martes, 16 de enero de 2018

Reflexión Bíblica para la Segunda Semana después de Epifanía (2018)

Esta semana, con las historias del joven Samuel y del llamamiento de los primeros discípulos, el Señor nos receta una serie de acciones para crecer en nuestra vida espiritual: Escuchar, seguir y ver.
Cristo llama a Felipe y Natanael
Escuchar. La historia de Samuel describe cómo Dios llamó al niño para que fuese profeta y vocero del mensaje divino; sin embargo, Samuel no esperaba que Dios  le hablara. No reconocía la voz de Dios. Requirió que su mentor le enseñara a escuchar con atención al Señor de Israel.  Hoy en día también nosotros tenemos que aprender a escuchar a la voz del Señor que nos llama. Debemos aprender a prestar atención a su palabra como la encontramos en la oración y en el estudio de las Sagradas Escrituras.
Seguir. En el evangelio según San Juan, Jesús llama a Felipe, diciendo, “Sígueme.” Igualmente, nosotros debemos aceptar esta invitación y seguir a Jesucristo si queremos crecer espiritualmente. Seguir a Cristo da propósito y destino a nuestra vida para que no andemos como ovejas perdidas porque él es nuestro Buen Pastor que nos protege y guía. Siguiendo a Cristo vemos que no existe razón de tener miedo—ni siquiera de la muerte—porque nos ha precedido en todo para abrirnos el camino a la vida eterna.
Ver. Jesús invita a los discípulos a ver dónde vive y qué hace y les dice que verán cosas todavía más grandes. Nos enseña que debemos aprender a abrir los ojos y ver. Tenemos que aprender a ver lo que Dios está haciendo en nuestras vidas y en el mundo que nos rodea.  Dios siempre está en acción, pero muchas veces no nos damos cuenta porque no esperamos verlo. Cristo nos enseña que debemos estar a la expectativa de ver a Dios y esperar que se manifieste.
Las lecturas para el Segundo Domingo después de Epifanía (2018) son 1 Samuel 3:1-10 (11-20); Salmo 139:1-5,12-17; 1 Corintios 6:12-20; San Juan 1:43-51.
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martes, 9 de enero de 2018

Reflexión Bíblica para la Primera Semana después de Epifanía (2018)


Y se oyó una voz del cielo, que decía: "Tú eres mi Hijo amado, a quien he elegido” (S. Marcos 1:11)


En la imaginación popular el significado de la Epifanía del Señor (o la Manifestación de Cristo a los Gentiles) ha sido dominado por la visita de los “reyes magos” con sus obsequios de oro, incienso y mirra mencionados en S. Mateo 2. Sin embargo, hasta la edad media y de cierto modo hasta los cambios del siglo XX, los textos litúrgicos daban énfasis a tres eventos conmemorados como manifestaciones de la identidad de Cristo: la Visita de los sabios del oriente, el Bautismo del Señor y su Primer Milagro en las bodas de Caná.
Celebrar el Bautismo del Señor en el primer domingo después del 06 de enero nos incentiva a no perder de vista que la Epifanía no sólo nos enseña quién es el niño Jesús sino también nos revela quién es el hombre Jesús. Este año escuchamos el relato compacto de San Marcos sobre el  bautismo de Jesús en el río Jordán. 
El evangelista nos dice que el Señor se presenta a Juan el Bautista como cualquier otro, como una persona normal, para ser bautizado. Dentro de esta normalidad humana se manifiesta la verdadera identidad de Jesús. ¡Es el Ungido por el Espíritu y el Hijo amado del Padre! Es el Mesías tan deseado por el pueblo de Dios que se solidariza con la humanidad. Jesús es bautizado para mostrarnos que como hombre está unido al pueblo que quiere redimir de sus pecados y para hacerle volver a Dios, según la proclamación de Juan.
Debemos acordarnos que Cristo se manifiesta también en nuestra vida diaria. Podemos hablar con él en nuestras oraciones, podemos escuchar su voz al leer las Escrituras y podemos ver cómo se hace solidario con nosotros tanto en los momentos gratos como en los difíciles.
Las Lecturas para la Fiesta del Bautismo del Señor (2018) son Génesis 1:1-5; Salmo 29; Hechos 19:1-7; San Marcos 1:4-11.

       

martes, 2 de enero de 2018

Reflexión Bíblica para el Tiempo Navideño

Y a todos los que lo recibieron, a los que creyeron en él, les dio el poder de convertirse en hijos de Dios. (S. Juan 1:12)

Cuando pensamos en los textos bíblicos relacionados con el nacimiento de Jesucristo, casi siempre pensamos en el relato de Lucas 2 que nos ubica en Belén y que nos habla del mesón, de María y José y de los pastores y los ángeles. Creo que es la historia que todos conocemos porque este evangelista nos lo cuenta de manera concreta y viva, y es el texto que escuchamos durante las misas de Nochebuena.
Sin embargo, históricamente el texto evangélico más leído durante la Navidad ha sido el Prólogo de San Juan (1:1-18). Este texto nos remota al “principio” y a la creación del universo por el Verbo de Dios, el Verbo activo sobre el mundo y dentro del mundo, alumbrando el mundo, pero a la vez rechazado por el mundo. El lector se da cuenta que este Verbo persiste en llegar a la humanidad a pesar de la terquedad humana; y con la primera lectura es fácil enredarse en el movimiento de las palabras, pero todo se aclara con el punto culminante: Y el Verbo se hizo carne y vivió entre nosotros (1:14). El Verbo, la Palabra de Dios, nació un hombre entre los hombres.
Algo que distingue el texto de Juan del texto de Lucas (o de Mateo) es que Juan nos explica el porqué de la Navidad. El texto nos enseña que Jesús nació para que nosotros los seres humanos podamos llegar a ser hijos de Dios, no porque lo merecemos, ni siquiera porque lo queremos, sino porque Dios así lo quiere en su gracia y su misericordia. Es un testimonio tremendo del amor de Dios.
Las lecturas para el Primer Domingo después de Navidad (2018) son Isaías 61:10-62:3; Salmo 147; Gálatas 3:23-25, 4:4-7; San Juan 1:1-18.


miércoles, 20 de diciembre de 2017

Reflexión para la Tercera Semana de Adviento

Esta semana en lugar de la acostumbrada reflexión bíblica quiero compartir un artículo (en dos partes) que escribí hace unos años sobre las famosas antífonas "O" de los últimos días de Adviento. En su vez éstas son la base del himno "Oh Ven Emanuel".

Lo que hace que estas antífonas sean tan relevantes es su profundidad bíblica en forma compacta, pues claman al Señor, cada una llamándole por uno de los títulos mesiánicos encontrados entre las profecías del Antiguo Testamento. Sirven tanto para la meditación privada como para el culto público de los cristianos.


Que Dios les bendiga a todos durante lo que nos queda del Adviento para podamos celebrar debidamente el Nacimiento de Nuestro Señor.

Las Lecturas para el Tercer Domingo de Adviento (2017) son Isaías 61:1-4,8-11; Salmo 126 (o el Cántico de María); 1 Tesalonicenses 5:16-24; San Juan 1:6-8,19-28. 



viernes, 15 de diciembre de 2017

María con Cristo para el Adviento y la Navidad

El Adviento y la Navidad son momentos en que hasta la gente menos mariana habla de la Virgen María. Es algo natural, pues María es integral a los hechos e imposible es evitar el vínculo entre ella y el Señor Jesús a la hora de contar la historia del nacimiento de Cristo. Diría yo que también es un momento cuando se puede ver la Virgen desde la mejor perspectiva, como mujer fiel, creyente y unida a Cristo.  (La Crucifixión es otro momento así.)

¿Cuántos sermones se podrían predicar sobre la Madre del Señor, la Madre de Dios Encarnado, viendo en ella el ejemplo supremo de devoción y fidelidad a Cristo? Por eso he predicado varias veces y he dirigido retiros hablando de las maravillas de la Virgen María y seguiré haciéndolo , pues me encanta hablar de María—pero siempre en relación a Cristo, nunca sola.

También me interesa el tema de María en el arte.  Desde pequeño me han fascinado las imágenes de la Virgen. ¡Qué gusto cuando por fin pude estudiarlas en los museos e iglesias de Europa! Pero descubrí que no todas las figuras de María tenían el mismo efecto que la de mi infancia que cantaba “Noche de paz”. La verdad es que no me gustaban mucho las imágenes de la Virgen en que aparecía sin el Niño Jesús. Se veían extrañas porque no mostraban su verdadera gloria.  Casi daban a entender que María tenía una grandeza independiente; fue algo muy raro para mí, algo fuera de equilibrio. Era como que no mostraban la verdadera María, la María, llena de la gracia de Dios, que cantó al Señor: Desde ahora todas las generaciones me llamarán dichosa, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí y su Nombre es Santo. (Lucas 1:48,49)

La grandeza y la gloria de María son dones del Señor, son la gracia sobreabundante que Dios imparte a los que creen en su misericordia, y reflejan la grandeza y la gloria de Cristo, al igual que la luna, cuya hermosura es la reflexión del sol radiante. Sin el sol, la luna no alumbra. María sin Jesús no es la misma que nuestra fe conoce. La imagen de María más semejante a la verdad es la de la Virgen gloriosa, iluminada por la luz de Cristo su hijo, cual sol del alma.
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martes, 12 de diciembre de 2017

Reflexión Bíblica para la Segunda Semana de Adviento (2017)

Consuelen, consuelen a mi pueblo, dice su Dios…Como pastor que apacienta el rebaño, su brazo lo reúne, toma en brazos los corderos y hace recostar a las madres. (Isaías 40:1,11)
Principio de las Buenas Nuevas de Jesús el Mesías, el Hijo de Dios. (S. Marcos 1:1)
El mensaje del Adviento siempre es buena noticia: Dios nos manda a anunciar que el Señor viene a reinar, es decir que viene para consolar a su pueblo y a apacentar su rebaño. Lo hará como el pastor que tiende a sus corderos, defendiéndolos de sus enemigos y trayéndoles justicia y paz.  Por eso, se leen las profecías de Isaías  durante esta época. Cada año al prepararnos para la Navidad escuchamos estas promesas de Dios que siempre se cumplen, pues Se seca la hierba, marchita la flor, pero la Palabra de nuestro Dios se cumple siempre (Is. 1:8).  
El evangelista Marcos, en las palabras de Isaías y de Juan el Bautista, anuncia la llegada de aquel que vino y vendrá a cumplir las promesas: Jesús el Mesías, el Cristo, el Hijo de Dios que nos bautizará con el Espíritu Santo y que nos hará dignos de participar en su reino.
Durante lo que queda del Adviento compartamos este anuncio esperanzador del profeta y consolemos al pueblo de nuestro Dios, diciendo: ¡El Señor viene a reinar! ¡Ven Señor Jesús!
Las lecturas para el Segundo Domingo de Adviento (2017) son Isaías 40:1-11; Salmo 85:1-2,8-13; 2 Peter 3:8-15a; San Marcos 1:1-8. 

martes, 5 de diciembre de 2017

Reflexión Bíblica para la Primera Semana de Adviento (2017)

Oh Dios de los Ejércitos, restáuranos; * haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos. (Salmo 80:3)

Ya empezó el  Adviento y ya comenzamos otro año litúrgico. Muchos ya prendimos la primera vela de la corona para iniciar el conteo de los domingos hasta llegar a la Natividad de Cristo. 
Aunque según  mi criterio esta época es posiblemente la mejor del año cristiano, es una joya que fácilmente se pierde por las muchas distracciones de la Navidad anticipada que vivimos en nuestra sociedad comercial: el envío de tarjetas, la compra de regalos y la selección de la ropa para cada ocasión. No estoy en contra de las celebraciones navideñas, pero todas las actividades festivas, las responsabilidades sociales y otros compromisos parecen llenar los horarios y calendarios a tal punto que se nos olvida que se propone el Adviento como tiempo de preparación espiritual.  Es tiempo para orar, para leer la Biblia y para practicar el perdón y la caridad.  Es una época, similar a la Cuaresma, para examinar nuestras vidas,  para reflexionar sobre la venida de Jesucristo y para arrepentirnos de nuestros pecados, pues dice el Señor: Mirad, velad y orad...(S. Marcos 13:33) 
Las oraciones más antiguas asociadas con el Adviento piden al Señor que envíe al Espíritu Santo a nuestros corazones para purificarlos y prepararle allí un lugar santo para su habitación eterna.  Es así, con la ayuda de Dios, que podemos disfrutar el verdadero regalo de la Navidad: el nacimiento del Verbo Encarnado.
Las lecturas para el Primer Domingo de Adviento (2017) son Isaías 64:1-9; Salmo 80:1-7,16-18; 1 Corintios 1:3-9; San Marcos 13:24-37.
 Dios todopoderoso, danos gracia para despojarnos de las obras de las tinieblas y revestirnos con las armas de la luz, ahora en esta vida mortal, en la cual Jesucristo tu Hijo, con gran humildad, vino a visitarnos; a fin de que en el día postrero, cuando vuelva con majestad gloriosa a juzgar a vivos y muertos, resucitemos a la vida inmortal; mediante él, quien vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y por siempre. Amén. (Colecta para Adviento I, LOC 125)