  4. Leer nos aumenta la sabiduría. Todos tenemos que crecer; todos tenemos que aprender. A través de la lectura y la reflexión sobre lo que leemos crecemos en sabiduría. Poco a poco, semana a semana, mes a mes, año a año, el lector perspicaz va distinguiendo entre el bien y el mal, lo que funciona y lo que no funciona. Eventualmente se convierte en algo parecido al maestro que el Señor Jesús describió:—Cuando un maestro de la ley se instruye acerca del reino de los cielos, se parece al dueño de una casa, que de lo que tiene guardado sabe sacar cosas nuevas y cosas viejas. (S. Mateo 19:52).

Si quiere predicar, por favor, dedíquese a leer y a leer mucho.

Durante estos días de témporas, oremos todos por los ministros de la Iglesia, especialmente los predicadores.


jueves, 28 de enero de 2016

Santo Tomás de Aquino, un amigo de mi infancia



Hoy conmemoramos uno de los pocos candidatos para ser el mejor teólogo de todos los tiempos—Santo Tomás de Aquino. Este fraile dominico con su curiosidad intelectual, perspicacia y claridad de argumento  me ha inspirado casi desde que tengo memoria.  Me acuerdo de los veranos de mi niñez cuando bajaba del librero de mi abuelo  los dos gigantes tomos forrados de cuero con "Summa Theologiae" marcado en letras doradas. Los abría para leer los pensamientos del “doctor angelical” sobre cualquier tema casi al azar.



 ¡Cómo me fascinaban las preguntas!
--¿Es o no es necesaria la doctrina sagrada?
--¿Puede o no puede exponer textos de la Sagrada Escritura en varios sentidos?
--¿Era conveniente que Dios se encarnase?
--¿Era necesario para la redención del género humano?
--¿Qué es un sacramento?
Pensándolo bien, no creo que haya entendido todas respuestas que dio el santo, pero  diría que aprendí con Sto. Tomás que las preguntas teológicas son válidas y que para respuestas hay que estudiar y escrudiñar a las Sagradas Escrituras y pensar muy bien.  Doy gracias a Dios por proveerme tan buen maestro.

viernes, 5 de junio de 2015

“Escena familiar: ¿Defecto genético o virus mental?”


“Escena familiar: ¿Defecto genético o virus mental?”
En mi casa sufrimos de un fuerte mal de familia. Describo lo que suele pasar en cualquier día y en cualquier hora en nuestro hogar:
¿Será mi casa?
Desde el sofá o la silla, en el silencio de la casa,  levanto mi cabeza, miro al frente y veo a mi amada esposa. Con libro en mano está leyendo.  Giro la cabeza, mirando al lado y veo a mi hija, la niña de mis ojos. Está leyendo y tomando notas para su blog.  Sólo bajo la cabeza para confirmar que yo también, con texto en mano, padezco del mismo mal. Lo peor es que para este mal no hay remedio.

viernes, 20 de marzo de 2015

La Guerrera de los Libros, Parte 2: ¡A la Batalla!

La Guerrera de los Libros con medalla en mano

Hace poco les hablé de la Guerrera de los Libros y su determinada pasión por leer y estudiar. Y les conté que estuvo metida en el rollo de adiestrarse para una campaña reñida y difícil contra los combatientes lectores de otras escuelas primarias de nuestro sector de Virginia.

Contra nervios e insomnio la Guerrera, al lado de sus compañeros escolares, marchó al campo de encuentro con sus opositores. Tras un sinnúmero de preguntas— algunas fáciles, otras filudas— juntos pelearon en la batalla de los libros.

 
Hicieron muy bien. La noble Guerrera hizo su parte y con mucho orgullo y complacencia el equipo de los entregados lectores recibió la medalla de cinta roja, el mayor logro siendo la satisfacción de una labor bien hecha.

 ¡Felicidades, intrépida Guerrera! ¡Felicidades equipo escolar! Que siga la lectura. Que sigan el estudio y el esmero. Pues de estos dos vienen el éxito y la victoria.