miércoles, 7 de febrero de 2018

Reflexión Bíblica para la Quinta Semana después de Epifanía (2018)

La Suegra de Simón Pedro es una de las numerosas mujeres intrigantes del Nuevo Testamento. Sabemos muy poco de ella; de hecho, ni siquiera sabemos cuál era su nombre (por eso uso “Suegra” así con mayúscula para convertirlo en nombre propio). Aparte de las acciones que describe el evangelista, sólo la conocemos por su relación suegra-yerno con Pedro. Sin embargo, lo poco que cuenta el evangelio nos puede enseñar bastante.
Creo que la Suegra de Pedro debe ser un modelo de la vida cristiana por tres razones:
Primero, la Suegra de Pedro confió en Jesús, dejándole orar por ella e imponerle sus manos. Tuvo fe en el Señor, lo que es esencial para cualquier cristiano. Sin la fe y sin dejar que Dios transforme nuestras vidas no podemos esperar crecer.  
Segundo, fue agradecida por los Jesús hizo con ella. Aunque el texto de Marcos no lo dice directamente, la Suegra de Pedro agradeció al Señor, pues se puso a atenderle y a los demás en la casa.  Entendió que servir es agradecer y compartió sus bendiciones con otros.
Tercero, dio testimonio. A la hora de atender a Jesús estaba dando testimonio de su sanación y del poder del Señor y otras personas lo vieron. Tanto corrió este testimonio que el texto bíblico cuenta que todo el pueblo se reunió afuera de  su casa  con la esperanza de que Jesús hiciera lo mismo por ellos.
Creyendo en el poder de Dios, sirviendo a los demás con gratitud y dando testimonio de las bendiciones del Señor viviremos una vida más plena que glorifica y honra a Cristo.
Las lecturas para el Quinto Domingo después de Epifanía (2018) son Isaías 40:21-31; Salmo 147:1-12, 21c; 1 Corintios 9:16-23; San Marcos 1:29-39.


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