Mostrando entradas con la etiqueta coptico. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta coptico. Mostrar todas las entradas

viernes, 9 de octubre de 2015

Acuerdo Cristológico entre la Comunión Anglicana y las Iglesias Ortodoxas Orientales



Miembros de la Comisión Internacional Anglicana-Ortodoxa Oriental, 
Catedral de San Asaph,  Gales, crédito a Nathanael Ramanaden
Noticia Ecuménica: Acuerdo Cristológico entre la Comunión Anglicana y las Iglesias Ortodoxas Orientales
Esta semana la Comisón Internacional Anglicana-Ortodoxa Oriental publicó un acuerdo sobre la Cristología, así subsanando una de las divisiones más antiguas del cristianismo histórico con el texto que empieza:
Confesamos que nuestro Señor, Dios y Salvador Jesucristo es el Unigénito Hijo de Dios que se encarnó y se hizo hombre por nosotros y por nuestra salvación. Creemos en Dios el Hijo Encarnado, perfecto en su divinidad y perfecto en su humanidad, consubstancial con su Padre según su divinidad y consubstancial con nosotros según su humanidad, porque una unión se hizo de sus dos naturalezas. Por tal razón confesamos un solo Cristo, un solo Hijo, un solo Señor.  
La separación entre las iglesias ortodoxas orientales, es decir las iglesias cópticas, armenias y siríacas,  y las iglesias de Grecia y del occidente se dio en el siglo V por desacuerdo sobre el lenguaje teológico usado para describir la divinidad y la humanidad de Jesucristo en el Concilio de Calcedonia en el año 451 d.C.
El acuerdo viene tras varios años de diálogo y estudio de las obras del padre de la Iglesia  san Cirilo de Alejandría y del teólogo anglicano Richard Hooker y de los Artículos de Religión.  Los dos grupos afirmaron la fórmula cristológica común que dice que en Jesucristo la totalidad de la divinidad y la totalidad de la humanidad están unidas en una sola persona para siempre, sin confusión, sin cambio, sin división y sin separación de su persona y reconocieron la integridad de las expresiones teológicas de ambos grupos al hablar de las dos naturalezas de Cristo, de parte de los anglicanos, y de afirmar la sola naturaleza encarnada de Cristo, de parte los ortodoxos orientales.   También rechazaron mutuamente las antiguas herejías de nestorianismo y eutiquismo, doctrinas que enseñaron respectivamente que Cristo era realmente dos personas y que Cristo era una sola persona con una naturaleza mezclada.  

El texto complete está disponbile en inglés aquí.

viernes, 24 de abril de 2015

Pensando en los mártires

En los días más recientes he pensado bastante en los mártires cristianos por varios motivos. Primero, acabamos de celebrar el día de San Jorge (el que luchó contra el dragón) que es uno de los mártires más amados de la antigüedad.  Todavía es el santo de devoción más popular entre los creyentes de medio oriente. Segundo, este sábado se conmemora a San Marcos, evangelista y mártir, que según la tradición fundó la Iglesia Ortodoxa Cóptica de Egipto, cuyos papas se designan “sucesores de San Marcos” como los de Roma se designan “sucesores de San Pedro”.  
La Iglesia Cóptica ha sido iglesia de mártires por toda su historia, primero bajo dominio romano y después bajo dominio del califato islámico. Sigue en tal condición hoy por su testimonio vivo frente a la invasión jihadista de los extremistas de ISIS y grupos relacionados.  Hace unas semanas veintiuno cristianos cópticos de Egipto fueron martirizados en las playas de Libia. Hace pocos días el mundo se dio cuenta que veintiocho cristianos cópticos de Etiopía recibieron la misma condena por su fe en Jesucristo. Prefieron dar su vida que negar a su Señor.

El tercer motivo que me mueve a pensar en los mártires es que hace un siglo el gobierno  otomán de Turquía asesinó a 1,000,000 de cristianos armenios por confesar a Jesucristo como Señor, el primer genocidio del siglo veinte. Cuando hombres violentos persiguen a nuestros hermanos en el Señor para imponer sus creencias,  es terrible. Es trágico y condenable. Nuestro consuelo constante es que Dios nunca se olvidará de sus fieles y les dará la victoria final y la justicia de su amor—

Después vi una multitud enorme, que nadie podía contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua: estaban delante del trono y del Cordero, vestidos con túnicas blancas y con palmas en la mano. Gritaban con voz potente: La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero. Todos los ángeles se habían puesto en pie alrededor del trono, de los ancianos y de los cuatro vivientes. Se inclinaron con el rostro en tierra delante del trono y adoraron a Dios diciendo: Amén. Alabanza y gloria, sabiduría y acción de gracias, honor y fuerza y poder a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén.
Uno de los ancianos se dirigió a mí y me preguntó: Los que llevan vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde vienen? Contesté: Tú lo sabes, señor. Me dijo: Éstos son los que han salido de la gran tribulación, han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero. Por eso están ante el trono de Dios, le dan culto día y noche en su templo, y el que se sienta en el trono habita entre ellos. No pasarán hambre ni sed, no les hará daño el sol ni el calor los molestará, porque el Cordero que está en el trono los apacentará y los guiará a fuentes de agua viva. Y Dios secará las lágrimas de sus ojos.  (Apocalipsis 7:9-17)