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miércoles, 25 de enero de 2017

Conversión de San Pablo

Hoy la Iglesia propone la conmemoración del momento en que Saulo de Tarso se convirtió en San Pablo, Apóstol. Es una historia que se cuenta tres veces en los Hechos de los Apóstoles (capítulos 9, 22; 26). Es así de importante que se tenía que repetir tanto.

Me acuerdo de cuándo me di cuenta de la grandeza de Pablo. Fue cuando comencé a leer un libro que unos amigos me regalaron cuando mi familia se trasladó a otro lado del país. El libro se titulaba “Los 100” y describía a las cien personas más importantes de la historia. Lo chocante y lo que me abrió los ojos para admirar a San Pablo fue la nota del autor en que decía que había repensado el orden de sus biografías porque entre las ediciones se dio cuenta que el apóstol no sólo era el autor de la mayoría del Nuevo Testamento y el fundador de las iglesias más antiguas que han sobrevivido hasta ahora, pero también fue el primer teólogo y filósofo cristiano.

No se puede hacer ni teología ni filosofía en serio sin tomar en cuenta el pensamiento paulino. Ha afectado a todo. Aún si nos limitamos al campo religioso, podemos ver un sin número de santos cuyas vidas fueron cambiadas totalmente por escuchar o leer sus epístolas. Su influencia es tremenda. Mejor dicho todavía—en todas las épocas desde que sirvió al Señor en la tierra, Dios ha usado a San Pablo como instrumento para traer hombres y mujeres a conocer, amar y servir a su Hijo Jesucristo. Ésta es la meta de todo creyente, que Dios pueda usarlo para llevar otros a Cristo.

Por tanto, la conversión de Pablo no solamente marcó un cambio profundo en el joven religioso, sino marcó un cambio dramático para la historia del mundo.

[publicado originalmente 26-01-15 y adaptado 2017]

martes, 2 de febrero de 2016

La Presentación del Señor y un Canto Judío


He aquí que yo envío a mi mensajero a allanar el camino delante de mí, y enseguida vendrá a su Templo el Señor a quien vosotros buscáis; y el Angel de la alianza, que vosotros deseáis, he aquí que viene, dice Yahveh Sebaot.(Malaquías 3:1)

La Fiesta de la Presentación de Cristo en el Templo, o de la Purificación de la Virgen, es la misma fiesta de la Candelaria. Es la celebración de la luz de Dios y por tanto en la edad media (si no antes) se desarrolló la costumbre de bendecir las velas para usar en las iglesias en este día.  Este simbolismo comunica bien que Cristo es la luz verdadera que con su llegada iluminó al pueblo fiel y al mundo entero, tal como explica el anciano profeta Simeón:
Ahora despides, Señor,  a tu siervo, conforme a tu palabra en paz porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has aparejado en presencia de todos los pueblos; luz para ser revelada a los Gentiles y la gloria de tu pueblo Israel. (San Lucas 2:29-32)
La esperanza de Simeón al recibir el Santo Niño es sus brazos fue semejante a la esperanza expresada en el himno judío para el Janucá que se llama Ma’oz Tzur Yeshu’ati, “Mi refugio, mi roca de la Salvación”. (Doy gracias al amigo que me lo mostró esta mañana.) El canto cuenta cómo Dios había liberado al pueblo fiel en varias ocasiones y cómo todavía esperaba por la salvación definitiva.

Mi refugio, mi roca de salvación, es agradable cantar tus alabanzas.
Que se restaure nuestra casa de oración y te ofrecemos gracias.
Cuando hayas destruido el enemigo ladrante,
Entonces celebraremos con cantos salmos la dedicación de tu altar.

Mi alma se llenó de miseria y se gastó mi fuerza por el dolor.
Me amargaron la vida con dificultad cuando me esclavizaron en Egipto.

Pero Dios con brazo poderoso sacó a su pueblo atesorado
Mientras el ejército del faraón se hundió  como una piedra al mar.

Oh muéstranos tu santo brazo y apresura el tiempo de nuestra salvación.
Toma venganza de la nación malvada en favor de tus siervos fieles.
Pues nuestro rescate se demora mucho y días crueles se ven interminables.
Arroja el enemigo a las sombras y levanta para nosotros los pastores prometidos.



Para nosotros los cristianos es interesante ver la manera  en que el nombre de Jesús (Yeshua) refleja muy bien su misión de redimir al mundo, pues él es nuestra luz y nuestra salvación. Cristo es el que viene a rescatar a Israel. Es Cristo el que eliminó el nombre del enemigo con su muerte en la cruz y que libera de la sombra de muerte a los que confíamos en él. Él es el pastor definitivo de su pueblo y el salvador de todas las naciones.   

OMNIPOTENTE y Eterno Dios, humildemente suplicamos a tu Majestad, que, como tu unigénito Hijo fué en un tiempo como éste presentado en el templo en la substancia de nuestra carne, así seamos presentados a ti con corazones puros y limpios; por el mismo tu Hijo Jesucristo nuestro Señor. Amén.