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lunes, 20 de abril de 2015

El Evangelio de Ayer: ¡Qué Hambre!

El Evangelio para el Tercer Domingo de Pascua se encuentra entre los que sí dan hambre al lector:

Estaban hablando de estas cosas, cuando Jesús se presentó en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros.»  Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu.  Pero él les dijo: «¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón?  Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como véis que yo tengo.»  Y, diciendo esto, los mostró las manos y los pies.  Como ellos no acabasen de creerlo a causa de la alegría y estuviesen asombrados, les dijo: «¿Tenéis aquí algo de comer?»  Ellos le ofrecieron parte de un pez asado.  Lo tomó y comió delante de ellos.  (San Lucas 24:36-43)
A los que tenemos buen diente, la lectura da mucha esperanza, pues si el Señor resucitado comía tan rico, también nosotros lo haremos en la resurrección y el mundo venidero. ¿Por qué? Porque al igual dice la Escritura: Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es (1  Juan 3:2).  Es decir que todavía podemos esperar comer pescado frito con tajadas en el cielo con el Señor. ¡Qué rico!




miércoles, 3 de diciembre de 2014

Los santos de diciembre

San Ambrosio de Milán, Obispo
Los santos conmemorados durante este mes de diciembre, especialmente en los primeros días del mes, son excepcionales. Pienso en el benéfico  San Nicolás, en los teólogos y músicos San Ambrosio y San Agustín, en Santa Lucía, en la Virgen de Guadelupe y un montón de santos cuyos nombres sólo se conocen por los antiguos santorales. Nos enseñan cuán grande es vivir (y morir) cerca de Dios. Es como si Dios decidiera alumbrar la oscuridad del frío invierno con el calor y la luz de sus amigos y me hace recordar a un texto del Apóstol Pablo--
Santa Lucía, Virgen y Martir
Así seréis fortalecidos con toda la fuerza propia de su glorioso poder para tener en todo paciencia y longanimidad, con alegría, dando gracias al Padre, que os hizo dignos de participar en la herencia de los santos en la luz. Él nos arrebató del poder de las tinieblas y nos trasladó al reino del Hijo de su amor,en quien tenemos la redención, el perdón de los pecados. (Colosenses 1:11-14)
 
Los cristianos no tenemos por qué temer a la oscuridad de este mundo porque en Cristo Dios está de nuestro lado con su amor y su gracia. Él ha enviado a su Hijo al mundo para que no nos perdamos y con cado uno de sus santos nos recuerda que su bondad perdura en generación tras generación para los que confían en él. 






lunes, 27 de mayo de 2013

La Trinidad: Dios es Amor

Ayer fue el Domingo de la Santísima Trinidad. Es un tema del que a los predicadores les cuesta sacar provecho.  Parece demasiado filosófico y abstracto. Nada práctico. El lío se descubre cuando uno se dé cuenta de cómo nuestra idea de Dios afecta a todo. Si pienso que Dios es vengativo, quizás yo también seré vengativo. Si pienso que Dios es muy lejano y que no le interesamos los seres humanos, pues tampoco me interesará él.  Pero si entiendo que Dios por naturaleza es amor, que me hizo con su amor y desea que viva en su amor, quizás intentaré vivir con amor hacia los demás.
La doctrina de la Trinidad (que Dios es Tres y Dios es Uno) nos enseña que por naturaleza, por esencia, Dios es amor porque existe desde toda la eternidad en una relación de amor entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; y este amor es lo que ha provocado la Creación y la Redención de la humanidad y que ha sido derramado en nuestros corazones por la gracia de Dios.
Es decir que la Trinidad nos recuerda lo que San Juan dijo de forma muy sencilla—Dios es amor.
Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído en él. Dios es Amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él. (1ra Juan 4:16)