
Lo que Pedro tuvo que aprender es que los momentos gloriosos en que sentimos
fuertemente la presencia de Dios casi siempre son para capacitarnos para
enfrentar los momentos más difíciles de nuestra vida. Jesús no llevó los discípulos
a la montaña para quedarse sino para darles fortaleza. Los llevó a orar porque
sabía que el camino delante de ellos sería muy duro, pues era el camino hacia
la cruz.
Las Lecturas para el Último Domingo después de Epifanía son Éxodo 24:12-18;
Salmo 2 (ó 99); 2 Pedro 1:16-21; San Mateo 17:1-9.
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